Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XVIII. Cómo se sintió afrentado el suegro primero de Taríacuri porque dejó su hija, y le tomó un cu y fueron sacrificados los enemigos de Taríacuri. |
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Era fiesta de Sicuíndiro cuando renovaban los cúes de Curicaueri, y tomó Taríacuri algunos esclavos, y metiolos en las casas de los papas, para velar con ellos en la vigilia de la fiesta. Y estaba Taríacuri a la puerta de las casas de los papas, y el viejo Chánshori, suegro primero de Taríacuri, enojose porque había tomado otras mujeres, y había dejado su hija y dijo: «¿Qué soberbia es esta de Taríacuri? Qué afrenta nos ha hecho tan grande.» Y dijo a su gente: «Taríacuri, la tierra que tiene no es suya.» Y ezió sacerdotes, y tomó algunas mantas de los atavíos de su dios Hurendequauécara, y compusiéronse los sacerdotes, y tomaron su dios a cuestas y iban tocando sus trompetas, y vinieron así al asiento que tenía Taríacuri, llamado Hoataro-pexo, donde tenía a Curicaueri su dios, en un cu, que le habían hecho allí. Solía esta gente, a su tiempo, cuando los enviaba al cazonci a otro señor, a morar a otra parte, los que iban llevaban alguna piedra, que estaba con su dios, o parte dél, y donde asentaban, punían nombre del dios que llevaban de sus pueblos, y le decían las mismas fábulas y hacían las mismas fiestas que en sus pueblos propios. Y como llegaron los de Curínguaro, tomaron el bulto de Curicaueri, y echáronle a un rincón, y dijeron: «Este cu no es de Curicaeuri, más de nuestro dios Hurendequauécara. Y pintáronle blanquebol, como solían pintar los cúes de Hurendequauécara, y la casa de los papas enalmagraron. Y tomaron los esclavos que tenían para el sacrificio de Curicaueri, y sacrificáronlos a Huredequauécara, y levantáronse de allí todos los chichimecas, y fuéronse a un monte llamado Upapohoato, donde hicieron otros cúes. Y llamó Taríacuri, a sus viejos, llamados Chupítani, Tecaqua, Nuriuan, y díjoles: «Tomad una carga de hachas de cobre bañado muy amarillo, y llevadlo a Urendequauécara, dios de Curíguaro, para que destas hachas le haga cascabeles para sus atavíos, y decid al viejo Chánshori, que le ruego yo, que me preste o venda un pedazo de tierra para poner a mi dios Curicaueri, pues que sabe ques todo pedregales, donde estoy.» Y fueron los viejos a Chánshori, y llegando allá, saludolos, y dijéronle su embajada, y respondió Chánshori: «Decid a Taríacuri, que esté en el lugar que está, que aunque sea pedregales, que todo es buena tierra: que allí primero se hace y granan los maizales, que en otra parte, y los melones, y las semillas de bledos, y que no llegue a Cuinuzeo ni a Tepame-caraho, porque hago una sementera para hacer vino a mi dios Hurendequeauécara: esto le diréis y que beba del arroyo llamado Curingue.» Y vinieron los viejos con el mensaje a Taríacuri, y dijo Taríacuri: «Pues estémonos aquí, pues es tan mezquino y ingrato Chánshori.» Y estuvo allí algunos días, y no se sabe por qué, tomó Taríacuri a Curicaueri, y fue de allí con toda su gente a un lugar llamado Urexo. Allí hizo hacer un cu de céspedes, y tornaron los de Curínguaro a querer destruir a Taríacuri, y llevaron su gente de guerra y cercaron a Taríacuri y allí dio Curcaueri, a sus enemigos, camorras y embriaguez, y estropezamiento. Y empezaron a andar desatinados los enemigos, y cayeron todos en el suelo, y abrazábanse unos con otros, y ansi iban al pie del cu, donde unas viejas los subían al cu, que no los tomaban hombres, y allí los sacrificaban los sacerdotes de Curicaueri que estuvieron todo un día sacrificando, y llegaba la sangre al pie del cu, y después iba un arroyo de sangre por el patio, y pusieron en unos varales las cabezas de los sacrificados, que hacía gran sombra, y dijo Taríacuri: «Vení acá, viejos.» Y díjoles: «Si mi mujer, la hija del señor de Curínguaro, fuera varón, muy valiente hombre fuera, que ahora, con ser mujer, ha hecho matar de sus hermanos y tíos y su agüelo. Ha dado en este día de comer a los dioses y les ha aplacado los estómagos. ¡Valiente hombre ha sido mi mujer!» Quiso decir Taríacuri, en estas palabras, que por su mujer había empezado aquella guerra, en la cual su dios Curicaueri había desatinado a sus enemigos, y que ella había sido la causa, y que si fuera varón como era mujer, que hubiera más muertos. Y levantóse de aquel lugar Taríacuri, y fuese a un lugar llamado Querenda-angangueo y no fue con él su tía, y dijeron los de Curínguaro: «¿Qué es esto que ha hecho hoy Taríacuri en nuestra gente? Nunca olvidaremos esta injuria.» Entonces enviaron espías, diciendo que estaba en lugares muy fragosos, y vinieron las espías y no podían llegar, y tornáronse y contrahicieron los adives y leones y lechuzas, y otros pájaros llamados purucuzi. Y venían ansí escuchando hasta el lado de las casas, y venía por espía el hijo de Zurumban, y no dijo nada desto, aunque lo vio, y entraba en casa de Taríacuri, por lo que Taríacuri y su padre habían hablado que eran amigos. Y comían juntos, él y Taríacuri, y emborracháronse entrambos, y como hobiese bebido salió de casa y iba por los herbazales para espiar por donde había de venir la gente. Y la tía de Taríacuri no sé dónde lo supo, y entró dentro en casa, y como la vio Taríacuri, saludóla y díjole: «¿Pues qué hay, señora tía?» Y estaba Taríacuri arrimado a una parte de la puerta, y el hijo de Zurumban llamado Tzintzuni, a otra parte, y teníanles puesto de comer a cada uno, por sí, a su parte, y el vino estaba junto a ellos, y tornóle a decir Taríacuri: «¿Pues qué es, señora tía?» Entonces díjole su tía: «Una cosa he sabido, que se dice, que los de Curínguaro nos han de destruir, y dicen que han venido a poner espías, y que se tornan leones y adives, sabiendo en los lugares fragosos que estamos, y que dicen que no se le da nada dello al hijo de Zurumban, y él entra en tu casa y coméis en uno y bebéis juntos, y que sale fuera en achaque de orinar, y va por los herbazales, donde están las espías, a ver cómo viene la gente de guerra.» Oyendo esto Taríacuri, enojose y reprendió a su tía, diciendo: «Mirá qué dice esta vieja, ¿quién ha de andar espiando? Este señor que está aquí comiendo conmigo, se llama Tzintzuni, hijo de Zurumban: aquí estamos juntos; vete de ahí con lo que vienes.» Respondió su tía: «Así es la verdad señor, que estáis juntos; quedaos en buen hora.» Y salióse enojada y oyendo esto el hijo de Zurumban, sintiose mucho y díjole Taríacuri, que no rescebiese pena, que aquella vieja no sabía lo que se decía que eran nuevas que había oído por ahí. Y dijo el hijo de Zurumban: «Señor, ¿cómo no tengo de tener pena de oír lo que he oído? Ya no podré sosegar.» Y salió fuera Taríacuri, y trújole cinco cargas de pescado y díjole: «Señor, pues vete a tu casa, no tengas pena; lleva este pescado para dar a tus hijos, llegando a tu casa.» Y respondió el hijo de Zurumban y dijo: «Sea así, señor.» Y fuese a su casa, y tomó Taríacuri su dios Curicaueri, y su gente y fuese tras él. Y supo de su venida Zurumban su suegro, y saliole a rescebir al camino, y saludáronse, y Zurumban fingiendo que lloraba de compasión de su yerno, untose la cara con saliva y díjole que viniese en buen hora. Y llegando a su casa le dijo: «Aquí en este lugar no hay leña, para que traigas para los cúes; la cual tú todo el día traes y toda la noche. Ya ves tú que aquí no hay monte; vete a un lugar llamado Uacapu, donde es señor Anachurichezi, y allí trairás leña para los cúes.» Y fuese con su gente Taríacuri, al susodicho pueblo llamado Uacapu, y rescibióle el señor de allí, y estuvo allí algunos días, y tomando de allí a Curicaueri, fuese a otro pueblo llamado Zurumu-hucápeo, a un señor llamado Atapetzi, y aquel también le rescibió, y estuvo allí algunos días. Y tomando de allí a Curicaueri, se fue con su gente a un lugar llamado Santángel, a un señor llamado Hapariya que de verdad le rescibió y le hizo un cu y las casas de los papas y una casa, y allí traía leña Taríacuri para los cúes con su gente y hizo allí su asiento.