Relación de Michoacán

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plusRelación de las ceremonias y ritos y población y gobierno de los indios de la provincia de Mechuacan.
Jerónimo de Alcalá (1508-1545).

plusPresentación - Prólogo

plusPrimera Parte

plusSegunda Parte

I. Siguese la historia. Cómo fueron señores el cazonci y sus antepasados en esta provincia de Mechuacán. De la justicia general que se hacía.

II. De cómo empezaron a poblar los antecesores del cazonci.

III. De cómo mataron en este lugar sus cuñados a este señor llamado Ticátame.

IV. Cómo en tiempo destos dos señores postreros tuvo su cu Xarátanga en Uayameo y cómo se dividieron todos por un agüero.

V. De cómo los dos hermanos señores de los cbichimecas hicieron su vivienda cerca de Pátzcuaro, y tomaron una hija de un pescador y se casó uno dellos con ella.

VI. Cómo los señores de la laguna supieron de la mujer que llevaron los chichimecas, y cómo les dieron sus hijas por mujeres.

VII. Cómo hallaron el lugar deputado para sus cúes y cómo pelearon con los de Curínguaro, y los desafiaron.

VIII. Cómo enviaron los de Curínguaro una vieja con engaño a saber si murieron de las heridas los señores de los chichimecas, y cómo los quisieron matar por engaño los de Curínguaro en una celada.

IX. Cómo los de Curínguaro quisieron matar a los señores de los chichimecas en una celada, e se libraron della y después murieron en otra celada.

X. Cómo le avisaban y enseñaban los sacerdotes susodichos a Tariacurí (Tariacuri), y cómo puso flechas en los términos de sus enemigos.

XI. Cómo el señor de la isla, llamado Carícaten, pidió socorro a otro señor llamado Zurunban contra Taríacuri, que le tenía cercado en su isla, y fue enviado un sacerdote llamado Naca a hacer gente de guerra.

XII. Cómo Quarácuri avisó a Taríacuri y fue tomado el sacerdote Naca en una celada.

XIII. Cómo Taríacuri mandó cocer a Naca y le dio a comer a sus enemigos.

XIV. Cómo Zurumban hizo deshacer las casas a los de Taríacuri, y cómo fueron flechados dos señores primos de Taríacuri y sacrificadas sus hermanas.

XV. Cómo se casó Taríacuri con una hija del señor de Curínguaro y fue mala mujer.

XVI. Cómo venieron los amigos desta mujer y como se emborracharon con ella y de la falsedad que levantaron a Taríacuri.

XVII. Cómo Taríacuri sintió mucho, cómo no le guardaba lealtad su mujer, y cómo se casó con otra por consejo de una su tía.

XVIII. Cómo se sintió afrentado el suegro primero de Taríacuri porque dejó su hija, y le tomó un cu y fueron sacrificados los enemigos de Taríacuri.

XIX. Cómo los cuñados de Taríacuri de la mujer primera de Curínguaro le enviaron a pedirplumajes ricos, y oro, plata, y otras cosas, y de la respuesta que dio a los mensajeros.

XX. Cómo Taríacuri buscaba sus sobrinos Hirípan y Tangáxoan que se habían ido a otra parte, y de la pobreza que tenía su madre con ellos.

XXI. Cómo Taríacuri envió a llamar su hijo Curátame de Curínguaro y de las diferencias que tuvo con él.

XXII. Cómo Taríacuri avisó a sus sobrinos y les dijo cómo habían de ser señores y cómo había de ser todo un senorio y un reino por el poco servicio que hacían a los dioses los otros pueblos y por los agüeros que habían tenido.

XXIII. Cómo los isleños enviaron un principal llamado Zapiuátame a ponerse debajo del mando de Taríacuri y fue preso, y cómo andaban haciendo saltos Hirípan y Tangáxoan con su gente.

XXIV. Cómo Curátame envió por Hirípan y Tangáxoan que hacían penitencia en una cueva y de la respuesta que dieron.

XXV. Cómo Taríacuri dio a su sobrinos y hijo una parte de su dios Curicaueri, y cómo los quiso flechar, por unos cúes que hicieron, y de la costumbre que tenían los señores entre sí, antes que muriesen.

XXVI. Cómo Taríacuri mandó matar su híjo Curátame, a Hirípan y Tangáxoan, porque se emborrachaba: y le mataron después de borracho.

XXVII. Cómo aparescieron entre sueños el dios Curicaueri a Hirípan, y la diosa Xaratanga a Tangáxoan y les dijeron que habían de ser señores.

XXVIII. Cómo los del pueblo de Itziparamucu pidieron ayuda a los de Curínguaro y del agüero que tuvieron los de Itzi-parámucu.

XXIX. Cómo Taríacuri envió sus sobrinos amonestar y avisar un cuñado suyo, que no se emborrachase, y cómo los rescibió mal, y a la vuelta lo que le aconteció a Hirípan con un árbol en el monte.

XXX. Cómo Taríacuri mostró a sus sobrinos y hijo la manera que habían de tener en la guerra y cómo les señaló tres señoríos y cómo destruyeron el pueblo a aquel señor llamado Hiuacba.

XXXI. Cómo Hirípan y Tangáxoan y Hiquíngare conquistaron toda la provincia con los isleños, y cómo la repartieron entre sí y de lo que ordenaron.

XXXII. De la plática y razonamiento que hacía el sacerdote mayor a todos los señores y gente de la provincia, acabando esta historia pasada, diciendo la vida que habían tenido sus antepasados.

XXXIII. De un hijo de Taríacuri llamado Tamapu-cbeca que cativaron y cómo lo mandó matar su padre.

XXXIV. De cómo fue muerto un señor de Curínguaro por una hija de Taríacuri.

XXXV. De los señores que hubo después de muertos Hirípan y Tangáxoan y Hiquíngare.

plusTercera Parte

I. De la gobernación que tenía y tiene esta gente entre sí.

II. En los cúes había estos sacerdotes siguientes.

III. De los oficíos de dentro de su casa del cazonci.

IV. De las entradas que hacían en los pueblos de sus enemigos.

V. Cómo destruían o combatían los pueblos.

VI. Cuando metían alguna población a fuego y sangre.

VII. De los que murían en la guerra.

VIII. De la justicia que hacía el cazonci.

IX. De la muerte de los caciques y cómo se ponían otros.

X. De la manera que se casaban los señores.

XI. Los señores entre sí, se casaban desta manera.

XII. De la manera que se casaba, la gente baja.

XIII. Síguese más del casamiento destos infieles en su tiempo.

XIV. De los que se casaban por amores.

XV. Del repudio.

XVI. Cómo muría el cazonci y las cirimonias con que le enterraban.

XVII. Cómo hacían otro señor y los parlamentos que hacían.

XVIII. Razonamiento del Papa y sacerdote mayor y del presente que traían al cazonci nuevo.

XIX. De los agüeros que tuvo esta gente y sueños, antes que viniesen los españoles a esta provincia.

XX. De la venida de los españoles a esta provincia, según me lo contó don Pedro, que es agora gobernador, y se halló en todo, y como Montezuma, señor de México, invió a pedir socorro al cazonci Zuangua, padre del que murió agora.

XXI. Cómo echaban sus juicios, quién era la gente que venía y los venados que traían según su manera de decir.

XXII. Cómo volvieron los nautlatos que habían ido a México y las nuevas que trujeron, y cómo murió luego Zuangua de las viruelas y sarampión.

XXIII. Cómo alzaron otro rey y vinieron tres españoles a Mechuacán y cómo los recibieron.

XXIV. Cómo oyeron decir de la venida de los españoles, y cómo mandó hacer gente de guerra el cazonci, y, cómo fue tomado don Pedro que la iba a hacer a Taximaroa.

XXV. Cómo el cazonci con otros señores se querían ahogar en la laguna de miedo de los españoles por persuación de unos prencipales y se lo estorbó don Pedro.

XXVI. Del tesoro grande que tenía el cazonci, y dónde lo tenía repartido; y cómo llevó don Pedro al marqués docientas cargas de oro y plata, y, de cómo mandó matar el cazonci unos principales porque le habían querido matar.

XXVII. De lo que decían los indios luego que vinieron españoles y religiosos y de lo que trataban entre sí.

XXVIII. Cómo fue preso el cazonci y del oro y plata que dio a Nuño de Guzmán. Esta relación es de don Pedro Gobernador.

XXIX. Cómo vino Nuño de Guzmán a conquistar a Xalisco y [...] hizo quemar el cazonci.

SEGUNDA PARTE

XVIII. Cómo se sintió afrentado el suegro primero de Taríacuri porque dejó su hija, y le tomó un cu y fueron sacrificados los enemigos de Taríacuri.

Era fiesta de Sicuíndiro cuando renovaban los cúes de Curicaueri, y tomó Taríacuri algunos esclavos, y metiolos en las casas de los papas, para velar con ellos en la vigilia de la fiesta. Y estaba Taríacuri a la puerta de las casas de los papas, y el viejo Chánshori, suegro primero de Taríacuri, enojose porque había tomado otras mujeres, y había dejado su hija y dijo: «¿Qué soberbia es esta de Taríacuri? Qué afrenta nos ha hecho tan grande.» Y dijo a su gente: «Taríacuri, la tierra que tiene no es suya.» Y ezió sacerdotes, y tomó algunas mantas de los atavíos de su dios Hurendequauécara, y compusiéronse los sacerdotes, y tomaron su dios a cuestas y iban tocando sus trompetas, y vinieron así al asiento que tenía Taríacuri, llamado Hoataro-pexo, donde tenía a Curicaueri su dios, en un cu, que le habían hecho allí. Solía esta gente, a su tiempo, cuando los enviaba al cazonci a otro señor, a morar a otra parte, los que iban llevaban alguna piedra, que estaba con su dios, o parte dél, y donde asentaban, punían nombre del dios que llevaban de sus pueblos, y le decían las mismas fábulas y hacían las mismas fiestas que en sus pueblos propios. Y como llegaron los de Curínguaro, tomaron el bulto de Curicaueri, y echáronle a un rincón, y dijeron: «Este cu no es de Curicaeuri, más de nuestro dios Hurendequauécara. Y pintáronle blanquebol, como solían pintar los cúes de Hurendequauécara, y la casa de los papas enalmagraron. Y tomaron los esclavos que tenían para el sacrificio de Curicaueri, y sacrificáronlos a Huredequauécara, y levantáronse de allí todos los chichimecas, y fuéronse a un monte llamado Upapohoato, donde hicieron otros cúes. Y llamó Taríacuri, a sus viejos, llamados Chupítani, Tecaqua, Nuriuan, y díjoles: «Tomad una carga de hachas de cobre bañado muy amarillo, y llevadlo a Urendequauécara, dios de Curíguaro, para que destas hachas le haga cascabeles para sus atavíos, y decid al viejo Chánshori, que le ruego yo, que me preste o venda un pedazo de tierra para poner a mi dios Curicaueri, pues que sabe ques todo pedregales, donde estoy.» Y fueron los viejos a Chánshori, y llegando allá, saludolos, y dijéronle su embajada, y respondió Chánshori: «Decid a Taríacuri, que esté en el lugar que está, que aunque sea pedregales, que todo es buena tierra: que allí primero se hace y granan los maizales, que en otra parte, y los melones, y las semillas de bledos, y que no llegue a Cuinuzeo ni a Tepame-caraho, porque hago una sementera para hacer vino a mi dios Hurendequeauécara: esto le diréis y que beba del arroyo llamado Curingue.» Y vinieron los viejos con el mensaje a Taríacuri, y dijo Taríacuri: «Pues estémonos aquí, pues es tan mezquino y ingrato Chánshori.» Y estuvo allí algunos días, y no se sabe por qué, tomó Taríacuri a Curicaueri, y fue de allí con toda su gente a un lugar llamado Urexo. Allí hizo hacer un cu de céspedes, y tornaron los de Curínguaro a querer destruir a Taríacuri, y llevaron su gente de guerra y cercaron a Taríacuri y allí dio Curcaueri, a sus enemigos, camorras y embriaguez, y estropezamiento. Y empezaron a andar desatinados los enemigos, y cayeron todos en el suelo, y abrazábanse unos con otros, y ansi iban al pie del cu, donde unas viejas los subían al cu, que no los tomaban hombres, y allí los sacrificaban los sacerdotes de Curicaueri que estuvieron todo un día sacrificando, y llegaba la sangre al pie del cu, y después iba un arroyo de sangre por el patio, y pusieron en unos varales las cabezas de los sacrificados, que hacía gran sombra, y dijo Taríacuri: «Vení acá, viejos.» Y díjoles: «Si mi mujer, la hija del señor de Curínguaro, fuera varón, muy valiente hombre fuera, que ahora, con ser mujer, ha hecho matar de sus hermanos y tíos y su agüelo. Ha dado en este día de comer a los dioses y les ha aplacado los estómagos. ¡Valiente hombre ha sido mi mujer!» Quiso decir Taríacuri, en estas palabras, que por su mujer había empezado aquella guerra, en la cual su dios Curicaueri había desatinado a sus enemigos, y que ella había sido la causa, y que si fuera varón como era mujer, que hubiera más muertos. Y levantóse de aquel lugar Taríacuri, y fuese a un lugar llamado Querenda-angangueo y no fue con él su tía, y dijeron los de Curínguaro: «¿Qué es esto que ha hecho hoy Taríacuri en nuestra gente? Nunca olvidaremos esta injuria.» Entonces enviaron espías, diciendo que estaba en lugares muy fragosos, y vinieron las espías y no podían llegar, y tornáronse y contrahicieron los adives y leones y lechuzas, y otros pájaros llamados purucuzi. Y venían ansí escuchando hasta el lado de las casas, y venía por espía el hijo de Zurumban, y no dijo nada desto, aunque lo vio, y entraba en casa de Taríacuri, por lo que Taríacuri y su padre habían hablado que eran amigos. Y comían juntos, él y Taríacuri, y emborracháronse entrambos, y como hobiese bebido salió de casa y iba por los herbazales para espiar por donde había de venir la gente. Y la tía de Taríacuri no sé dónde lo supo, y entró dentro en casa, y como la vio Taríacuri, saludóla y díjole: «¿Pues qué hay, señora tía?» Y estaba Taríacuri arrimado a una parte de la puerta, y el hijo de Zurumban llamado Tzintzuni, a otra parte, y teníanles puesto de comer a cada uno, por sí, a su parte, y el vino estaba junto a ellos, y tornóle a decir Taríacuri: «¿Pues qué es, señora tía?» Entonces díjole su tía: «Una cosa he sabido, que se dice, que los de Curínguaro nos han de destruir, y dicen que han venido a poner espías, y que se tornan leones y adives, sabiendo en los lugares fragosos que estamos, y que dicen que no se le da nada dello al hijo de Zurumban, y él entra en tu casa y coméis en uno y bebéis juntos, y que sale fuera en achaque de orinar, y va por los herbazales, donde están las espías, a ver cómo viene la gente de guerra.» Oyendo esto Taríacuri, enojose y reprendió a su tía, diciendo: «Mirá qué dice esta vieja, ¿quién ha de andar espiando? Este señor que está aquí comiendo conmigo, se llama Tzintzuni, hijo de Zurumban: aquí estamos juntos; vete de ahí con lo que vienes.» Respondió su tía: «Así es la verdad señor, que estáis juntos; quedaos en buen hora.» Y salióse enojada y oyendo esto el hijo de Zurumban, sintiose mucho y díjole Taríacuri, que no rescebiese pena, que aquella vieja no sabía lo que se decía que eran nuevas que había oído por ahí. Y dijo el hijo de Zurumban: «Señor, ¿cómo no tengo de tener pena de oír lo que he oído? Ya no podré sosegar.» Y salió fuera Taríacuri, y trújole cinco cargas de pescado y díjole: «Señor, pues vete a tu casa, no tengas pena; lleva este pescado para dar a tus hijos, llegando a tu casa.» Y respondió el hijo de Zurumban y dijo: «Sea así, señor.» Y fuese a su casa, y tomó Taríacuri su dios Curicaueri, y su gente y fuese tras él. Y supo de su venida Zurumban su suegro, y saliole a rescebir al camino, y saludáronse, y Zurumban fingiendo que lloraba de compasión de su yerno, untose la cara con saliva y díjole que viniese en buen hora. Y llegando a su casa le dijo: «Aquí en este lugar no hay leña, para que traigas para los cúes; la cual tú todo el día traes y toda la noche. Ya ves tú que aquí no hay monte; vete a un lugar llamado Uacapu, donde es señor Anachurichezi, y allí trairás leña para los cúes.» Y fuese con su gente Taríacuri, al susodicho pueblo llamado Uacapu, y rescibióle el señor de allí, y estuvo allí algunos días, y tomando de allí a Curicaueri, fuese a otro pueblo llamado Zurumu-hucápeo, a un señor llamado Atapetzi, y aquel también le rescibió, y estuvo allí algunos días. Y tomando de allí a Curicaueri, se fue con su gente a un lugar llamado Santángel, a un señor llamado Hapariya que de verdad le rescibió y le hizo un cu y las casas de los papas y una casa, y allí traía leña Taríacuri para los cúes con su gente y hizo allí su asiento.

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