Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XV. Cómo se casó Taríacuri con una hija del señor de Curínguaro y fue mala mujer. |
Pasándose algunos días, el señor de Curínguaro, llamó a sus hijos, y díjoles: «¿Qué haremos? Mirá qué os parece; decidlo que yo os oiré. Ya sabéis cómo Taríacuri tiene a Curicaueri que es gran dios. ¿No seria bueno que le llevasen vuestra hermana? Y dijeron los hijos: «Bien han dicho, señor, ¿qué habemos de decir nosotros? Basta tu parescer que es bueno.» Y como concertó de dársela por mujer a Taríacuri llamó unos viejos y dijoles: «Llevá esta mi hija a Taríacuri de mi parte.» Y mandóles lo que habían de decir, y dijo a la hija, avisándola: «Oyeme lo que te quiero decir: No te apartes de tu marido, mas está de continuo con él, y trátete como quisiere, no le digas nada, y placerá a los dioses, que tuviesen un hijo dél, y así le quitaríamos a Curicaueri, ques muy gran dios, que fueron engendrados Urendequauécara nuestro dios, y él juntos.» Y llevaron aquella señora los viejos a Taríacuri, y como los vio Tariacuri díjoles: «Seáis bien venidos.» Y estaba a la sazón Taríacuri en un lugar llamado Zimbani, haciendo flechas y saludáronle los viejos dijéronle: «Tu padre Chánshori nos envía, y díjonos: «Vení acá, y llevaréis esta mi hija a Taríacuri para que le reciba el arco y flechas cuando veniere de fuera, y como andará trayendo leña todo el día, cuando vuelva a casa, le recibirá la hacha y el petate de las espaldas, y hará mantas para Curicaueri, y después para él, y ofrendas a Curicaueri, y después hará para él, porque tenga fuerza para ir a los dioses de los montes. Para esto traemos esta señora que está aquí.» Respondióles Taríacuri: «Traigaisla en buen hora, y esto que me habéis dicho, no lo habéis dicho a mi, sino a Curicaueri nuestro dios. Asentaos y datos han de comer.» Y trujiéronles de comer y pidieron licencia. Díjoles Taríacuri: «Esperad y buscareos algunas mantas y camisetas que llevéis vestidas, y decidle a vuestro padre cómo la rescibí.» Y volviéronse los mensajeros y la señora entró en casa de Taríacuri. Y después de algunos días, hízose preñada aquella señora y ella íbase muchas veces a Curínguaro, sin licencia, y traíanla emborrachando por las casas de los papas, sus amigos, y yéndose una vez, nunca más tornó. Y vino Taríacuri de traer leña para los cúes, y sacábale de comer solamente una tía de Taríacuri y, comió y dijo: «Llamad a mi tía.» Y díjole Taríacuri: «¿Qué es de la señora de Curínguaro? ¿Fuese a su casa para nunca volver? ¿No viene alguna vez?» Respondióle su tía: «Señor, nunca viene, ni aun envía mensajero.» Díjole Taríacuri: «Tía, ¿no sería bueno que fueses por ella? Dijo su tía: «Ya señor, ya que vaya, ¿qué les diré? De ir, yo iré, ¿por qué no tenía de ir? Ya que vaya, no me la dará su padre. ¿No sería mejor, señor, que fueses tú y vendríaste en la tarde?» Y respondióle Taríacuri y díjole: «Dices la verdad, tía. Yo quiero ir: vamos, cierto que habemos de ir.» Y dijéronle los suyos. «Vamos, señor.» Y partiéronse. Iban a Zirimbanangatacuyo derechos, y tomaron allí un venado, y tomó toda la gente mucha rama y leña, que iban en dos procesiones, y llegaron así al pueblo y llevaban el venado delante, y hicieron un gran fuego que se alzó una gran llama y humo cabe la trox del dios Urendequauécara de Curínguaro, y sacrificaron aquel venado al pie de la trox y atáronle y pusiéronle a las espaldas. Y ya había rato que se estaban emborrachando todos los hermanos y parientes de Chánshori señor de Curínguaro, y todas sus mujeres, y saludóle Chánshori su suegro y díjoles: «Seáis bien venido, padre de Curátame», que se llamaba así su nieto, el hijo de Taríacuri, y saludole así mismo Taríacuri a su suegro, y díjole su suegro: «Muy bien; me contenta como vienes y la caza que trais. Cierto que eres mi hijo. Desuéllate tú que no sabemos nosotros, y con él quitaremos la embriaguez.» Y descuartizóle Taríacuri y él mesmo asaba del venado para su suegro que andaba sudando, y dióles a todos unos torreznos o pedazos del venado asado, y díjole su suegro: «Pues hijo, ¿por qué no trujiste tu mujer contigo?¿Por qué eres tan celoso?, y comiéramos aquí todos y estuviéramos aquí en conversación un poco.» Díjole Taríacuri: «No la truje que no venía a entrar en tu casa, mas vine a dar ofrenda de leña a Urendequauécara, y por esto, sólo vine a entrar en tu casa por el venado que tomamos cabe Zirímbaro. Allí le sacrifiqué, y por eso vine acá.» Díjole su suegro: «Bebe, que yo te quiero dar a beber.» Dijo Taríacuri: «No tengo de beber, que me tomo luego del vino, y caireme aquí encima de vosotros porque me tomo muy malamente.» Y enojose Taríacuri, y tomó su arco y flechas, y saliose fuera de la casa, sin licencia, y dijo su suegro: «Qué, ¿se va ensañado a su casa Taríacuri?» Y no sé cómo lo supo con su cuñado llamado Huresqua, y salióle al camino y saludáronse. Díjole el cuñado: «Por qué te vuelves tan presto, señor? ¿Cómo no beben vino?» Respondió Taríacuri: «Sí señor, y me querían dar de beber, y en llegando, que llegué lo primero que me dijeron fue preguntarme por tu hermana, la cual yo no he visto ni hallo. ¿Cómo no está aquí con vosotros? Que mucho ha ya que se vino. E yo vine agora por ella. Vosotros la habíades de monestar, y no me habíades de preguntar por ella, pues que la distes a Curicaueri cuando la casastes conmigo.» Respondió su cuñado: «Así es la verdad, señor, y quizá es de cierto venida. Yo quiero ir allá y preguntarémoslo unos a otros y los viejos la tornarán a tu casa.» Partiose Taríacuri, y su cuñado se entró en casa y fue donde estaba su padre, y el padre le saludó, y el hijo a su padre Chánshori y díjole: «Pedistes a Taríacuri mi hermana, y él viene por ella, que ha mucho que se vino.» Y llamó Chánshori a las mujeres de su casa y díjoles: «Mujeres, ¿habéis visto a la mujer de Taríacuri?» Y ellas respondieron: «Señor, no la habemos visto.» Dijo el viejo Chánshori: «¿Quién le dijo que se apartase de su marido? Id a buscalla.» Y sabiéndolo la mujer, que la andaban a buscar, vínose ella a su casa, y entró en su aposento, y asentose. Y llegaron a ella los de casa y dijéronle: «Levántate, señora, que te llama tu padre.» Y llevaronla a su padre, que llevaba los bezos sucios del vino que había bebido y toda la cara intiznada y díjole su padre: «Ven acá, tú,¿dónde andas, quel pobre de tu marido sollozando vino por ti? ¿Qué mucho ha que te veniste? ¿Quién te dijo que te apartaras dél?» Respondió ella: «Así es la verdad, padre, que me vine de enojada, que no sé lo que se dice Taríacuri. Nunca me había de enojar de lo que cada día me decíe haciendo flechas; dicíe ques valiente hombre. Y toma la flecha en la mano y muestrámela diciendo: «Mira, mira, mujer, con éstas tengo de matar todos tus hermanos y parientes. ¿Cómo, son valientes hombres? ¿Son ligeros? ¿Para qué se quieren poner bezotes? ¿Es por ventura bezote el que se ponen? ¿No es un palo que se ponen allí? ¿Son esforzados? ¿No son mujeres? Y las guirnaldas de trébol que se ponen en la cabeza no son sino cintas de mujeres que se ponen por el cabello. Las orejeras de oro no son orejeras de oro mas de zarcillos de mujeres. ¿Por qué no se las quitan y se ponen zarcillos? Y lo labrado que tienen en las espaldas no es dé valientes hombres, mas labores de mujeres. Y las camisetas que traen, no son sino mantas de mujeres y sayas. ¿Para qué traían los cueros de tigres en las muñecas? ¿Son por ventura valientes hombres? Mejor harían de comprar sartales para ponerse en las muñecas, [...] y las otras insinias que traen de valientes hombres y los máxtiles que traen que no son máxtiles, mas sayas y fajas de mujeres. Y los arcos que traen no son arcos, mas telares de mujeres; y las flechas no son sino lanzaderas y husos de mujeres. ¿Son por ventura de valientes hombres? Yo los mataré y acabaré a todos. Mira, mira, mujer, con éstas les tengo de flechar.» Esto es lo que me dice Taríacuri. No hay día que deje de decir esto, cada vez que hace flechas. ¿Cómo nunca me tenía de enojar de oír hablar siempre una cosa? Y de verdad que me vine por amor de mis hermanos.» Oyendo esto su padre, enojose. Dijo: «Mira, qué dice. ¿Por qué ha de decir esto Taríacuri? Cómo, ¿no son estas palabras de mujeres?» Y llamó los viejos y díjoles: «Llevad ésta a su marido.» Y tornáronla a traer a su casa. Y de camino, fuése a un lugar llamado Itzi parámucu, a sus amigos, que tenían con ella conversación, uno llamado Xorópeti y otro Tareque-Zinguata. Y luego, como la vieron, en llegando, la emborracharon y cometieron adulterio con ella, como solían. A la mañana vino Taríacuri de traer leña para los cúes, y asentóse en un portal y trujéronle de comer, y ella llegó entonces a la puerta, y habíase bañado: llevaba en la mano una xical de pescado, y miraba, y parábase muchas veces a la puerta como quien ha hecho algún mal, y de rato en rato acechaba para querer entrar, y ataviábase las naguas apretándolas, y juntaba las manos, estregándolas una con otra, y determinóse de entrar, y como entró, puso allí el pescado donde estaba Taríacuri, y dijole: «Señor, seas bien venido.» Y él le respondió: «Señora, tú también seas bien venida.» Y dijo ella: «Ay señor, que fui a comprar un poco de pescado.» Y entróse hacia dentro, y como volviese las espaldas, paróse a una entrada de una puerta y llamó Taríacuri y dijo: «Hora venga mi tía.» Y respondió su tía que estaba allí y díjole Taríacuri: «Ven acá y lleva este pescado y cuécelo todo, nosotros ¿qué habemos de comer pescado del burdel? [...] ¿Habíamos de comer este pescado?» Y la mujer estaba a la puerta escuchando y tornó a decir Taríacuri: «Llevadlo todo y coceldo y queden algunos pocos para que pongamos ofrenda dello a Curiacuri. Esta afrenta no se ha hecho a mí, sino a Curicaueri.» Y entróse en casa su mujer y Taríacuri tornó al monte por leña para los fogones.