Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XXI. Cómo Taríacuri envió a llamar su hijo Curátame de Curínguaro y de las diferencias que tuvo con él. |
Como supo Taríacuri que su hijo Curátame se andaba emborrachando en Curínguaro, llamó sus viejos y díjoles: «Id por mi hijo Curátame, que dicen que toma ejemplo en los del pueblo en beber, y que nunca lo deja de la boca. Decidle que se venga aquí, a un lugar llamado Xaramu, que allí le he hecho un cu y una casa de los papas, para donde vele». Y fueron por él y vino al dicho lugar llamado Xaramu, y dijo su padre: «Traigan leña primero para los cúes, y después vendrá aquí donde yo estoy, y será señor, y yo me saldré desta casa donde estoy». Y estando allí, nunca hacía sino beber, y las amas que le criaron revolviéronle con su padre, porque les sabía bien el vino, y lo tenían en costumbre beber. Decíanle: «Señor Curátame, cómo dice Taríacuri, mi hijo es Curátame, ¿por qué te quiso traer a este lugar donde te mandó venir? ¿Por qué no te puso en otro lugar llamado Pare-xaripitío, y de allí no está lejos, para que fueras a beber, que harta riqueza tienen los que están en aquel lugar, que beben vino cuando quieren, que hay allí maguéis». Y como le dijesen estas sus amas esto, todo el día, creyolas, y siendo una fiesta de Phurécuta-quaro, a la tarde de la fiesta, entró en su fiesta Taríacuri y Curátame llamo a sus viejos y díjoles: «Id a mi padre, que venga acá por la mañana, que habemos de hablar un poco». Y fueron los viejos, y estaba Taríacuri, en las casas de los papas, a un rincón en su vela, y como vio los viejos, díjoles: «¿A qué venís?» Y dijéronle: «Señor, tu hijo nos envía». Y contáronle su embajada. Respondió el viejo: «Razón tiene mi hijo, porque es señor. Decidle que luego voy por la mañana, y que yo llegaré allá a comer, que aún no le he dado ningunos plumajes; esto le diréis». Y luego en amaneciendo, ataron todos los plumajes que había de llevar a su hijo, y mucha comida, y dijo Taríacuri, a sus mujeres: «Vamos, que allá comeré, en casa de mi hijo: dicen que me llama». Y partiéronse.Y iban delante dél sus viejos, y llevaba unamanta de plumas de patos puesta, y una guirnalda de trébol en la cabeza, y muchos plumajes, que llevaba para su hijo, el cual se había levantado muy de mañana, y había bebido y estaba ya borracho, y andaba bailando dentro de casa. Y como llegase cerca Taríacuri, salióle a recibir su hijo, que se iba cayendo, y iba compuesto de fiesta, sonando con sus cascabeles, y saludó a su padre y díjole que fuese bien venido. Y Tarícauri le dijo: «Estés en buen hora, señor». Y como llegó a su casa, sacole luego de beber y bebió cuatro tazas de vino blanco de maguey, y como no había comido nada, luego se tomo del vino, y emborrachose y díjole Curátame su hijo: «Seas bien venido, padre. Aquí habemos de platicar un poco». Y díjole su padre: «Que me place, hijo, ¿qué quieres decir? Ya sabes como habemos vuelto de la persecución. Todos se juntaron para me perseguir. ¿No es esto lo que quieres decir? ¿Qué más habemos de platicar?» Entonces asiole de la garganta su hijo y dijo: «¿Qué dice este viejo?» Y dio con él un golpe en la pared y díjole: «¿Eres tú el señor? ¿Para qué tienes gana de hablar? Vete a la laguna; vete a la laguna, que isleño eres». Y diole otro golpe y dijo: «¿Por qué tienes soberbia? ¿Eres señor?» Y ensañose Tarícauri, porque era valiente hombre. Díjole: «Sí, así es, yo no soy señor, soy isleño; cómo ¿tú eres señor? Tú de Curínguaro eres, y una parte tienes de un dios Tangachuran: tú, advenedizo eres: vete a tu pueblo de Curínguaro. Yo no soy señor, ni tú eres señor; aquí están los que han de ser señores, que son Hirípan y Tangáxoan. Estos son los señores verdaderos». Y volviose a su casa Tarícauri, y tornaron a traer todo los plumajes que llevaba para dar a su hijo, y no vino a Pátzquaro, mas fuese a un barrio de Pátzquaro, llamado Cutu, donde estaba un principal, llamado Taríachu, y dejole su casa a Taríacuri y vino a Curátame a ser señor en Pátzquaro. Y andaban siempre en el monte Hirípan y Tangáxoan, que traían leña para los cúes. Y pasándose un año, tomó Curátame un malhechor, y al decimoquinto día entró con él para ayunar en la casa de los papas, como tenían costumbre. Y siendo ya la vigilia de la fiesta, llamó Curátame sus viejos y díjoles: «Id a mi padre Tarícauri, que venga a ver mi fiesta y llamá también a mis primos Hirípan y Tangáxoan que vengan a mirar, que quiero salir de ayuno, y verán cómo se prueban este malhechor, y un truhán que han de pelear». Y fueron los viejos a Tarícauri y dijéronle lo que decía su hijo. Respondióles y díjoles: «Decidle que salga, y que baile, que yo voy».Y fuéronse los mensajeros, y llamó Tarícauri todas sus mujeres y díjoles: «madres, ¿a qué han venido aquí? Vamos a la fiesta. ¿Habéis hecho algo de fiesta?» Respondieron ellas: «Sí señor.» Y trujéronle a mostrar lo que habían hecho; muchas maneras de pan y muchas frutas. Y llamó sus viejos Chupítani, Tecacua y Nuriuan, y díjoles: «Vení acá, a ver cuál es mejor, la fiesta que nos venieron a decir, o esto todo que está aquí: todos estos mantenimientos.» Respondieron ellos: «Señor, aquélla es sino una fiesta que se cansan de mirar, y hace viento que ciega los ojos, y todo el regocijo es sino una mañana, y esta comida muy mayor cosa es. ¿Quién se podrá sufrir sin comer? Que todo esto es como leche con que se crían los hombres. ¿Quién se podrá sufrir un día y una noche sin comer? ¿Quién podrá dormir? Aunque sea un niño que anda a gatas, dándole un pedazo de pan lo come.» Dijoles Taríacuri: «Así es la verdad. Vení acá, mujeres, y torná a meter esta comida en casa. Vamos nosotros al barrio llamado Tzacapu-hacurucuyo, allí seremos espías, porque no vengan nuestros enemigos de la laguna, y entre tanto hará su fiesta el que es señor y dé de comer a los dioses y nosotros nuestra fiesta e ser espías de los isleños.» Hirípan y Tangáxoan tampoco fueron a la fiesta, mas fuéronse a un monte llamado Xanoato-hucatzio a tener allá su fiesta, en esperar sus enemigos de la isla, mientras hacía su fiesta Curátame. Y dijeron: «Ya se lo habrá hecho saber nuestro tío; él irá a la fiesta. ¿Para qué quiere que veamos su fiesta Curátame?» Y fuéronse con toda la gente de guerra, y llevaban dos banderas, y ya era partido Taríacuri por otro camino, y llegose con los suyos al pie del monte del barrio llamado Tzacapu-hacurucuyo, y dijeron los viejos de Tarícauri: «Tornemos algunos espías de nosotros, y pondrémonos a trechos para atalayar, para ver por dónde vienen los isleños, porque no nos tomen aquí como muchachos, pues estamos aquí con mujeres.» Y tomaron algunos que fuesen a ser atalayas, y siendo ya hora de comer, dijeron Hirípan y Tangáxoan que estaban en sus celadas, una de aquel lugar donde estaba Taríacuri con los suyos, holgándose: «Levantemos a nuestro dios Curicaueri, que ya es medio día, porque no tengamos nosotros la culpa desto.» Y juntáronse todos, y pusiéronse unos cobertores de hierba encima de las cabezas, y venían todos en dos alas por dos caminos hacia el pueblo, y viéronlos venir los viejos que estaban en atalaya, y dieron voces que venían sus enemigos que lo fuesen a decir a Taríacuri, que se fuese delante por amor de las mujeres: que venían dos escuadrones, y venían encobiertos las cabezas con hierba, y venían agachados. Y las mujeres, como oyeron estas nuevas, que no las habían acabado de decir, huyeron todas por muchas partes hacia el pueblo, y levantaron gran polvareda a la ida, y había gran ruido en liar las alhajas y xicalas que tenían para dar de comer, y miraron desde lo alto de la cuesta Hirípan y Tangáxoan, y echaron de las cabezas la hierba con que venían cubiertos, y pensaron que eran sus enemigos, que les tenían alguna celada, viendo el polvo, que se levantaba. Y levantaron sus banderas y conosciendo las banderas las espías, dijeron: «De los nuestros son: ídselo a decir a Taríacuri porque no caigan las mujeres y se lisien, que no son sino Hirípan y Tangáxoan.» Y oyéndolo Taríacuri, tomóle gran risa, y dijo a sus mujeres: «Sosegad, madres, que no son sino mis sobrinos». Y riendo mucho, dijo: «¿Por qué no somos más esforzados? Id a rescebir a mis sobrinos, y decidles que aguijen el paso.» Y llegaron Hirípan y Tangáxoan donde estaba Taríacuri, y saludólos su tío. Y traían las espaldas desolladas de las ramas por donde entraban, que era monte, y no venía toda la gente. Y díjoles Taríacuri: «Gran miedo nos tomó a todos con vuestras madres. Mirá qué esforzados somos, que pensamos que érades de la laguna.» Dijeron ellos: «Ya lo vimos, señor.» Y dijo Taríacuri a sus mujeres: «Madres, ¿no sobró algo de la comida que se perdió?» Y dijeron ellas que sí había sobrado. Y díjoles Taríacuri que lo trujesen, que sus sobrinos venían muertos de hambre, y que comerían todos. Y trujeron de comer de muchas maneras de comidas a Taríacuri y comía aparte, y mandó llevar de comer a sus sobrinos y comieron. Después de comer, llamólos y díjoles: «Vení acá, hijos. ¿Cómo venís tan pocos? ¿Cómo, no sois más?» Respondieron ellos: «Señor, partímonos en dos partes.» Y díjoles Taríacuri: «¿No os hicieron saber de la fiesta de Curátame?» Dijeron ellos: «Sí señor. Ya nos lo hecieron saber, y nosotros dijimos: «¡Vámonos a tener nuestra fiesta a otra parte, entre tanto que el señor hace su fiesta.» Díjoles Taríacuri: «Por eso vine yo también aquí, por no hallarme en su fiesta.» Díjoles: «Hijos, id allá, que aún es de mañana, que sois mancebos, y tenéis vista, y veréis los juegos y estaréis allá mañana, y esotro día os vendréis, y al cuarto día, vendréis donde yo estoy, y no se os olvide, hijos.» Dijeron ellos: «Señor, no habemos de ir allá, ¿dónde habemos de estar?, que anda mucha gente común, y todos se orinan por allí, que hiede todo aquel lugar, y todo anda revuelto de mujeres. Allí nos queremos ir, donde nos heciste el cu y la casas de los papas. Sobiremos al monte a hacer rajas para los fogones, y estaremos estos días en las casas de los papas en vela.» Díjoles Taríacuri: «Señores Hirípan y Tangáxoan, ¿dicislo de verdad?» Dijeron ellos: «De verdad lo decimos.» Y dijo Taríacuri a sus mujeres: «Madres: apartaos, que mis hijos quieren hablar un poco.» Y díjoles: «Llegaos acá, Hirípan y Tangáxoan, ¿decís de verdad lo que dejistes?» Dijeron ellos: «De verdad lo decimos.» Díjoles Taríacuri: «Mirá que si no lo decís de verdad, que no viviréis mucho tiempo. Mirá, pues, si lo decís de verdad.» Y ellos oyendo esto, paráronse cabizcachos y maravilláronse.