Relación de Michoacán
TERCERA PARTE XVIII. Razonamiento del Papa y sacerdote mayor y del presente que traían al cazonci nuevo. |
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«Caciques e señores que estáis aquí, ya habemos traído y metido en su casa al rey. ¿Cómo había de estar desamparada esta casa y oscura como niebla o anublada? Perdimos a nuestro señor Fulano que murió; agora habemos metido en su casa al que dejó ques su hijo. Esta costumbre nos vino de muchos tiempos ha, de los reyes, que hubiese aquí mucho humo» que es, según su manera de decir y quiere decir, que estando los señores en casa, ponen mucha leña en los hogares y se levanta mucho humo, lo cual no es ansí muriendo, que todo está desierto y oscuro como niebla, por eso decía que era costumbre que hobiese mucho humo, que ansí tienen ellos sus casas humosas, porque no se les pudra la paja. Decía más en su razonamiento aquel sacerdote: «Pues vosotros caciques que estáis aquí de todas las partes, no nos apartemos dél, ayudémosle en los cargos que tenemos a tener y esperar sus mandamientos en vuestros pueblos para la leña que os mandare traer para los cúes de la madre Cuerauáperi y de los dioses celestes engendradores, y los dioses de las cuatro partes del mundo, y los dioses de la mano derecha y de la mano izquierda, con todos los demás, con el dios del infierno; que él ha de tener cargo en nombre de Curicaueri y sus hermanos, y la diosa Xarátanga, de hablar sobre esta leña. Mirá caciques que no le quebréis nada desto, mas estad apercibidos cuando os lo hiciere saber, porque el rey ha de despedir la gente de guerra con la leña que se pondrá en los fuegos, para oración y rogativa a los dioses que nos ayuden en las guerras, y no solamente para esto es el rey que agora tenemos, mas para otras muchas cosas: para todos los trabajos que mandare en que entendamos y los tinientes y gobernadores de los caciques, cuando ellos no estuvieren en los pueblos, atiendan y esperen lo que les inviare a madar el rey, y que no será una sola cosa, sino muchas. Sea esto ansí, como se os ha dicho, caciques, y no os apartéis del rey, mas sed obidientes, y vosotros, senores de Mechuacán y de Cuyacan y de Pátzcuaro, y caciques del medio de la provincia, estad todos aparejados para obedecer y ahora íos todos, señores, a vuestras casas. Ya habéis visto cómo nos queda rey, que yo le he metido en esta casa; id alegres y contentos a vuestros pueblos.» Acabado su razonamiento asentábase, y levantábase en pie otro señor muy principal, que debía de ser su gobernador, y tornaba amonestar a todos los señores y caciques que obedeciesen al cazonci, y que estuviesen apercibidos para lo que les inviase a mandar, y que no le traspasase ninguno, que por eso era rey y estaba en lugar de su dios Curicaueri y asentábase y estaban todo un día los señores haciendo sus razonamientos a la gente que obedeciesen al cazonci nuevo, todos aquellos señores que estaban puestos en las fronteras para pelear y retener sus enemigos, que avisasen y amonestasen a su gente por los pueblos, que fuesen obidientes al cazonci. Después que habían hablado todos aquellos señores, levantábase el cazonci nuevo y decía: «Ya, senores y caciques, habéis oído a nuestro agüelo, que era aquel sacerdote, sobre todos, ya le habéis oído, lo que yo le mandé decir: plega a los dioses que lo digáis de verdad, que seréis obidientes, y que no sea aquí no más. Ya me habéis traído aquí, y os obedecí en esto: Mirá que no quebréis la cuenta de la leña de los cúes: íos pues a vuestras casas y juntá vuestra gente en los pueblos y estando allá oiréis lo que os mandare: mirá que no quebréis nada desto, y que no sea ahora no más decir de sí, porque no libraré a ninguno de la muerte. Aparejaos a sufrir si fuéredes rebeldes; haceme a mí merced en esto que os digo; mirá que tenemos los escuadrones de guerra; si me quebráis alguno dellos, aparejaos a sufrir y vosotros, señores, que estáis en las fronteras, que tenéis gente de guerra, no quebréis ni traspaséis nada de lo que se os ha dicho; pues íos todos a vuestras casas.» Y desta manea quedaba por rey y hacía un convite general a toda la gente, y a la noche iba a su vela a la casa de los papas de Curicaueri y todos los caciques y señores y hacían la cerimonia de la guerra, echando encienso los sacerdotes a la media noche, con sus cirimonias. En amanesciendo, iba el mismo cazonci por leña para los cúes, y todos los señores y las espías de la guerra, y los sacerdotes que echaban encienso en los braseros, y los correos y los otros sacerdotes llamados curitiecha, y los alférez, que llevaban las banderas en las guerras y traían toda aquella leña a los fogones, y poníase el cazonci en un portal que estaba delante su casa, y asentábase en una silla, y tornaban todos los señores y caciques, y toda la otra gente, y tornaba hacelles otro convite general. Entonces toda la gente y caciques y señores, le llevaban sus presentes: mantas de Tierra Caliente, y algodón, otros hachas de cobre y esteras para las espaldas y frutas de Taximaroa, arcos, y ansí según tenía cada uno y despidíanse todos del cazonci, y ibanse a sus pueblos, donde habían venido, y juntaban su gente, y hacíanles saber del nuevo rey y amonestábanles que fueran obidientes. Y después, desde a poco, invivaba el cazonci los sacerdotes llamados curitiecha, para hacer traer leña para los cúes, y traían toda aquella leña la gente de los pueblos en diez días, y alzábanla en el patio grande de los cués, y el sacerdote llamado hirípati entraba en la casa de vela a su oración con los olores, como se contó hablando de la guerra, y hacía su sermón sobre aquella leña, como su dios Curicaueri lo había sido ordenado, y entraba ansí mismo el cazonci a su vela, y hacían la cirimonia de la guerra y al tercero día mandaba que fuesen a la guerra, y llamaba todos los señores de su linaje llamados uacúsecha, que son águilas, y juntábanse todos en la casa dicha del águila, dedicada a su dios Curicaueri, y decíales el cazonci nuevo: «¿Cómo habernos de tener con nosotros esta leña de los cúes, y las rajasque se han cortado y los olores que han echado los sacerdotes en los fuegos para las oraciones, y los sacrificadores? ¿hanse de perder todo esto? Pues han llamado la diosa Cuerauáperi y los dioses celestes y los dioses de las cuatro partes del mundo y el dios del infierno, y también lo he hecho saber a Curicaueri y a los señores sus hermanos, y a la diosa Xarátanga y a los dioses primogénitos, y a los dioses llamados Uirauanecha.» Y mandábales que fuesen a la guerra y deshacíase todo aquel ayuntamiento, y íbanse a sus casas y inviaba sus correos y mensajeros por todos los pueblos, que fuesen a la guerra, a todas las fronteras de sus enemigos. Y estaba dos días al cazonci en la cibdad y después decía que quería ir a casa, y ansí lo pensaban todos, que quería ir a alguna montería, y era que quería ir a alguna entrada. Iban con él, los sacerdotes que ponían el encienso en los braseros, y de la otra gente que habían quedado en la cibdad, y llevaba consigo las trompetas, diciendo que iba a montería y íbase derecho a una frontera que estaba cerca de sus enemigos, llamada Cuinao, y hacía allí una entrada de presto, y tomaba cien cativos o ciento y veinte y tornaba antes que viniese la gente que había inviado a la guerra, y después venían todos los señores y traían muchos cativos para sus sacrificios. Este era el principio de su reinado y quedaba entonces por señor asentado y rey, en lugar de su dios Curicaueri, y hacía sacrificio a sus dioses de aquellos cativos que habían traído de las entradas. Y hacia mercedes a todos aquellos que habían cativado esclavos, y casábase con todas aquellas mujeres que habián sido de su padre, y andando el tiempo, le metían en su casa otras hijas de caciques y señores.