Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE V. De cómo los dos hermanos señores de los cbichimecas hicieron su vivienda cerca de Pátzcuaro, y tomaron una hija de un pescador y se casó uno dellos con ella. |
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Como vieron la dicha isla que se llamaba por otro nombre Uarúcatenhatzícurin, vieron un gran cu y otra isla llamada Pacanda y andando todos mirando, por la bajada del monte, de improviso vieron que andaba uno con una canoa de los de aquella isla primera, que se llaman los moradores de ella hurendetiechan y el que andaba en la canoa, andaba pescando de anzuelo y dijeron: «Una canoa está surta en la laguna, y uno anda pescando, ¿qués lo que toma?» Dijeron los señores: «Vamos a la orilla de la laguna.» Dijeron otros: «Vamos.» Y abajaron del monte a un lugar llamado Uarichahopotacuyo, y iban por la ribera de la laguna, y por donde iban, estaba todo cerrado de árboles, que era todo monte espeso. E iban apartando las ramas para poder pasar, que no había camino, y ansí llegaron a la orilla donde andaba el pescador, y hablaron y dijeron: «Isleño, ¿qué andas haciendo por aquí?» Respondió él: «¿Hendi-taré?» que quiere decir: «qués, señor?» Questa gente de esta laguna era de su mesma lengua, destos chichimecas; mas tenían muchos vocablos corrutos y serranos, por eso repondió aquel pescador de aquella manera, y dijéronle: «¿A qué andas por aquí?» Respondió él: «Señor, ando pescando.» Y dijéronle: «Ven a la orilla», que estaba apartado de la ribera. Dijo él: «No tengo de ir, señores, que sois chichimecas que me flecharéis.» Dijeron ellos: «¿Qué dices?, ven si quisieres: ¿por qué te habemos de flechar?» Tornó él a decir: «No me mandéis venir, señores.» Y ellos tornáronle a decir: «Venir tienes, que habemos de hablar un poco.» Dijo el pescador: «Sí, sí, que me place; ya voy, señores.» Y trujo la canoa a la orilla y tomo puerto. E uno de aquellos señores, llamado Uápeani, era valiente hombre, saltó en la canoa y vio que estaba llena de muchas maneras de pescados y dijole: «Isleño, ¿qué es esto que has puesto aquí?» Respondió el pescador: «Señor, eso se llama pescado.» Y dijo Uápeani: «¿Qué cosa es esto?» Respondió el pescador: «Eso que tomaste se llama acúmaran, y esta manera de pescado urápeti y ése cuerepu, y ése thiron, y ése caroen. Tantas maneras de pescado hay aquí. Todo esto ando buscando por esta laguna. De noche pesco con red y de día con anzuelo.» Díjole Uápeani: «Y este pescado, ¿qué sabor tiene?» Respondió el pescador: «Señor, si hobiese aquí fuego, estando asado, me lo preguntaras.» Díjole Uápeani: «¿Qué dices, pescador? Busca un poco de leña, que nosotros, los chichimecas, de contino andamos con fuego: saca leña.» Y sacando fuego de un estrumento, prendió el fuego, y como hiciesen lumbre a la orilla, subió la llama y humo hacia arriba, y el pescador andaba sudando de asar pescado, y como iba asando, íbales dando, y ellos comieron de aquel pescado y dijeron: «Cierto, buen sabor tiene.» Y como comían toda manera de caza los chichimecas, traía cada uno dellos unas redecillas agolletadas consigo, que traían llenas de conejos y otros llamados cuinique y codornices y palomas y de otras aves de otras maneras. Y sacaron de sus redes un conejo, y metiéronlo en el fuego, y después de asado desolláronle y pusieron allí el conejo asado, y dijéronle al pescador: «Isleño, come desto, a ver qué sabor tiene; que esto andamos nosotros a buscar.» Y como se echase el pescador un bocado en la boca, dijéronle los chichimecas: «Pues isleño, ¿qué sabor tiene eso que comes?» Respondió él: «Señor, ésta es verdadera comida; no es cosa de pan, porque bien que sea buena comida, ésta destos peces, mas hiede y harta luego; mas esta comida vuestra no hiede, mas es comida de verdad.» Dijeron los chichimecas: «Verdad dices: esto andamos nosotros también a buscar. Hacemos un día flechas y otro día vamos a recrear al campo a caza, y no la tomamos para nosotros, mas los venados que tomamos, mas con ellos damos de comer al sol y a los dioses celestes engendradores, y a las cuatro partes del mundo, y después comemos nosotros de los relieves, después de haber hecho a salva a los dioses. Dinos un poco, isleño.» Respondió el pescador: «¿Qué tengo de decir, señores?» «¿Cómo se llama aquel cu que se parece en aquella isla que está en el agua?» Respondió el pescador: «Señores, allí se llama Uarúcaten-hatzícurin, y por otro nombre Xaráquaro.» Dijeron ellos: «Bien está. ¿Cómo se llaman los dioses que tienen allí?» Respondió el pescador: «Señores, llámase el principal Acuitze-catápeme y su hermana Purupe-cuxáreti, y otro Caroen y Nurite, Xareni-uarichu-uquare y Tangachuran, y otros muchos dioses que nunca acabaré de contaros.» Dijeron ellos: «¿Así se llaman?» Dijo el pescador: «Sí, señores. Dijo Uápeani: «Estos fueron nuestros agüelos cuando venimos de camino; ya habemos hallado parientes. Pensábamos que no teníamos parientes, mas todos somos de una sangre y nascemos juntos. ¿Cómo se llama el señor?» Respondió el pescador: «Carícaten.» Tornáronle a preguntar: «Y la otra isla, ¿cómo se llama?» Dijo el pescador: «Tirípeti-honto y tiene otros dos nombres: Uanguipen-hartzícurin y Pacandan». Dijéronle: «Y los dioses que tienen, cómo se llaman?» Dijo el pescador: «Chupi-tirípeme y otro Unazi-irecha, y su hermana Camauáperi y otros muchos dioses.» Dijéronle: «El señor ¿cómo se llama? Dijo el pescador: «Zuangua.» Dijeron los chichimecas: «También son nuestros agüelos del camino. ¿Cómo es esto? ¿parientes somos? Nosotros pensábamos que no teníamos parientes: topado habemos parientes.
¿Cómo es esto? somos parientes y de una sangre.» Respondió el pescador: «Sí, señor, vuestros parientes somos.» Dijéronle los chichimecas: «Pues isleño, ¿cómo te llamas?» Respondió el pescador: «Señores, llámome Curiparanchan.» Dijéronle «Bien está: ¿no tienes alguna hija?» Respondió: «No señores» Dijeron los chichimecas: «¿Qué dices? sí tienes, ¿por qué dices que no? Respondió él: «Señores, no he engendrado hijos, que soy viejo y mi mujer mañera.»
Dijéronle los chichimecas: «¿Qué dices, isleño. Hijos tienes, no lo decimos por lo que piensas, que no queremos mujeres para adelante; decimos porque Curicaueri ha de conquistar esta tierra y tú pisaríes por la parte de la tierra, y por la otra parte el agua y nosotros también por una parte pisaremos el agua y por la otra la tierra, y moraremos en uno tu y nosotros.» Y respondió el pescador: «Así es la verdad, señores; Yo tengo una hija que aún es pequeña: no es de ver, porque es fea y pequeña.» Respondieron ellos: «No hace al caso que sea pequeña; ve y tráenosla, y sácala acá fuera y también nosotros nos subiremos al monte y mañana haremos flechas y esotro día nos juntaremos aquí, tú y nosotros, y hablaremos siempre aquí, y no lo sepa ninguno. Tú y tu mujer solos lo decid uno a otro.» Y despidiéndose el pescador, se fue y empezó a vogar con su canoa y a entrarse en la laguna, y los chichimecas se subieron al monte; y el siguiente día hicieron todos flechas, y esotro día volviéronse a sus casas, y el pescador, luego muy de mañana, entró en su canoa con su hija y tomó puerto y puso la hija a la ribera, y los chichimecas tardáronse que se estaban escalentando. Ya el sol iba muy alto, y estábase asentado cabe la ribera desconfiando que no habían de venir, y dijo a su hija; «Cómo nos han engañado los chichimecas; esperemos otro poquillo y iremos con nuestra canoa remando.» Y los chichimecas desde la abajada de la cuesta del monte, como miraron a la laguna, dijeron: «¿Cómo no viene el pescador? Ya se había de parescer la canoa y venir buen rato en la laguna. Vamos a la ribera.» Y llegaron a la orilla y estaban asentados el pescador e su hija a la orilla, y saludáronle los chichimecas, y dijeron: «Pues isleño.» Respondió él: «Muy espantado estaba, y me acuitaba diciendo: ¡Cómo me han engañado los chichimecas!» Dijeron ellos: «Tardámonos cazando. ¿Es ésta tu hija la que dices?» Respondió el pescador: «Sí, señores; esta misma es; mirá cuán chequita es.» Respondieron ellos: «No hace al caso: cómo ¿no se criará? ¿Querémosla agora de presto?, para adelante decimos. Ve, y torna a pasar la laguna. Sépalo quien lo supiere de esos señores Uatarecha, y mira que te llamarán cuando lo sabrán y dirante: Ven acá, hermano; tú le has sacado una mujer a los chichimecas. Y dirásles: No señores, yo ¿a qué propósito se la había de llevar? Yo vivo desta manera: de noche pesco con la red asentado en mi canoa a popa y pongo a mi hija en la canoa para que reme, y de día pesco con anzuelo unos pececillos, y póngola allí en la canoa chiquilla que no se paresce, y tomóle gana de orinar y yo fui a un lugar llamado Uaricha-hopótaco y allí me dijo: Padre, tengo gana de orinar. Y yo le dije: Ve, hija, y orina. Y como llegase a la orilla, saltó de la canoa y los chichimecas, que estaban por allí en celeda, tomáronla, y asieron della en el camino, y probé de quitársela, y como son chichimecas, empezaron a quererme flechar y yo hóbeles miedo, y dejésela y ellos lleváronsela, y yo ¿cómo había de saber que la tienen por esclava? Ya yo pensé que era muerta y sacrificada y parece que la tienen por esclava [...]. Esto solo les dirás. Vete, norespondas más; ni digas que nos la diste.» Y fuéronse.