Relación de Michoacán
SEGUNDA PARTE XXIII. Cómo los isleños enviaron un principal llamado Zapiuátame a ponerse debajo del mando de Taríacuri y fue preso, y cómo andaban haciendo saltos Hirípan y Tangáxoan con su gente. |
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Pasándose algunos días, pusieron una celada Hirípan y Tangáxoan con su gente en un lugar llamado Xanoatohucatzio, hacia la isla de Xaráquaro. En quebrando el alba, venía en una canoa de la isla un prencipal, llamado Zapiuátame, y tomó puerto con su canoa, y salía muy paso, y asió dél Tangóxoan, que estaba en su celada y decía «paso que me lisiaréis» que le querían flechar. Y dijo: «¿Qué es de Taríacuri?» Y ellos enojándose con él, dijeron: «Mira qué dice. ¿A qué ha de venir aquí Taríacuri? Allá está en su casa Taríacuri.» Respondió Zapiuátame: «Por eso lo digo, porque vengo a él.» Y ellos dijeron: «Mira qué dice éste. Id a decillo a Taríacuri, nuestro tío, que Curicaueri ha tomado, y que basta aunque no es más de uno.» Y fuéronselo a decir a Taríacuri, y saliendo los mensajeros y ellos le dijeron: «Tus sobrinos dicen que ha cativado Curicaueri no más de uno.» Dijo Taríacuri: «Basta, aunque no sea más de uno.» Dijeron los mensajeros: «Señor, dicen tus sobrinos que pregunta por ti.» Dijo Taríacuri: «¿Hecístesle mal?» Díjole el mensajero: «No señor.» Díjole Taríacuri: «Id a ellos; que aguijen el paso y que venga Zapiuátame, donde yo estoy.» Y como llegasen sus sobrinos, andaban Taríacuri recibiéndolos y saludándolos y entrose en su casa, y hizo llamar al isleño que había cativado y sacaronle de comer, y comió toda la gente, y estuvo razonando Taríacuri dentro de su aposento, que no supo nadie lo que hablaban. Y desde a un rato, salió con una camisa blanca, vestido, y otra manta que le había mandado dar Taríacuri, y con su remo al hombro, y salió del aposento de Taríacuri, y despidióse de Hirípan y Tangáxoan, que estaban en el patio y díjoles: «Quedaos en buen hora, hijos.» Y ellos le dijeron: «Señor, ve en buen hora.» Y levantose Tangáxoan y dijo a su hermano Hirípan: «Hermano, mira cómo se va aquel que yo tomé.» Díjole Hirípan: «Déjale, váyase que allí dentro debía de concertar algo mi tío.» Y díjole Tangáxoan: «Aunque sea eso, pues cómo, ¿no le cativé yo?» Y llamólos Taríacuri y díjoles: «Vení acá, hijos.» Y entraron a él. Y díjoles: «Id a vuestras casas, y haréis flechas hoy todo el día y mañana, y a la tarde me las mostraréis, y sean anchos los carcaxes donde las hechéis, que tengan cuatro apartados y poné muchas flechas en los carcaxes, que no sé qué nos vienen a decir de la isla de Xaráquaro. No sé si vienen a hacer gente contra Curicaueri, nuestro dios, porque vienen con sus dioses, y dicen que se quieren venir a ponerse debajo del amparo de nuestro dios Curicaueri, y de miedo de la guerra, o por ventura, es ruido hechizo, y vienen a hacer gente [...] a pelear.» Y fuéronse a sus casas Hirípan y Tangáxoan y hicieron aquellos dos días flechas con toda la gente, y el siguiente día, a la tarde, las trujeron a mostrar a Taríacuri, y pusiéronlas todas en el patio. Y tomábalas Taríacuri, y parescíanle bien y decía: «Estas flechas son dioses; con cada una déstas, mata nuestro dios Curicaueri y nos suelta dos flechas en vano.» Y díjoles a Hirípan y Tangáxoan: «Id hijos a Xanoato-hucatzio, donde señalaron que habían de venir los isleños; y tomá algunas espías, que estén encima del monte echados, y mirarán la laguna, si vienen algunos, y si los detienen otros. Si echan las espumas en alto con las canoas, tendréis por señal que dicen verdad los de la isla, porque dicen que no los dejan venir otros de otras islas; y si vienen sosegadas las canoas, entonces os levantaréis de vuestra celada, y volveos al pueblo, delante dellos; y si dieren grita, levantaréisos todos de vuestra celada, y cuando los recebiéredes al desembarcar, soltaréis algunas flechas. » Y dijeron sus sobrinos: «Señor, así será como decís.» Y partiéronse en anocheciendo, y pusiéronse todos a las espaldas de un montecillo, y tomaron dos espías, y pusiéronse encima del montecillo, y a la media noche vieron cómo venían de la isla en sus canoas y otros que los detenían por las espaldas y no les dejaban venir, y traían sus dioses en las proas de las canoas, llamados Caro-onchaga, Nuriti, Xarenaue, Uarichu Uquare, Tangachurani. Y venían todos dando grita por medio de la laguna, y levantáronse los chichimecas y dieron grita, y pusiéronse encima del montecillo al desembarcadero, y echaron algunas flechas hacia los isleños, y detuviéronse los isleños, que venían tras los otros, deteniéndolos, y venieron de largo los de una isla, llamada Cuyameo, los viejos y viejas, y mochachos y otra mucha gente, y venieron todos donde estaba Taríacuri, el cual los rescebió a todos, y los saludó. Y sacáronles a todos de comer, y enviolos Taríacuri a poblar a un lugar llamado Ahterio, y hicieron allí sus cúes y las casas de los papas, y traían juntamente leña para los cúes de Curicaueri con los chichimecas. Y iban todos juntos a las entradas, y fueron todos juntos a una entrada, en un lugar llamado Tupu-parachuén y a otro lugar llamado Ichapetío y a Hiratzio y a Charanda Uchao y a Xarapen y no cativaron ninguno de sus enemigos, y tornáronse a Pátzquaro, y no hablaron a Taríacuri a la vuelta, mas fuéronse por la ribera de la laguna, a un lugar llamado Uaricha-hopotacuyo y fueron ansí haciendo salto a otro lugar llamado Sirumútaro y a Hopiquaracha, y a Pacanda-acurucu y a Hata-tetengua y a Tiríndini y llegaron muy cerca de Curínguaro y no llegaron al pueblo, y tornáronse a Pátzquaro. Y llegaron a un lugar llamado Paraxu, y pasaron a otro lugar llamado Paraquahacuparaca y hicieron allí grandes ahumadas para poner miedo en sus enemigos, y turbáronse los de Curínguaro viendo las ahumadas, que eran en sus términos. Y trujeron canoas y entraron en ellas una mañana y empezaron de remar y [...] a dar grita y entraron tras ellos Hiripan y Tangáxoan, en canoas con su gente: y mataron y prendieron dos canoas de los de Curínguaro. Y fuéronse a un lugar llamado Quereta-paratzicuyo en Michuacán, y hicieron allí grandes ahumadas y fuegos. Y sabiéndolo Taríacuri, espantose mucho que sus sobrinos habían entrado tanto en los términos de sus enemigos, y enviolos a llamar, y ellos hicieron leña y asaron muchos pájaros y ataron muchos conejos y venados y tuzas, y fueron donde estaban Hirípan y Tangáxoan los mensajeros, y saludaron los mensajeros y dijéronles que viniesen en buen hora. Y los mensajeros les dijeron: «Señores, vuestro tío nos envía.» Y dijeron ellos: «¿Qué dice nuestro tío?» Dijeron los mensajeros: «Que vaís a él, que os quiere hablar.» Y ellos partiéronse luego, y llegando donde estaba Taríacuri, él los saludó y dijo que fuesen bien venidos, y ellos así mesmo a él, y diéronle toda aquella caza. Y díjoles Taríacuri: «Mucha pena me habéis dado. ¿Dónde habéis andado, haciendo fuegos y ahumadas? ¿Qué fuera si nos viéramos en algún trabajo, que tantos andáis, qué soís vosotros siendo tan pocos? Mirá que está aquí Curicaueri y nuestros enemigos están aquí muy cerca de nosotros en Itzi_parámucu y Curínguaro. ¿Qué fuera si os llevaran a todos?» Respondieron Hirípan y Tangáxoan: «No, señor, padre, ¿quién nos había de llevar? Todo está sosegado; nuestras espías teníamos puestas.» Díjoles Taríacuri: «Pues hijos, ¿qué lugar es donde estáis?» Dijeron ellos: «Muy buen lugar es todo; hay muy buenos árboles monteses, y andan conejos por allí y muchos venados y muy hermosos pájaros, que es lugar que convida para estar en él.» Díjoles Taríacuri: «Pues hijos, ¿paresceos que estaréis allí bien?» Dijeron ellos: «Muy bien estamos, que allí trairemos leña para los cúes.» Díjoles Taríacuri: «Pues estad en buen hora, hijos, y pone vuestras espías siempre, porque no haya alguna revuelta, que me daréis mucha pena y tristeza.» Dijeron ellos: «No daremos, padre.» Y sacáronles de comer y comieron, Y hízoles sacar petates para las espaldas, para la leña que habían de traer del monte, y cinchos, y tornáronse donde estaban primero. Pasados algunos días, no sé dónde hubieron Hirípan y Tangáxoan maíz, de un lugar llamado Naranjan, que era muy bueno, y frísoles. De noche traían leña para sus fuegos, y, de día la gente cavaba la tierra a la ribera de la laguna, en tierra temprana, y sembraron allí maíz y frisoles, y criose, y hizo sus cañas el maíz, y los frísoles sus vainas. Y buscaron conejos y pájaros y venados, y fueron todos a llevar un presente a Taríacuri, que era aquello premicias y ofrendas de lo que habían cogido; y como los vio Taríacuri, recibiolos bien y díjoles que fuesen bien venidos, y ellos le saludaron también. Díjoles Taríacuri: «Dónde tomastes éstos?» Dijeron ellos: «De día labrábamos la tierra a la ribera de la laguna, y de noche traemos leña para los fuegos, y hicimos allí unas sementeras, y dijimos nosotros: ya se ha criado esto; vamos a llevar esto a nuestro padre para que ofrezca a Curicaueri.» Díjoles Taríacuri: «Traigaislo en buen hora, hijos. Así, será que lo ofresceremos a Curicaueri. Y después comeremos nosotros de los relleves.» Y sacáronles de comer y tornaron a pasar la laguna donde tenían hecho su asiento.