Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XIV. Cómo Zurumban hizo deshacer las casas a los de Taríacuri, y cómo fueron flechados dos señores primos de Taríacuri y sacrificadas sus hermanas. |
Como sintió el engaño Zurumban, dijo: «¡Cómo nos ha tratado Taríacuri, que estas palabras no fueron de Quarácuri, sino de Taríacuri.» Y llamó un criado suyo, y díjole: «Ven acá, Viyana, toma gente y ve a Uacanámbaro que está allí gente de los chichimecas, y aquella sementera no es de Taríacuri, mas es mía. Desháceles las troxes y échalas por el suelo las casas y quita los máxtiles a Zétaco y Aramen, hermanos de Taríacuri, y quítales los bezotes y tranzados, y las orejeras, que por soberbia hicieron lo que hecieron: ¡que cómo nos han traído y qué afrenta nos han hecho! ¡Echalos a rempujones! Y apedréalos, y a sus mujeres quítaldes las naguas y faldillas y deshonraldas echándoles tierra a las mujeres.» Y partióse Viana con la gente, y deshiciéronles las troxes y derrocándoles las casas y quitáronles los maxtiles y bezotes y quitáronles toda su hacienda y echáronles a rempulones hacia Pátzcuaro, y a sus mujeres las deshonraron como está dicho, despojándolas todas. Y comoeran mujeres, asían de los hijos y juntábanlos así para encobrir su deshonra: el uno llamado Hirípan y el otro Tangáxoan. Y así los echaron del pueblo.
Y sabiéndolo Taríacuri, pensando que venían tras dél, se levantó con toda su gente y dejaban todos por las casas sus comidas, otros mazamorras, otros tamales y otros mantenimientos. Quedaba todo por los herbazales y perros y papagayos y gallinas. Iban todos por los herbazales.
Y fueron todos a un lugar llamado Huricua-macuritiro, y así fueron a Eurizan-uinío, y llegó a Taríacuri a Tzintzu-cuuíquaro y asentóse al pie de una incina, y sus primos Zétaco y Aramen enviaron tras dél mensajeros y dijéronle que por qué se iba, que si estaba él sentenciado a muerte con nosotros lo han sabido. Y partiéronse los mensajeros y no hallaron ninguno en el pueblo y fuéronse y dijéronles Zétaco y Aramen: «Pues ¿qué hay?» Respondieron ellos: «Señores, no parece nadie; todo está desierto, y no sabemos dónde fue ido nuestro señor Taríacuri.» Y enojáronse ellos y dijéronles: «¿Qué dicen éstos?¿quién os ha de matar?, ¿dónde fue? ¿Por qué no fuistes mirando por el rastro? Íos de ahí, vosotros, ¿cómo no amanescer?» [...] Y tornaron otra vez a buscalle, y después de amanescido, fueron a buscalle, y miraron por donde había ido, que estaba [...] la yerba pisada, y llegaron a él, a un lugar llamado Euario-tzintzu-cuuíquaro, y estaba echado al pie de una encina, y sus mujeres en derredor dél, y los chichimecas estaban esparcidos por los herbazales, y como llegasen los mensajeros, díjoles: «Seáis bien venidos, hermanos. Yo tengo la culpa del mal que os ha venido, por lo que mandé. Decid a mis primos que vengan a un lugar llamado Yéngoan y todos vosotros y allí comeréis. Id y decildes que vengan, que allí tengo una trox de camisetas, para que se cubran sus mujeres, que así las trataron a las pobres.» Y como volviesen los mensajeros, y oyesen lo que decía Taríacuri, dijeron: «Esto es lo que dice el rey, que tomemos aquel maíz y lo comamos. Aquello no es sino de Curicaueri, y no suyo, y si lo tomamos, ¿dónde habremos otro tanto? ¿Y las mantas que dice son suyas dél? no son suyas, sino de Curicaueri, ¿Dónde habremos otras tantas? ¿Cómo no hemos de engendrar hijos? Y aquí están Hirípan y Tangáxoan, nuestros hijos. Quizá los maltratarán por pedírselo. Mas vamos a Quarácuri, que mandó esto.» Y así, se partieron todos. Tenía esta gente una costumbre, que si tomaban algún maíz o mantas de las trojes de los dioses que estaban deputadas para las guerras, aquellos que las recebían aunque fuese dado gracioso, ellos o sus hijos quedaban obligados por ello, y los hacían esclavos. Y Zétaco fue a morar con los suyos en el monte, y Aramen su hermano menor, era muy valiente hombre, éste hijo su asiento en Hiratzio, y asentose con los suyos a la subida de una cuesta. Y tornose Taríacuri a Pátquaro. Y hacíase un gran mercado en Pareo, que estaba cerca de allí, y venía a este mercado su mujer de Carícaten, señor de la isla de Xaráquaro desde la isla, y Aramen fue acaso al Tiangüey, y era muy hermoso Aramen, y venía todo entiznado, como se usaba. Púsose cabe el mercado, y mirándole aquella señora, mujer de Carícaten (las señoras como son incontinentes) envió por él y dormieron juntos. Pasaba muchas veces la laguna por venille a ver, y descendió Aramen al mercado, y allí se topaban ellos, y no había quien los viese. Como los señores acostumbran a beber do [...] están sus mujeres, allí tenían celos unos con otros, y dijéronle las otras mujeres a esta señora: «Mira qué artera eres. Dices que eres mujer de Carícaten. Mira qué discreta eres. Tú por ventura, ¿piensas o sientes a quien tienes por marido? Que un chichimeca se junta contigo. Aramen se junta contigo. A él vas a recebir, pasando tantas veces la laguna.» Y oyolas Carícaten, que era de noche. A la mañana llamó a sus mujeres y empezolas a preguntar, y díjoles: «¿Es verdad esto que decís?» Y respondieron sus mujeres, y dijeron: «Sí, señor, así es la verdad, que Aramen se junta con ella.»
Y él empezó a decir mal de Aramen, diciendo: «El bellaco, ¡qué afrenta me ha hecho! ¿Cómo no andan sólo por esto desparcidos, por los montes?» Y envió unos viejos y gente con ellos y díjoles: «Tomad, viejos, este pescado y llevádselo a Aramen y sabréis cómo está, y él como os vea, os saludará y dirá: «Seáis bien venidos viejos.» Y vosotros poné allí delante dél, el pescado y prendelde y mataldo.» Y partiéronse y llegaron a la casa de Aramen, que aquella sazón se estaba bañando, y tenía cubierta una manta, y asentado estaba secándose, y como los vio, díjoles: «Seáis bien venidos los de la isla». Y ellos así mesmo le saludaron y dijeron: «Tu hermano Carícaten nos envía y díjonos: «Tomá este pescado y llevádselo a mi hermano Aramen para que coma con mazamorras.» Y diole las gracias Aramen y díjole: «Estese ahí, asentaos y sacaros han de comer.» Y sacáronles de comer y después de comer pidieron licencia que se querían ir, diciendo que ya habían comido. Y díjoles Aramen: «Esperad y buscaros he algunas mantas que llevéis y camisetas que os pongáis vosotros.» Y salió y los señores suelen tener allí en su casa, su arco y flechas a la puerta, y los isleños tomaron el arco y flechas y armáronle y flecháronle en las espaldas y Aramen como se vido herido saltó de presto por una pared, y fuese huyendo por el monte y echose al pie de una encina herido, y allí murió. Y los isleños asieron de sus hermanas y sacáronlas de casa y atáronlas a todas y metiéronlas en la laguna, a la isla de Xaráquaro, y saludoles Carícaten, y clíjoles: «¿Matástesle?» Respondieron ellos: «Señor, no, mas solamente le flechamos, y no sabemos dónde huyó, y traemos todas sus hermanas.» Y enojose Carícaten con ellos y deshonrolos y díjoles: «¿Quién os dijo que trujesedes sus hermanas? ¡Llevadlas al cu de Puruaten y sacrificaldas y echaldas en la laguna a las bellacas, malas mujeres! Sabiéndolo Taríacuri, sintiólo mucho, y llamó a sus consejeros llamados Chupítani y Tecaqua y Nuriuan y dijo: «Dad acá un plumaje rico, y iréis a Curínguaro, al viejo Chánshori, y llevadle este plumaje que destas plumas hace atavíos para su dios Hurendequauécara. Tiene ochocientas plumas y mil e doscientas de papagayos y de otras plumas coloradas en medio mil e doscientas, y de otros pájaros, dos mil y quatrocientas. Y diréis al viejo Chánshori, que le ruego yo, que me dé pasaje para mí y mi gente, por su tierra, para ir donde está Mahíquasi, señor de Condénbaro, que dicen ques muy valiente hombre, que tengo necesidad de su ayuda. No quiero más, que me dé pasaje para ir a Condénbaro.»
Y partiéronse los mensajeros, y llegaron donde estaba el señor de Condénbaro y saludoles y díjoles: «Seáis bien venidos, chichimecas.» Y ellos a él, así mismo saludaron y pusieron allí el plumaje y dijéronle: «Taríacuri, nuestro señor nos envía.» Y contáronle su embajada, y respondió el señor de Curínguaro: «¿Qué dice nuestro hijo Taríacuri? A dónde ha de ir, ¿al señor de Condénbaro? ¿Es esto de valiente hombre? que es un loco Mahíquasi, que a los que vienen por el camino les da en la cara con las mantas revueltas, y si se enojan los lleva a sacrificar y tiene un atabal de un muslo de hombre y tañe con él, y con un brazo tañe hecho trebejo, y con la calavera de un hombre bebe vino, y así se ha tornado loco y mal hombre. ¿A qué ha de ir allá a él? Véngase aquí, a un pueblo mío, llamado Tupátaro con su gente, y allí trairá a su dios Cuaricaueri. Allí tengo trojes de maíz y de frísoles, de que den ofrendas a Curicaueri y beberá él y su gente de la fuente llamada Xaripitío. Esto es lo que le diréis.» Y así se volvieron los mensajeros. Y ya era partido Taríacuri para ir por Curínguaro, y topáronle por el camino, y díjoles que fuesen bien venidos y contáronle lo que decía el señor de Curínguaro, y Taríacuri consideró y miró para adelante y dijo: «El maíz que dice Chánshori que tomemos y los frísoles que dice, ¿cómo no habemos de tener hijos si después nos lo piden? ¿Dónde lo habemos de haber? ¿Y es suyo lo que dice? ¿No es de su dios Hurendequauécara? Muriendo nosotros, lo pedirán a nuestros hijos. Vení acá; estémonos aquí. Sea tal cual es el lugar que tenemos.» Y hizo su asiento a las espaldas de una sierra, llamada Hoatapexo y hicieron allí cúes y las casas de los papas, y los fogones y casas.