Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XII. Cómo Quarácuri avisó a Taríacuri y fue tomado el sacerdote Naca en una celada. |
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Después de ido Naca a hacer gente, llamó Quarácuri un sacerdote, y dijole: «Ven acá, y irás a nuestro hijo Taríacuri, que no sé qué fue diciendo por aquí Naca, que dice que va a la laguna a hacer gente de guerra, y dice que ha de llamar a los de Curínguaro, y que siempre se ha de estar allí en la laguna haciendo gente. Y dice que han de destruir a nuestro hijo Taríacuri y que se acuerde y esté apercibido porque no lo tome de improviso. Provea a tres partes destar sobre aviso y esté apercibido: esto es lo que le dirás». Y llegado el mensajero, halló a Taríacuri, que estaba asentado haciendo flechas. Llegó a él el sacerdote, con su arco e flechas en la mano y saludóle Tariacuri y díjole: «¿Pues qué hay, hermano? ¿A qué vienes?» Saludóle así mismo el sacerdote y díjole: «Tu padre Quarácuri me envía, y díjome: «Ve a nuestro hijo Taríacuri y dirásle que no sé qué va por aquí diciendo Naca, que dice que va a hacer gente de guerra a la isla y de allí que ha de llamar a los de Curínguaro y que te han de destruir y que estés apercibido y sobre aviso. Esto es lo que me dijo». Respondió Taríacuri: «¿Eso es lo que dijo?» Dijo el mensajero: «Esto es lo que me dijo, señor». Dijo Taríacuri: «Qué, ¿es verdad que es ido Naca a la laguna?Respondió el sacerdote: «Sí, señor.» Dijo Taríacuri: «Bien está; seas bien venido. No te has de tornar tan presto a tu casa, mas ve a la laguna, y primero irás a un lugar llamado Urichu, donde está mi tía, la mujer de Peraparaqua; ella tiene canosa y ella te llevará y pasará la laguna y tomarás puerto en Cuyameo, y allí surgirás con la canoa y llegarás a su posada y verás si beben vino. ¿Cómo no saldrá Naca alguna vez a orinar? Y entonces araste encontradizo con él, y diráte: «Pues que hay, hermano? ¿Qué haces por aquí?» Y responderásle: «Señor, tu hermano Quarácuri me envía a ti.» Y díjome: «Ve a mi hermano Naca, y dile que recibí mucha vergüenza en dalle tan poco de comer. Pregúntale en qué día y de aquí a qué tanto volverá, porque le espere con comida a la vuelta, y haré pan de bledos y vino de maguey, para que beba a la vuelta, porque hace calor y tienen sed los caminantes.» Esto le dirás por saber el día en que ha de venir, y según lo que te dijere, así le irás respondiendo, y dirásle más: «Dice también tu hermano que por qué camino has de venir, porque, hay dos caminos: el uno por donde vino, por Ziraquaretiro, por un arroyo que está allí y que es arrodeo por aquel camino por donde vino, y que hay otro camino, cabe la laguna, por un monte llamado Xanoato-hucatzio y que viene por Curimizúndiro, a parar a Pangueo, donde está el camino Uarichu-hucario, y llega a otro lugar llamado Hiríquaro y va por Tareua-cúcuaro, y por esos lugares va el camino derecho. Que si ha de ir por allí, que yo le saldré al camino y le sacaré un poco de vino y estaré allí esperándole con mi gente en el camino, y que si no ha de volver por allí, que le esperaré aquí. Esto es lo que le dirás a Naca departe de Quarácuri». Dijo el sacerdote: «Que me place, señor, yo iré». Dijole Taríacuri: «Y volveráste por aquí para ver lo que dice y [...] irás a tu casa después que te hubiere hablado.» Partióse el sacerdote y llegó a Urichu, donde le dijo Taríacuri, y fue a la mujer de Peraparaco y ella le mandó pasar la laguna y tomó puerto en Cuyameo, isla de la laguna, y fue donde estaba Naca, y ya habían rato que se emborrachaban, y salió Naca de la casa a orinar, y venía mucha gente con él y de contino se tenía vestida una camiseta y un tranzado de pluma y hízose encontradizo con él y díjole Naca: «¿Pues qué hay, hermano? ¿A qué andas por aquí?» Y respondió el sacerdote: «Envíame tú hermano Quarácuri.» Y Naca asentóse a orinar. Dijole: «¿Pues qué dice mi hermano?» Respondió el sacerdote: «Señor, dice que está avergonzado por el recebimiento que te hizo, y que ninguno le trujo mensaje ni se lo hizo saber, que cuándo has de volver; que quiere saber el día, que te tendrá aparejado de comer y te hará pan de bledos y vino de maguey para que bebieses a la vuelta, porque hace calor y los caminantes tienen sed.» Respondió Naca: «¿Qué dice mi hermano? Hoy fueron a Curínguaro y mañana han de venir, y mañana tengo de estar todo el día haciendo gente para la guerra y esotro día me volveré». Dijo el sacerdote: «Dice, señor, tu hermano, que por qué camino has de volver, porque hay dos caminos, que es un poco lejos por el que veniste por Ziriquaretiro y que no es lejos el camino por Xanoato-hucatzio que va por Curimizúndiro.» Respondió Naca: «Así es la verdad, que es lejos por donde vine, que nosotros ¿a quién tenemos miedo? Como no estamos de contino en guerra y es arrodeo por allí, dile que yo tomaré puerto en Xanoato-hucatzio, en un lugar llamado Panguan-hacungueo, y por allí iré y que me salga allí al camino, y yo iré a comer allí. Esto le dirás». Y fuése el sacerdote y tornó a pasar la laguna en su canoa y vino a Taríacuri y recebióle muy bien, y díjole: «Seas bien venido.» Y el sacerdote le saludó y contóle todo lo que le había dicho Naca. Dijo Taríacuri: «Así es la verdad de lo que dice Naca, ¿de quién ha de haber miedo, que de contino estamos en guerra? Vete a tu casa y dilo a nuestro padre que le espere y que le saque vino al camino.» Y fuese el sacerdote y dijo Taríacuri: «Vení acá y llamaréis mis hermanos Zétaco y Aramen que vengan acá.» Y fueron por ellos y venidos díjoles: «Veni aca, hermanos.» Dijéronles ellos: «¿Qué mandas, señor?» Díjoles Taríacuri: «Dicen que Naca es ido a la laguna y que va a hacer gente, y ha enviado a llamar los de Curínguaro y que mañana ha de estar todo el día en la isla haciendo gente que nos han de destruir el pueblo. Que pidieron los isleños ayuda a Zurumban el de Taríaran.» Dijeron sus primos: «Sea así señor, como dicen.» Díjoles Taríacuri: «¿Qué os parece, hermanos? ¿Qué decís que yo os oiré?» Respondieron ellos: «Qué habemos de decir, señor; manda tú y diremos lo que sentimos; ayudarte hemos.» Dijo Taríacuri: «Así es la verdad, hermanos. Dad acá ese bolsón». Y diéronsele y sacó de allí una navaja para sacrificar las orejas y díjoles: «Mirá, llevad esta navaja. Con esta daba yo de comer al dios del fuego, que hace llamas en medio de las casas de los papas, y llevad también estas guirnaldas de cuero de venado.» Dijeron los hermanos: «Que nos place, señor que las llevaremos». Díjoles Taríacuri: «Mañana, luego por la mañana empezaréis hacer flechas, y sean anchos los carcaxes, que tengan cuatro apartados; poné muchas flechas en ellos y partiréis os a medio día y estaréis en Panguan-hacungueo, y subiréis la cuestecilla y poné allí leña y no durmáis; velá toda la noche, hasta la mañana puniendo leña, y en amanesciendo, tomá dos de vosotros y súbanse encima el monte llamado Horatzinda y estense allí echados y miraréis desde allí a la laguna a ver quién viene, y veréis si viene una canoa sola o cuatro o cinco canoas. Vosotros sois mochachos. Abaje uno de las espías, y avise a otro para que os lo haga saber y espérele otro al desembarcadero, y como supiéredes ques desembarcado, empezaréis a sacrificaros las orejas, haciendo grandes aberturas y esparciréis aquella sangre en unas hierbas, y en el camino haréis como patadas de venado y trairésle al camino donde hiciéredes las pisadas de venado, y irés ruciando las yerbas y andaréis todos en derredor, como que buscáis un venado herido y apartaréisle un poco del camino, hacia el monte, y allí llegaréis a él y le prenderéis, que nosotros no empezamos la guerra, más otros nos han empezado a hacella. Que así mandaron los dioses a Curicaueri que no empezase él, que otro había de empezar, y que se anticipase a defender. Id, hermanos, en buen hora.» Y partiéronse y llegaron a Uacanambaro, y hicieron todo aquel día flechas y partiéronse por el carnino de Panguanhacungueo, y subieron un montecillo y allí velaron aquella noche, y después que amanesció partiéronse dos espías y subieron encima del monte Haratzinda, y allí se echaron encima el monte y miraron a la laguna y vieron que venían cinco canoas, y como tomaron puerto, bajó uno de los espias, y dijeron a los de la celada: «Ya ha tomado puerto Naca.» Y Quarácuri le salió a rescibir y le llevó la comida. Pues díjole Naca: «Seas bien venido, hermano; ¿a qué hora te partiste?» Dijole Quarácuri: «Señor, anoche me partí.» Y llevóle la comida y trújole al camino vino y comieron todos e bebieron y despidiáse Naca y dijo: «Baste ya, hermano, quiero irme; quiero llevar estos dos cántaros de vino y entrando el día beberé que hará calor y habré sed.» Y pidió licencia y dijole Quarácuri: «Ya veniste como concertamos; anda en buen hora.» Y como se partiese Naca, vino el espía delante, que le estaba espiando y hízolo saber a otro y aquél a la gente, y díjoles: «Ya viene, hele aquí donde viene cerca». Entonces la gente que estaba en la celada empezáronse a sacrificar las orejas y ruciaban las yerbas con la sangre, porque pensase Naca, que fuere de algún venado que habían flechado, y empezáronla a echar aquella sangre en las pisadas que habían hecho falsas de venado. Y salieron al camino. Unos y otros andaban en torno por el camino, diciendo: «Por aquí, mas por aquí fue.» Y llevaban todos sus carcaxes a las espaldas, y todos entiznados y unas uñas de venados atadas en las piernas, y dijeron unos a otros: «Ya se va Naca y va delante, y un sacerdote se atavía para ir con él, y traen detrás dél mucho pescado.» Y llegó a ellos y díjoles: «pues ¿qué hay, hermanos?» Y ellos le dijeron: «Mas tú, hermano, ¿dónde fuiste?». Respondió: «Hermanos, fui a la laguna a comprar un poco de pescado y vuélvome a mi casa.» Dijeron los chichimecas: «Vayas en buen hora, hermano.» Díjoles, Naca: «¿A qué andáis vosotros por aquí, hijos?» Dijeron ellos: «Ayer hicimos flechas y subimos a este monte esta mañana a recrearnos, y hallamos en este lugar un venado y no le flechamos bien. Mira que por aquí fue; he aquí las pisadas.» Y díjoles Naca: «Hijos, hoy topé con vosotros, ¿no me daríades un pedazo para hacer la salva a los dioses?» Respondieron los chichimecas: «No has de hacer la salva, mas llevarás un cuarto dél al hombro». Dijoles Naca: «Así había de ser, hermanos, pues ¿por dónde va?» Dijeron ellos: «Hermano, ¿por dónde ha de ir? Muy artero es este venado. ¿Cómo no está aquí?» Díjoles Naca: «Hijos, habéisle de tomar.» Respondieron ellos: «Por qué no, hermano. Por nosotros hasta dar mate, no descansamos y acosamos al que herimos hasta tomalle.» Y despidiéndose Naca, díjoles: «Quedaos, en buen hora, hijos, que yo me voy.» Y ellos le dijeron: «Ve en buen hora, hermano.» Y apartose un poco dellos. Entonces dijo Aramen, que era un valiente hombre, a su hermano Zétaco: «Hermano, mira que se va, ¿qué haremos? Y sacó una flecha de su carcax y hincósela en las espaldas y fuese derecho a él y echole los brazos por el cuello y asieron todos dél y díjoles Naca: «Hermanos, paso, paso, que me hiriréis; que cierto sois chichimecas. Córno ninguno os ha de engañar?» Dijeron los chichimecas: «Mirá qué dice éste; id y decíselo a Taríacuri.» Y como fuesen llegaron donde estaba Taríacuri y díjoles: «Seáis bien venidos, hermanos, ¿pues qué hay?» Respondieron Zétaco y Aramen: «Señor, ya le tomamos.» Díjoles Taríacuri: «¿Pues qué dice?» Respondieron ellos: «Dice: Paso, paso, que me hiriréis.» Dijo Tariácuri: «¿Por qué lo dice? Llevadle al cu y sacrificalde.»