Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XVI. Cómo venieron los amigos desta mujer y como se emborracharon con ella y de la falsedad que levantaron a Taríacuri. |
![]() |
Pasándose algunos días por una fiesta de Phurécutaquaro, fue Taríacuri con los suyos al sacrificio de las orejas que se hacía por aquel tiempo, queriendo ir no sé a qué parte a holgar. Sacaron de las troxes su dios Curicaueri y otro dios de la guerra llamado Pungarancha, y pusiéronlos al pie de la trox, para componerse los sacerdotes con ellos, y a Pungarancha pusieron en el patio. Ya que se partía Taríacuri con su gente, venían atrás dando voces dos hombres, y Taríacuri llamó a un viejo de aquellos que andaban con él, llamado Chupítani, y díjole: «¿Quién son aquellos que vienen dando voces?» Y díjole Chupítani: «No sé, señor». Y enviolos Tariacuri a rescibir, y como los encontrasen en el camino, saludaron los viejos y dijéronles: «Señores, seáis bien venidos.» Y éstos se llamaban Xorópeti y Tareque-Zinguata [...] y dijeron a los viejos: «¿Está aquí nuestro cuñado?» Y los viejos les dijeron: «Señores, allí está.» Y dijeron Xorópeti y otro Tareque-Zinguata: «Nosotros íbamos a sacrificarnos las orejas, en esta fiesta, al monte llamado Hoataro pexo, y dijeron los viejos que lo querían hacer saber a Taríacuri. Y como llegasen donde estaba Taríacuri dijéronle cómo venían estos dos principales susodichos, de un pueblo llamado Itzi-parámucu y que si iban a sacrificar las orejas. Y díjoles Taríacuri: «Poné en las troxes a Curicaueri y a Pungarancha, porque quizá no les demos aquí alguna pena si aconteciere alguna cosa.» Y tomó su arco y flechas y salió a rescibir los dichos prencipales y saludóles Taríacuri diciéndoles: «Seáis, señores bien venidos.» Y ellos le dijeron: «¿Pues qué hay, cuñado? Nosotros venímonos a sacrificar a esta fiesta, al monte llamado Hoataro pexo.» Y díjoles Taríacuri: «Seáis, señores, bien venidos.» Y dijo a los suyos: «Aquí hicimos denantes la salva a Curicaueri. ¿Cómo no sobró algo de vino?» Iban hablando hacia casa, y como lo supo su mujer de Taríacuri ataviose muy bien, y andaba a una parte y a otra, saliéndolos a rescibir. Púsose una buena saya y otros vestidos, y saludó a aquellos prencipales y díjoles: «Hermanos, seáis bien venido.» Y ellos así mesmo la saludaron y sacáronles de comer y comieron y trujeron vino y echáronles en las tazas y lavose las manos Tariácuri, y dioles a beber cada cuatro veces y convidáronle a él y dijéronle: «Señor cuñado ¿no habéis de beber?» Y díjoles Taríacuri: «Después beberé, hermanos, porque cuando me tomo del vino, desconciértome mucho, y quizá si me emborracho, caereme aquí sobre vosotros, por el mucho desconcierto que tengo en bebello. Bebé, que yo os escanciaré.» Y dabales a beber, y secretamente hizo liar las hachas para ir al monte, y secretamente las sacaron de casa. A la tarde despedíase dellos y díjoles: «Quedá en buen hora, cuñados, que quiero ir por unas matas de trébol que aquí hay delante deste monte, para resfriar las cabezas que no tenemos nada en la cabeza.» Dijéronle los cuñados: «¿Qué dices, señor? ¿Por que has de ir tú mismo? Vayan tus criados.» Díjoles Taríacuri: «No saben dónde están mis criados. Yo sé, allá. Yo quiero ir, que no tardaré, y entre tanto bebé, que harto vino hay.» «Dice que hay harto y beberemos hasta la mañana.» «Ya me voy, que aquí cerca es.» Y dijéronle ellos: «Pues andá en buen hora.» Y tomó su arco y flechas, y salió de casa, y fuese. Y fue por el monte llamado Hoata-custio, y empezó a escombrar allí y adrezar leña, que había de traer para los cúes, y puníala en orden las rajas que habían de llevar, e hicieron un montón redondo de rajas para quemar. Y era ya hacia la media noche: levantose una gran llama y llegaban las pavesas muy altas en el cielo y Taríacuri estaba echado al pie de una encina. Y como se hubo salido de casa Taríacuri, ataviose muy bien su mujer, después dél ido, y dijo aquellos mancebos: «Váyase Taríacuri; no rescibáis pena, que en esta casa no mora Taríacuri, sino yo, questa es su costumbre, de ir por leña y no se emborracha. Yo os escanciaré.» Y empezó a escanciar, y era un poco noche cuando se llegó cerca dellos. Enfrente dellos les escanciaba, y ellos empezaron a retozalla, y estuvo con ellos aquella noche, diciéndole: «Hermana acá, y hermana acullá.» Y como estaban ellos entiznados, entiznáronla toda la cara, y los vestidos. Y a la mañana fuéronse a su pueblo, y entróse la mujer en su casa, y ya traía Taríacuri su leña para los cúes, y venía toda la gente dando grita, y venía delante de todos Taríacuri, y llevaron la leña a los fogones, y echáronla allí, y hicieron un gran fuego, que se alzó la llama muy alta y humo, y aquellos buenos hombres iban dando voces, Xorópeti y Tareque-Zinguata, a su pueblo, Itzipa-rárnucu. Y fuese a su casa Tariácuri, y estaba el vino derramado y bosado por allí en su casa, y estaba todo hediendo a vino, y dijo Taríacuri: «Por qué no habéis barrido aquí?» Y entrose de largo en casa y saliole a rescebir su tía y saludole y díjole que fuese bien venido, y díjole Taríacuri: «¿Qués de ¡a señora?» Díjole su tía: «Ay señor, que está enferma. Allí está en aquel aposento»; allí detrás donde duermes.» Díjole Taríacuri: «¿Qué dices, tía? ¿A qué hora empezó a estar mala?» Díjole su tía: «Ay, señor, que luego como te partiste de casa.» Díjole Taríacuri: «¿Está muy enferma?» Díjole su tía: «Señor, toda esta noche no ha hecho sino rebesar. Quizá tiene una enfermedad llamada senguero». Y dijo Ta íacuri: «Quiero ir allá.» Díjole su tía: «Espera, señor, no vayas; come primero, que yo la levantaré y bañare, y tú estarás allí un poquito.» Y Tariácuri no curó más, entrose derecho donde estaba durmiendo, y estaba una mochacha asentada a su lado; tenía cobierto el rostro con una manta delgada, y habló a la mochacha, y ella le saludó diciéndole: «Seáis bien venido, señor.» Díjole Taríacuri: «Dicen que está enferma la señora.» Dijo la mochacha: «Así es la verdad, señor.» Y llevaba el arco en la mano, y alzó la manta del rostro con el arco, y vio que estaba toda entiznada, y la saya mal compuesta, y los pechos todos entiznados y el vino por los labios, y dijo entonces Taríacuri: «Sí, sí, cierto que está enferma. Tórnala a cubrir.» Y tórnose a salir, y fuese derecho al monte por leña en ella, por amor de su padre de ella, que no veniese contra él, y le heciese guerra, que estaba cerca y con más poder que no él. Pues los adúlteros, yéndose a su casa, por el camino sacrificáronse las orejas, que se hecieron grandes aberturas en ellas, y hendiéronselas como solían hacer a los que tomaban en adulterio, e iban corriendo sangre de ellas y dando gritos. Y tenían un tío de parte de su madre, llamado Tzintzuni, señor de itxiparámucu, y oyendo los gritos que iban dando dijo: «¿Quién son aquellos que vienen dando voces, y hacen tanto ruido?» Y dijo a unos viejos de su casa: «Id y salidlos al encuentro.» Y como saliesen, saludáronlos, diciendoles: «Señores, seáis bien venidos. Dónde fuistes?» Y respondieron ellos a los viejos que los salieron a rescibir: «Fuimos al monte llamado Hoataro-pexo, y allí nos hendió las orejas Taríacuri, levantándonos que nos habíamos echado con su mujer.» Dijeron ellos: «Allá vamos, a decillo a vuestro tío Tzintzumi.» Y como llegasen los viejos, díjoles: «¿Pues qué hay?» Respondieron ellos: «Señor, tus sobrinos son que vienen; que fueron al monte llamado Hoataro-pexo a sacrificarse las orejas, y Taríacuri les hendió las orejas por una mujer que les levanta.» Respondió el señor de Itziparámucu enojado, diciendo: «Mira qué dicen, ¿para qué fueron ellos al monte llamado Hoataro-pexo a sacrificarse? ¿Han oído ellos que beba vino Taríacuri, que todo el día trae leña y toda la noche? Muy liberalmente lo hizo en lo que hizo, de hendelles las orejas, por qué no los mato y consumio del todo. Váyanse donde quisieren: no vengan aca.» Y como se lo dijesen, fuéronse derechos al señor de Curínguaro llamado Chánshori, y él como los vió, díjoles: «¿A qué venís, hijos?» Dijeron ellos: «Señor, nosotros fuimos al monte llamado Hoataro-pexo a sacrificarnos, y allí nos hendió las orejas Taríacuri levantándonos, que tenemos parte con nuestra parienta. ¿Cómo, no es nuestra hermana, su mujer?» Entonces ellos por agraviar mis la cosa, dijéronle lo que su hija le había dicho cuando se huyó, diciendo que los había de matar a todos: que aquellas palabras fingieron ellos antes y le dijeron a ella que las dijese a su padre para revolvellos. Pues dijéronle al señor de Curínguaro: «Taríacuri también dice que somos unos cobardes, que nos ha de matar y, consumir a todos.» Y todo lo demás que su hija le había dicho antes, y de la misma manera se lo contaron, y por eso lo creyó el señor de Curínguaro, por lo que le había dicho su hija. Y dijo: «Verdad es que Taríacuri, habló esto, porque la pobre de mi hija de la misma manera lo contó que vosotros lo habéis contado: unas mismas palabras son.»