Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XVII. Cómo Taríacuri sintió mucho, cómo no le guardaba lealtad su mujer, y cómo se casó con otra por consejo de una su tía. |
Como conosció Taríacuri, que su mujer le hacía ruindad, sintiólo mucho, y no quería comer, y de contino no hacía otra cosa, sino traer leña para los cúes, y no iba a su casa, mas íbase a las casas de los papas y traía arreo veinte días leña, y después otros veinte, y no quería comer nada, que estaba ya flaco y perdida la color, todo blanquisco. Tenia la cinta que se ceñía, metida muy allá en las tripas se podía tener en los pies, y su tía, como vio esto, que se moría si no comía dijo: «Mancilla tengo, del que es la causa, que quiere así dejarse morir de hambre.» Hízole unas poleadas, y fuele a rescebir y púsose a la entrada de la cerca de leña, de que estaba cercado el patio de los cúes, que era de tablas. Andábase cayendo y abajáronle de los brazos los suyos: uno de una mano y otro de otra, y así le sacaron del patio y saliole al encuentro su tía y saludole y díjole que fuese bien venido, y él le dijo: «¿Pues qué hay, señora tía?» Respondió ella: «Hay señor, que han venido de la laguna los isleños, que no sé qué quieren, y yo siendo vieja, ¿qué les había de decir? Que no sé qué te quieren decir señor, ¿no sería bueno que fueses a casa a saber lo que quieren?» Y levantose de presto Taríacuri, porque venían de la isla donde él había nascido, y dijo: «Vamos allá, señora tía.» Y fuese a su casa. Y llegando a su casa, díjole: «¿Dónde están? Y díjole su tía: «Señor, allí están, a las espaldas de casa. Allí les saqué de comer. ¿No sería bueno, señor, que te asentases y comerías un poco? ¿Cómo tendrás fuerza para respondellos?, que no sé lo que te quieren decir.» Díjole Taríacuri: «Así es la verdad, señora tía.» Y hízole de comer unas poleadas, y trujóselo, y pusóselo delante, y tomó las poleadas y bibióselas de presto y comió. Entre tanto, su tía, cruzando las manos de miedo, decía entre sí: «Ay, ¿qué le diré? No sé que me haga como es verdad que venieron de la isla de la laguna. ¿Cómo no me flechará toda en este mismo lugar? Ay, pobre de mí, ¿qué le diré? Y tomó un jarro de agua en la mano, y lavose las manos Tariacuri, y levantose, y tomó su arco y flechas y salió del portal donde comía y llamó a su tía, y respondió ella: «¿Qué es, señor?» Dijo: «¿Dónde están los isleños? Vamos allá.» Entonces díjole su tía: «Ay señor, pobre de ti: ¿quién había de venir? ¿A qué propósito habían de venir? Pobre de ti, que has dejado el comer, ques una mala mujer. Es de ahora de juntarse con ella varones, por la que tú has dejado el comer, que es una bellaca, que no quiere sino andar de contino lujuriosa con varones cada noche. ¿Quién no te conosce a ti, señor Taríacuri, que has florescido en fama, en este monte llamado Hoataro-pexo, y eres rey, y llegas ya al cielo por fama, donde están los dioses, y al infierno, y a las cuatro partes del mundo?¿Quién te deja de conoscer que te llamas Taríacuri? ¿Por qué causa has dejado el comer y beber? Mejor sería, señor, que comieses, porque tuvieses fuerzas para traer leña para los cúes, para que vinieses algunos días, porque eres señor. No te cures de aquella mujer, porque no te faltará otra que tengas por compañera, para que seas señor, y quizá no es nacida con la que has de estar y ser señor, o ya es nacida. Ve a Zurumban, señor de Taríaran. Tú y él, seréis señores, Respondióle Taríacuri: «Así es la verdad, señora tía.» Y dijo a los suyos: «Vamos a Zurumban, señor de Taríaran, Y partiéronse, y antes que llegasen allá Taríacuri, supo de su venida Zurumban, y saliole a rescebir todo amarillado la cara, que había hecho una fiesta, y saludole e dijo: «Señor, seáis bien venido.» Y tomole de la mano, y así iban platicando hasta su casa. Y estaba un pajarilo, llamado Zenzeribo colgado de una flor, y estaba chupando la miel, y viéndolo Zurumban dijole a Taríacuri: «¡Oh, qué hermoso pajarito; señor, fléchale; ¿Cómo?, ¿no eres chichimeca?, tírale.» Respondió Taríacuri: «Que me place; yo le tiraré, hermano.» Y puso una jara en el arco, y ya que le quería tirar, dijo Zurumban. «Mírame a la mano, y ve por él, y trai hacia acá la flecha». Y como soltase acertole, y dijo a Zurumban: «Hermano, ya le acerté; ve por él.» Y iba Zurumban por un herbazal, y alzó la jara, y el pájaro traíale en la mano, y llegando a Taríacuri le dijo: «Cierto que eres chichimeca, que este pájaro no es tan grande, que era cosa de flechar por ser tan chiquito. ¿Cómo ninguno te ha de alcanzar? No faltas ni yerras tiro, y no hay quien te alcance en tirar.» Y ansí iban platicando, hacia su casa, y el pajarillo no sé cómo no murió. Llevábale en la mano vivo y llegando a su casa, halló a sus mujeres que estaban todas juntas. Díjoles Zurumban: «Madres, mirá que no yerra golpe Taríacuri, que ya veis este pajarillo, qué tamaño es, que no era cosa que se puede flechar; mirá quán hermoso es.» Y traíenle aquellas señoras de una en otra, en la mano, y trujeron de comer, y comieron todos, y después de comer dijo Zurumban a Taríacuri: «Hijo, ¿no beberás una taza de lo que yo bebo?» Respondióle Taríacuri: «¿Por qué no, hermano?» Y diéronle a beber, y entrose a otro aposento de dentro
Zurumban, y tomó de un color amarillo, y traíalo en la mano y llegó a Taríacuri y dijole: «Señor, ¿cómo no te pondrás un poco desta color?» Respondiole Taríacuri: «¿Que dices, hermano? ¿Cómo me tengo de poner este color, que ya yo tengo este color negro, que es de mi dios Curicaueri? ¿Qué es esta tizne? Póntela tú.» Solían los señores entiznarse todos, en honra de Curicaueri su dios. Por eso dice Taríacuri que tenía aquella color por amor de su dios. Díjole Zurumban:.¿Qué dices, señor? Ponértela tienes; yo te la pondré.» Y púsosela por las narices, hacia bajo, y por las uñas de las manos y de los pies, y díjole: «Así te lo has de poner. ¡Oh qué hermoso estás! Y yo todo me tengo de poner desta color amarilla el cuerpo y la cara.» Y díjole Taríacuri: «Póntelo, hermano.» Y díjole Zurumban: «Póngome ahora este color, porque sacrifiqué unos malhechores llamados Uázcata, para que vayan sus ánimas con las ofrendas a la madre Cuerauáperi.» Y paráronse todos amarillos. Y entrose dentro Zurumban y fue por dos mujeres, eran sus hijas, o sus mujeres y hizo que las bañasen y que la ataviasen. Púsoles unos zarzillos en las orejas de tortugas, y sartales a las muñecas, y collares de turquesas al cuello, y tomolas de la mano, y entró donde estaba Taríacuri, y dijole: «Señor Taríacuri, Díjole Taríacuri: «¿Qué es, hermano?» Díjole Zurumban: «Ves aquí tus madres, para cuando te dieren a beber vino, porque hace quitar el sentido, y desatienta que hace andar como loco el vino a quien lo bebe, y aquí es lugar despeñadero, porque no cayas, y te despeñes; éstas, te guardarán y mirarán dónde vas, y serán tus camareras cuando dormieres porque saca de seso el vino.» Y respondió Taríacuri: «Estense, aquí, señor.» Y púsolas allí entrambas, y dijo Taríacuri: «Dad de beber a estas señoras.» Y diéronles a beber. Y siendo ya de noche, que ya era escuro, díjole Zurumban a Taríacuri: «Señor.» Respondiole Taríacuri: «¿Qué es, padre?» Díjole Zurumban: «Yo estoy ya borracho; quiérome entrar a dormir, porque no me caya aquí, encima de vosotros. Echate a dormir.» Y dijo a las mujeres: «Hijas, echaos a su lado, porque no se despeñe por aquí, que es todo por aquí despeñaderos, y si le acontece algo, echarnos han a nosotros la culpa.» Díjole Taríacuri: «Ve hermano en buen hora.» Y entrose dento de su aposento Zurumban y llamó Taríacuri a sus viejos que traía consigo, llamados Chupítani, Tecaqua, Nuriuan, y respondieron ellos: «¿Qué es, señor?» Díjoles Taríacuri: «Poned allí a aquel rincón unas esteras, y llevad allí esas señoras, y allí dormirán, y cubrildas, porque quieran casallas con algunos, y no sea ruido hechizo de traellas aquí por argüimos después de alguna cosa, viéndonos desfavorescidos.» Y llevaron las señoras a un rincón, y allí se echaron a dormir y las cobrieron y dijo Taríacuri a sus viejos: «Llegaos acá, y platicaremos en algo.» Y empezaron a razonar, y no dormieron toda la noche, y estaba sobre aviso, porque no le tomasen descuidado. Pues como amanesció, dijo Taríacuri a sus viejos: «Vamos, y tomemos el calor de los braseros.» Acostumbraban los señores, como arriba dije, de tiznarse todos por amor de su dios Curicaueri, y teníanlo por gran honra andar así tiznados, y para estar más lucios, y que se les pegase mejor aquel color negro, echaban unas teas en unos braseros, y poníanlas debajo de las camisetas que usa esta gente, como maredillos, y aquel humo con el calor, pegábaseles en el cuerpo, y después estregábanse y parábanse muy lucios. Este se llamaba Uiriquareni, y por eso les dijo Taríacuri a sus viejos que trujesen aquellos braserillos para tomar aquel humo. Y salió Taríacuri, y asentose a la entrada de la puerta a tomar aquel humo, y levantose Zurumban, y ya habían salido las mozas fuera, y como las vio Zurumban preguntoles: «Pues, ¿juntose con vosotras Taríacuri? ¿Cómo dormistes?» Respondieron ellas: «No señor, es loco y no tiene seso. Después, señor, que te entraste a dormir, llamó a sus viejos y díjoles: «Poné unos petates a esas mujeres»; y pusiéronnos a un rincón, y dijo: «Quizá es ruido hechizo por argüirnos de alguna cosa por vernos desfavorescidos. Llegaos acá, y razonaremos un poco, y él no sabe dormir. Hase tornado loco.» Díjoles Zurumban: «Ciertamente es, señor». E hizo traer muchos cántaros de agua y dos grandes xicales de jabón que traían en las manos, con dos grandes hachos de ocote que traían delante, que no era bien amanescido, y como llegó a Taríacuri, díjole: «Pues: Señor Taríacuri, despierta, despierta, que es ya amanescido y bañarte has un poco, y beberemos.» Y respondiole Taríacuri: «Señor, entrá de largo: ya rato ha que estoy despierto y estoy tomando el humo». Y dijo Zurumban: «Bien está, ¿a qué hora despertaste? ¿Qué tienes vestido? ¿Con qué tomas ese humo?» Y díjole Taríacuri: «Con una camiseta gorda.» Y díjole Zurumban: «¿Por qué con esa tomas el humo?»
Y echole encima una manta rica doblada o enforrada en otra, y entrose en su aposento, y metieron el agua, para bañarse Taríacuri. Y ya era bien amanescido y tornose a salir Zurumban y traía mucho vino consigo, y hizo echar de ello en las tazas, y dijo: «Señor, quiérote dar un poco a beber.» Y díjole Taríacuri: «Zurumban, no; iremos primero entrambos, cabe la trox, donde se guardan los dioses, que traigo un poco que decirte». Díjole Zurumban: «Vamos, señor.» Y fueron y llegaron a donde guardaban la diosa Xarátanga, y díjole desta manera Taríacuri: «Oyeme señor, Zurumban: tú no haces, sino cada día emborracharte muy mal, ¿no sería bueno, que dejases el vino, y fueses por leña para los cúes? Y harías tus fiestas grandes y beberéis diez días, siendo gran fiesta, y si fuese pequeña beberéis cinco días, y después te bañarías, y entrarías en los cúes a hacer tu oración, y después llevarías tus estrumentos para bailar, tortugas y atabales, y tu vino concertado, y el sacerdote, llamado Curiti, echaría los olores, y el sacrificador, para hacer oración a los dioses, para tomar cativos en la guerra y velarías siquiera dos noches, y tomarías a tu diosa Xarátanga y irías a la guerra cerca de los términos de tus enemigos a Hurecho y Cacángueo y a la Guacana y a Cuerapan, porque andan por allí pájaros colorados, de los cuales hacen atavíos de pluma para tu diosa Xarátanga. Y allí hay un río, que dos veces se hacen cosas de comer en el año de la fruta llamada tomates, y axí y melones, y algodón y ciruelas que trairéis aquí a tu pueblo: que trayéndolo sería tu pueblo como uno de los otros, donde nascen todas estas cosas. Lleva allí tu gente de guerra, y tomarás allí algunos cativos, y a veces harías tus entradas, y tus enemigos, si se quejasen de ti, diríasles: «Yo no soy, sino Taríacuri, que viene aquí de noche a hacer salto en vuestros pueblos, y dame a mí cativos para el sacrificio, y por eso toco mis atabales, haciendo fiesta, que oís vosotros, y ansi no te echarían a ti la culpa tus enemigos, sino a mí, y no te harían guerra. Verás, Zurumban, que te hago señor, si haces esto, porque no eres señor, más de baja suerte y mendigo, y agora te hago señor, y haz mercedes.» Oyendo esto Zurumban, empezó a llorar muy fuertemente, y dijo: «Ay, señor yerno, estas palabras trujiste contigo, de rey; todo lo cumpliré, lo que me dices. Vamos a casa, y comerás.» Y fuéronse a su casa, y trujéronles de comer, y después de comer llamó Zurumban un mayordomo suyo llamado Huyaria, y dijo que buscase cacaxtles y que hiciese cargas de mantas para que llevase Taríacuri.
Y entrose en un aposento y compuso dos señoras con sus buenas sayas y collares de turquesas al cuello y sus zarcillos de tortugas y otras mantas, y tomólas de la mano a entrambas, y sacolas donde estaba Taríacuri y díjole: «Señor, vete a tu casa y lleva estas dos, para que te den agua a manos, y sean tus camareras.» Y respondió Taríacuri: «Así será, señor, como dices.» Y aderezáronse para se partir, y dioles muchas mujeres Zurumban a sus hijas que las acompañasen e serviesen. Y sacaron todo el ajuar de las señoras, de muchas petacas y alhajas de mujeres, y así se partió Taríacuri para su casa, despediéndose primero de su suegro Zurumban. Y como llegó a su casa, salióle a rescibir su tía y díjole: «Seas bien venido.» Y pusieron allí todo lo que Zurumban había dado a Taríacuri, que era mucha cosa, y viéndolo su tía, holgose mucho y díjole: «Pues verás, señor Taríacuri, cómo es señor Zurumban. Mira lo que han traído, y esto no es nada para lo que enviará para la con que has de ser señor.» Y Taríacuri, como solia iba por leña para los cúes, y su mujer primera, hija del señor de Curínguaro, viendo las otras mujeres en casa, moríase de celos y fuese a su pueblo de Curínguaro y nunca más tornó.