Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE X. Cómo le avisaban y enseñaban los sacerdotes susodichos a Tariacurí (Tariacuri), y cómo puso Flechas en los términos de sus enemigos. |
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Muertos estos dos señores Uápeani y Pauácume, dejaron tres hijos, el uno llamado Taríacuri, hijo de Pauácame, que hubo en la hija del pescador, y los otros dos Zétaco y Aramen, hijos de Uápeani de otra señora, y eran de más edad que Taríacuri, que cuando murió su padre aún no andaba con fuerza, que era chiquito. Y los dichos sacerdotes, que eran hermanos Chupítani, Nuriuan y Zétaco, no hacían sino amonestalle y avisalle todos tres y diciéndole: «Señor Taríacuri, ya tienes discreción: trai leña para los cúes; da de comer leña a Curicaueri, porque te han hecho huérfano los isleños de la laguna, que te mataron a tu padre. Tú no le llamarás ahora padre si fuera vivo, y madre: matárontele tu tío, hermano de tu madre, y tus criados, porque tú estabas en la isla de Xaráquaro, donde naciste. Trai leña para los cués y acuérdate desta injuria, para vengalla, en los tíos de tu madre; que si no oyeris esto y lo quisieris entender, mira que hay cu en la isla de la laguna, y sacrifican allí, y allí te pondrán aspado para sacrificarte. Mira a la otra isla llamada Pacandan, que allí también sacrifican y allí también te maltratarán. Mira también acá a lo alto, donde está Curínguaro, que allí también sacrifican y allí te matarán, y en Cumachén también sacrifican y en Zacapu y en Zizamban es Naranjan. Allí te mataron tu abuelo, tu no le llamarás abuelo ahora y abuela. Y en Zichaxúquaro te mataron otro abuelo llamado Ticátame. Mira que hay allí cu, y sacrifican, y en todos estos lugares te pueden matar si no fueres el que has de ser y oyeres lo que te decimos: Dichoso aquél que ha de ser rey, o éste que lo ha de ser. Quizá no es señor mas de baja suerte y uno del pueblo, por la mucha leña que había traído a los cúes de Curicaueri, ¿Y será algún pobre o algún miserable el que ha de ser rey? Y tu cabeza estará entonces alzada sobre algún varal, donde te mataren, si no eres el que debes. Trae leña para quemar en los cúes, para dar de comer a los dioses celestes, y a los dioses de las cuatro partes, y al dios del infierno. Harta de leña a todos cuantos dioses son: Mira que es muy liberal Curicaueri, que hace las casas a los suyos, y hace tener familia y mujeres en las casas, y viejas que hacen fuego y hace tener alhajas y esclavos y esclavas, y hace poner en las orejas orejeras de oro, y en los brazos brazaletes de oro, y a la garganta collares de turquesas, y plumajes verdes en la cabeza. Trai leña para los cúes, y sacrifícate las orejas. Dichoso el que ha de ser rey.» Y diciéndole esto, asíanle de la oreja, diciéndole: «Señor, señor Tariacuri, ¿cómo no eres ya hombre? Acuérdate de vengar las injurias. Mira, señor Taríacuri, que nos oigas: pobre de ti si no nos oyes, porque mirarás a los otros cómo comen, alargando el pescuezo para mirallos, y quizá andarás por ahí con una manta hecha pedazos. ¿Cómo no entiendes esto que te decimos? Mira que somos viejos. Dichoso quien fuere señor de la gente. Quizá no es señor más uno del pueblo. Dichoso tú, señor Taríacuri. Oyenos esto que te decimos.» Y los viejos nunca cesaban de avisalle. Quizá por ser valientes hombres y continuos del servicio de los cúes, por eso le dicen todo esto. Estaban todo el día e la noche avisándole y nunca cansaban sus bocas. Y eran ya hombres sus primos, hijos de Uápeani, el uno llamado Zétaco, el mayor, y el menor Aramen. Y había días que se andaban emborrachando y andaban con mujeres y andaban desta manera en compañía de Taríacuri, y por ser hermano menor y pequeño, le traían en los hombros. Sabiéndolo los viejos, llamáronlos y dijéronles: «Mira, señor Zétaco y señor Aramen, vosotros bebéis vino y os juntáis con mujeres; íos con vuestra gente a un lugar llamado Uacanámbaro, allí beberéis a vuestro placer vino y os juntaréis con mujeres, y allí no habrá quien os diga nada ni haga mal. Íos y apartaos del que ha de ser señor, porque quizá nos le hagáis a vuestras costumbres. Dejadle primero traer leña pra los cúes». Y respondieron ellos: «Así será como nos decís, agüelos». Y fuéronse. Y los sacerdotes lo habían con sólo Taríacuri, y todo el día y toda la noche no hacían sino predicalle y avisalle, y los viejos trabajaron tanto en lo que le decían, que oyó lo que le decían, y empezó a traer leña y rama para los cues y llevábala a los patios de los cúes, y llegó a este lugar de Pátzquaro y allí traía leña, y su casa tenía en un barrio del dicho pueblo llamado Tarimichúndiro. Y vínose allí donde se llama Pátzcuaro y traía leña a un cu llamado Ziriperneo y a Quaraco-hoato, y llevaba a otro lugar llamado Yéngoan y punía la leña y rama allí con los suyos, y ponía encima una flecha, que era señal de guerra. Y llevaba también de la otra banda a un lugar llamado Huriqua-macurio y puniéndola allí, ponían encima una flecha y en otro lugar llamado Yauati-cuiro, y allí puso otra flecha, encima la leña, y andaba desta manera poniendo flechas en los términos de sus enemigos. También llevó leña a otro lugar llamado Uanitaichaxuriyo y a otro llamado Tzacapu-hacarucu y a Xanguahurepangayo y a Caménbaro. Y ansí andaba cercando los térmiminos, poniendo flechas en los lugares que llevaba leña y ramas, llevó así mesmo a otro lugar llamado Xaramuto y así llegó cabe la lana, a un lugar llamado Ahterio, en los términos de los isleños. Y estaban los isleños poblados en un lugar llamado Tupuxan-chuén sin temor de ninguna cosa por toda la ribera. Y tenían sus redes a secar puestas en unos palos cabe la ribera, y tenían su pescado por allí a secar, y hizo en aquel lugar un gran fuego Taríacuri, y alzóse un gran humo a la ribera de Ahterio, y viendo la gente estas ahumadas y fuego, fuéronse todos huyendo, para poner en cobro sus haciendas. Y dejáronse por allí las piedras de moler y ollas y cántaros y el pescado que quedaba tendido por el suelo, y las mantas, y entráronse en la laguna que alzaban las espumas hacia arriba, y no los tomaba nadie. Los mochachos daban gritos, y todas daban voces, no más de por ver las ahumadas, y ansí se fueron todos, que quedó todo desierto, hasta un lugar llamado Zirimbo. Y fue Tariacuri a Zirimbo, y allí sacó también fuego de un estrumento y hizo ahumadas, y en otro lugar llamado Chutio. De todos estos lugares se levantaron los isleños, y dando gritos se entraron en la laguna. No más de por ver las ahumadas daban voces y se iban, que no los tomaba nadie, y allí también dejaban algunas alhajas, y había mucho pescado tendido por la ribera. Y de allí fue Taríacuri a un cerro llamado Xanoato hucatzio, y hizo allí también ahumadas, y levantáronse todos viendo el humo, y fuéronse también los de Pareo, y levantaban gran espuma al entrar de la laguna. Y levantáronse también, los de Charauén y Haramútaro y llegando a Haramútaro hizo sus ahumadas Taríacuri. Y levantáronse de allí e iba echando de allí los isleños, dándoles de rempujones para hacerlos entrar en la laguna. Llegó también a un lugar llamado Cuiris-tucupachao, y hizo sus ahumadas y vido allí la isla de Xaráquaro y de Cuyameo. Vido el asiento de la isla y daban voces los mochachos, y tomaban las mujeres sus hijos en las espaldas y ibanse, que no sabían dónde ir, y así los cerco a todos los de la isla, que no había dónde saliesen a la ribera a labrar, ni por leña.