Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XXII. Cómo Taríacuri avisó a sus sobrinos y les dijo cómo habían de ser señores y cómo había de ser todo un senorio y un reino por el poco servicio que hacían a los dioses los otros pueblos y por los agüeros que habían tenido. |
![]() |
Díjoles el viejo: «Si decís verdad que no queréis ir a las fiestas de mi hijo, oídme: Vosotros, señores, tres señores habéis de ser. Hirípan sería señor en una parte, y Tangáxoan en otra, y mi hijo menor llamado Hiquíngare en otra parte.» Y a la sazón, era sacrificador Hiquíngare, hijo de Taríacuri, y el viejo, asiéndoles de la oreja, les empezó a decir a sus sobrinos desta manera: «Buscá petacas en que habemos de echar las cosas, con las cuales fueron señores. No habrá ya más señores en los pueblos; mas todos morirán y estarán sus cuerpos echados por los herbazales.
¿Con quién tengo yo de hablar en el servicio de los dioses? Mirá esta laguna donde están los isleños. ¿Cómo los habemos de conquistar? ¿Es por ventura algún río y podrase acabar? ¿No veis que es tan gran laguna y tienen su asiento hecho? ¿Qué habemos de hacer con los isleños? Oídme lo que os dijere. Ya es muerto el señor de la isla, llamado Carícaten, y su hijo llamado Quata fue un poco señor. Aquél hace traer un poco de tiempo leña para los cúes, y murió y quedaron sus hijos llamados Cuynzurumu y Utume, y una hermana suya llamada Tzitzita. Ninguno destos isleños ha de ser señor. Ahí está Quata, mas no le obedecen y ahí está el señor de esotra isla de Pacandan, llamado Uarápeme, que ya murió su padre, llamado Zuangua y en Curínguaro ya es muerto el viejo Chánshori, y están allí sus hijos por señores, Candó Huresqua y otro llamado Sica y otros llamados Zinaquaui y Chapa. Todos éstos traen diferencias, sobre el señorío. Ninguno destos ha de ser señor: Todos estos morirán en la guerra, que uno dellos, llamado Chapa, una cosa me dijo de importancia: que era esclava su madre y no le obedecen por haber nacido de parte de esclava.» Y yo le dije: «Chapa ¿cómo no eres señor? Señor hermano, esclava es tu madre, mas tu padre señor era. Yo te quiero dar una parte de mi dios Curicaueri: a éste trairás leña del monte.» Decía en su tiempo esta gente, que los que habían de ser señores que habían de tener consigo a Curiacaueri, y que si no lo tenían que no podían ser señores. Y por eso le guardaban los señores, con mucho cuidado, y después sus hijos. Y como le dio, aquella parte de Curiacaueri, llevola y púsola en Tetepeo. Allí tomó muchos esclavos Curicaueri y trujo, en veces, doscientos esclavos Chapa de la guerra, y ansí fue ensanchando su señorío. Y de allí tomo a Curicaueri y llevole a un lugar llamado Arangnario, y de allí fue destruyendo Curicaueri hasta Tiripitío. Y sabiendo los de Curínguaro, diéronle una señora por mujer, y por esta causa partía los esclavos que tomaba en la guerra. Y tomando algunas veces cien esclavos, no traía más de cuarenta aquí, a Pátzquaro, y llevaba los otros sesenta, a Curínguaro. Y después empezó a traer no más de veinte esclavos, y después no más de cinco, que todos los llevaba a Curínguaro. Y otras veces tomando ciento, no traía más de uno solo, aquí a Pátzquaro, y todos los llevaba a Curínguaro. Y yo tornele a enviar su esclavo y díjele: «Chapa ¿por qué tienes soberbia? ¿Para qué traes no más deste esclavo? ¿Dónde los llevaste todos, que tú cien esclavos tomaste? ¿Tomáslos tú? ¿No está aquí el dios Curicaueri que los toma? Por hacerte merced, te di parte de Curicaueri. Tórnate a llevar tu esclavo; no lo haces sino porque te dieron en Curínguaro una señora, y por eso los partes los que tomas.» Aquí también sacrifican, y no se seca la sangre de los sacrificados, que de contino está reciente, porque de contino sacrificamos. Y como le envié su esclavo, temió, y tomó a Curicaueri y llevole a un monte llamado Tarechahoato, a un pueblo llamado Xenguaro, y allí tomo un buen pedazo de tierra Cuaricaueri que conquistó. Y de allí, llevole más adelante, a un lugar llamado Hucariquareo. Allí también conquistó otro pecado, donde están unos cúes, cerca de Yayangareo, en el camino de México, y de allí tornó a Curicaueri y llevole a Hetúquaro. Allí conquistó un pedazo de los otomíes que moraban por allí, y de allí llegó a tomar su asiento en el pueblo de Araró. Y como estuviese con él Curicaueri: Ya yo, hijos, estaba arrepiso, diciendo que no quisiera haber dado parte de Curicaueri, diciendo: ¿Cómo ha de ser rey, Chapa? Que ya le conoscen los dioses del cielo, y los dioses de las cuatro partes del mundo, y yo, ya pené que aquél había de ser rey, y por eso me había arrepentido. Ya hijos es muerto Chapa, y dejó los hijos siguientes: Hucaco, Hotzeti, Uacús-quatzita, Quanirescu, Quatamaripe, Xarácato. Todos estos son ahora, y traen contiendas entre sí sobre el señorío, y han partido los plumajes entre sí, y cada uno por sí, hace sus fiestas, y bailan todos un baile llamado tzitzique-uaraqua, y otro llamado Ariuen, y otro llamado Cherequa, y el sacerdote mayor, que estaba mayor, que estaba deputado sobre la leña de los fogones del dios del fuego, que tinía las insinias de sacerdote, una calabaza a las espaldas y una lanza en el hombro, que tinía la gente en cargo sobre sus espaldas, y era de su oficio no emborracharse, dejó todas sus insignias, la calabaza y la lanza, y la guirnalda de hilo que tenía en la cabeza, y las tenacetas del cuello, y saliose de las casas de los papas y metiose entre la otra gente [...] común y empieza a bailar, con ellos, aquel baile llamado tzitziqui-uaraqua. El sacrificador, considerando esto, él que tenía también ensinias de sacerdote, una calabaza a las espaldas, dejolo todo, y marchose con la otra gente a bailar el baile llamado tzitziqui-uaraqua. También el sacerdote llamado Thiuime, que estaba deputado sobre gran cosa, de llevar los dioses a cuestas, y estaba en el cu, que tañía la bocina en el cu a la media noche abajose del cu, y entrose entre la gente y empieza a bailar con ellos el dicho baile. Así mesmo las mujeres que estaban encerradas, deputadas para hacer ofrendas a los dioses, saliéronse todas de su encerramiento, y entráronse entre la otra gente, y empezaron a bailar el dicho baile, y ansí se hicieron todos unos y lleváronlas por ahí, y juntáronse con ellas. Esto todo se hacía allí en Hetúquaro, y no pasaron muchos días que las llevaron por diversas partes y casáronse con ellas, y cada una traía, desde ha poco tiempo, su hijo a las espaldas, en sus cunas y por esto que se hacía, por haber dejado el servicio de los dioses, tuvieron muchos agüeros, que en las casas salían espadañas y hierbas y hacían las abejas panares, en una noche sola, que a la mañana estaban colgadas en sus enjambres de las trojes, y empezaron los árboles [...] aun hasta los chiquitos de tener fruto que las ramas apesgaban hacia la tierra, y empezaron los maguéis, aun hasta los chiquitos, de echar en medio másteles largos, que parescían maderos, y empezaron hasta las mochachas pequeñas de empreñarse, que aun no habían dejado la niñez, y tenían ya las tetas grandes, como mujeres, por la preñez, y así niñas como eran, traían hijos a las espaldas en sus cunas, y empezaron las mujeres mayores de parir piedras de navajas, y no hacían sino parir navajas negras, y blancas, y coloradas, y amarillas, todo esto, parían y empezaron a hacer cúes por todas partes y estaban todos cercados de rajas de encina, y empezáronse a emborrachar, y llamaban las madres de la nube negra, madre de la nuble blanca, y, otra madre de la nube amarilla, y otra madre de la nube colorada. Y estaban todos esparcidos, emborrachándose como que no hubiera ningún viejo en el pueblo que les dijera: Hijos ¿qués esto que hacemos? En el tiempo pasado no solía ser así. Hagamos nuestra oración en la casa de los papas y velemos y traigamos leña para los cúes. Mirá los agüeros que tenemos que no es buena señal, pues todo se perdió en Hetúquaro, el servicio de los dioses. Y allí tampoco ha de haber rey, y todo está desierto, porque no llovió un año. Y como eran de los nuestros, todos se perdieron por hambre, que el señor de Arar llamado Therucicata, y otro llamado Thiacari, los llevaron por esclavos y por los males que hacían en Hetúquaro, castigaron los dioses. Ya vi, en ello, que dieron hambre, que el que tenía cinco hijos, empezó a vendellos, y daba por un poco de maíz un hijo y dos tamales, y en acabando de vender los hijos, vendían la mujer y dábanle un tamal: y a la postre no teniendo que dar, se vendían a sí mismos, porque les diesen de comer. Y esto es que hizo un señor, llamado Thecuricata, y otro Thiacari de Araró, y por esto quedó desierto Hetúquaro. Así mesmo, en el pueblo de Uaniqueo, murió el señor llamado Sicuindicuma, y dejó sus hijos, llamados Cocópara, y Uacús-quatzita Tzancapari. No ha de ser señor ninguno dellos; mas ha de quedar todo desierto. Así mesmo en Cumanchen, era señor Henziua y murió, y dejó tres hijos, llamados Tangáxoan, Nondo y Carata. Tampoco ha de ser señor ninguno dellos. Los cuales entran en el pueblo de Erongaríquaro, y se hacen amigos dellos, y tomando enjemplo en los del pueblo, se asientan a emborrachar, y lo que era de los chichimecas, asentarse a emborrachar, que ninguno podrá beber de aquel vino, que era de aquel dios Tares Upeme, dios de Cumanchen, que era muy gran dios, porque los dioses, estándose emborrachando en el cielo, le echaron a la tierra, y por esto estaba cojo este dios, pues de aquel vino que bebía no podía beber otro, sino él. Y el atabalero, llamado Zizamban lo bebe y anda borracho por su casa, y otro sacrificador. Allí tampoco, en Cumanchen, habrá señor; buscad, hijos, petacas para echar los despojos, que les habemos de quitar en la guerra, señores Hirípan y Tangáxoan. Tantos despojos habrá, que no tendremos en qué echallos. Mirá también el pueblo de Zacapu, donde estaba un señor llamado Carocomaco. Aquél no le viníe de ser señor, mas era de baja suerte y un pobre mendigo. ¿Dónde dejó de dormir, que no dormiese por todas las sierras, Por sonar algún sueño? Y nunca tuvo revelación, ni sueño, y vino al pueblo de Zacapu, y empenzó a traer leña para los cúes de Querenda Angápeti. Y traía la leña, y poníala por todo el patio, y llegó al medio del patio a dormir con su leña, donde estaba el madero muy largo donde descendían los dioses del cielo y después dormió más adelante, en un asiento llamado Uánaquaro y así cada noche se iba llegando al cu de Querenda Angápeti. Y llegó donde estaba Sirunda Arhan, mensajero del dios Querenda Angápeti, y estando al pie del cu, tampoco tuvo sueños. Y después empenzó a sobir por las gradas dél. En cada grada dormía una noche por tener algún sueño, y faltaba poco para llegar a lo alto del cu, y vídole venir la diosa Peuame, mujer de Querenda Angápeti y dijo a Sirunda Arhan: «Ven acá; ¿no ves que sube un hombre, que llega ya acá, encima del cu? Yo no sé su nombre. Yo no sé cómo le tengo de nombrar, que no le conozco. Mirá que no sé donde está Querenda Angápeti. Ve a buscalle, y hazle saber deste hombre que sube encima de su cu.» Y fue Sirunda Arhan hacia Meridión, donde tiene casa y mujeres Querenda Angápeti, y donde tiene su vino para beber, y atabales para bailar, y no le halló allí Sirunda Arhan y fue hacia poniente, y tampoco le halló, y fue hacia sententrión y tampoco le halló, y al infierno. Después que no le halló en todos estos lugares donde tiene sus casas, fue al cielo, donde él hace sus grandes fiestas, y estaba compuesto, que tenía un cuero de tigre en una pierna, y un collar de turquesas a la garganta, y una guirnalda de hilo de colores en la cabeza, y plumajes verdes y sus orejeras de oro en las orejas, y como Querenda Angápeti, vio venir a Sirunda Arhan, entrose a su casa a dormir, y echose a dormir, y estaba un viejo a la puerta que era portero, y llegó a él Sirunda Arhan, y saludole el viejo, y díjole: «Abreme.» Díjole el viejo: «¿Qué dices señor? No tengo de abrir, que el señor Querenda Angápeti duerme, y quizá vienes tú a sacalle sus mujeres de casa.» Y oyéndolo de dentro de casa Querenda Angápeti dijo: «Ven de largo, hermano, Sirunda Arhan.» Y el viejo como oyó hablar a Querenda Angápeti, dijo a Sirunda Arhan: «Señor, ya es levantado; entrá a él a ver lo que le quieres.» Y como entrase, díjole Querenda Angápeti: «¿A qué vienes?» Díjole Sirunda Arhan: «¿Señor, tu mujer me envía y díjome: «Ve a buscar a Querenda Angápeti, que no sé dónde anda; que tuvieses por bien de ir allá alguna vez a tu casa, que un hombre ha sobido cerca de la entrada del cu, que no saba cómo se llama, que no sabe qué nombre le ponga, ni sabe qué es lo que pide.» Respondió Querenda Angápeti, «Ya yo le he visto subir, y él no nos conosce a nosotros; aquel se llama Carocomaco. ¿Qué es lo que anda pidiendo? Toma estos atavíos que yo tengo, que son insignias de señor y sera como yo; ve y dile, que está una mujer llamada Quenomen ques del pueblo de Uruapan, que es pobre como él, que por ahí anduvo a vender agua y se alquilaba para moler maíz en piedras, que entrambos se casarán y que no esté en Zacapu, que no ha de ser señor allí otro señor mas de yo; que no ha de estar otro en mi lugar, que yo me soy el señor en Zacapu; mas que se vaya a ser señor en Querésquaro, cerca de Zacapu, y su mujer que no esté con él, mas en otro pueblo llamado Quaruno, y que venga de veinte en veinte días donde está su marido para que se junten en uno, y que entonces engendrarán un hijo y que aquél no ha de ser señor, que han de estar muertos por los herbazales, y que a él solo ninguno le hará mal. Veis aquí, hijos, dijo Taríacuri, cómo Querenda Angápeti, ordenó lo que había de ser del pueblo de Zacapu, y por esto fue señor, en pasado, llamado Carocomaco, y ya es muerto; quedó su mujer, que es ya vieja, y, dicen que se pone en lugar del marido, por decir que era señor, y dicen que ella manda el pueblo. ¿Dónde se usa que las viejas ni las mujeres hagan traer leña para los cúes, ques oficio de los varones? Y hay allí muchos prencipales, con grandes bezotes de oro, de los cuales era de hacer traer leña para los cúes, ques oficio de los varones, y entender en las guerras. Dicen que aquella vieja, llamada Quenomen, por hacerse temer, tiene dos bandas de negro por la cara, y que tiene a su lado una rodela y una porra en la mano. ¿Dónde se usa que las viejas entiendan en las guerras? ¿Por qué no entienden sus hijos? Estos agüeros tienen en Zacapu, porque no sacrificaban aquella vieja, y la descuartizaban y la echaban en el río. Allí tampoco en Zacapu ha de haber señor. Pues mira hijos donde estaba Zurunban, mi suegro, en Tariaran que tiene los hijos siguientes: Zacapu, Aramen, que es el hijo mayor y Uaspe, Terazi, Cútsiqua, Tupuri, Hiuacha, Tzintzuni, Hanzina, Quaura. Y una hija llamada Mauina. Dicen que aún vive, mas esta ciego, que no ve. Todos sus hijos fueron malos, y se desparcieron por muchas partes. Zurunban, mi suegro, tiene la diosa Xarátanga, en guarda y aquella su hija llamada Mauina, es mala, que se iba al tiangues y hizo que le hiciesen en el tiangues una tienda o pabellón llamado Xupáquata y pusiese como ponían a la dicha Xarátanga en aquel pabellón hecha una cámara de mantas pintadas, y asentábase encima de muchas mantas. Y estando en aquel pabellón, decía que le llamasen los mancebos hermosos que pasaban por el mercado, y, todo el día se juntaba con ellos, dentro de aquel pabellón. Y decía que les dijesen: «Si yo fuera varón no me juntara con alguna mujer.» Esto hacía aquella mujer. ¡Pluguiera a los dioses que la tornaran y la sacrificaran sus hermanos y la echaran en el río! Por esto no ha de haber señor en Taríaran donde está Zurunban. Pues mirá, hijos en el pueblo de Tacámbaro, donde está por señor Cauiyancha, el cual no era señor mas oficial del cu, y ponía las ofrendas a los dioses, y favorescíale la diosa Xarátanga, y por eso es señor en Tacámbaro, y tiene dos hijos Tarando y Horotha. Ninguno destos ha de ser señor. Buscad hijos petacas para echar los despojos de la guerra. Esto pasa así, hijos, Hirípan y Tangáxoan; ya no tengo compañero para que entienda en la leña de los cúes, y en el servicio de los dioses. Yo solo soy Taríacuri: yo solo me quejo. Pues también los pueblos de Pungácuran y Siuinan y Aruzan y Capacuero [...].Allí hay todos estos señores Cuazan, Hútaco-hotzi, Tiunchuriba y Zinguato, Hapúnduri. Cada día traen diferencias, y se quitan los términos y las sementeras, y toman todos arcos y flechas y abajaban los dioses del cielo a comer sangre, y flechábanse, y yo reñí con ellos, y enojáronse conmigo diciendo: ¿Qué es lo que dice Taríacuri? ¿Cómo no lo dice lo que dice confiando en la laguna? ¿Cuándo le daríamos de coces y le conquistaríamos? ¿Traigamos diferencias entre nosotros o compongámonos, qué se le da él? ¿Para qué nos dice nada? Estos plumajes que tenemos y atavíos no los quitamos a nadie por fuerza, mas dejáronnoslos nuestros padres, y por eso hacemos fiestas con ellos. Esto es lo que dicen en los dichos pueblos, que eran de los nuestros y por eso, no habrá más de tres señores que seréis vosotros. Id, hijos, y entrad en las casas de los papas, a vuestra vela y oración.» Respondieron Hirípan y Tangáxoan: «Así será, señor, como dices.» Y fuéronse a sus casas y empezaron a traer leña para los cúes. Todo este capítulo pasado tenía el cazoncí en mucha reverencia y hacía al sacerdote que sabía esta historia, que se la contase muchas veces, y decía que este capítulo era doctrina de los señores y que era aviso que había dado Taríacuari a todos ellos.