Viaje al Río de la Plata. Ulrico Schmidl
| Capítulo 44. Entrada de Irala al Chaco Boreal por los payaguá y mbayá |
|
Así por ese tiempo hizo reunir unos 350 de los españoles y les preguntó si querían marchar con él, que él les proporcionaría todo lo necesario para este viaje, es a saber, en indios, rocines o ropa; y ellos se prestaron de muy buena gana a marchar con él. Después también hizo llamar a junta a los principales o caudillos de los carios y preguntó si ellos querían acompañarlo con fuerza de 2.000 hombres; y ellos contestaron que de muy buena gana y a su llamado marcharían con él.
Con este tan buen y tan amistoso acuerdo de ambas partes se aprestó dicho nuestro capitán general Marthin Domenigo Eyolla en poco más de 2 meses después, y emprendió la marcha con esta gente el año 1548 aguas arriba del Paraboe con 7 navíos bergenntín y con 200 canaon (canoas). La gente que no podía caber ni en los navíos ni en las canaen (canoas) caminaron de a pie por tierra con los 130 caballos. Y cuando nosotros los hubimos reunido a todos por tierra y por agua cerca de un cerro alto y redondo llamado S. Ferdinando, donde en aquel tiempo vivían los antedichos peyenbas (payaguá), allí envió nuestro capitán los 5 navíos bergenntín (bergantines) y las canaen (canoas) de vuelta a la ciudad Nostra Singnora de Sunssión.
A los otros 2 navíos pergentin (bergantines) los dejó allí cerca de S. Fernando, con 50 españoles, a quienes nombró él un capitán llamado Petter Diess (Pedro Díaz); les entregó también víveres y lo demás necesario para dos años, y tenían que esperar allí hasta que él volviese de tierra adentro, porque no le sucediese a él y a su gente como le había sucedido al buen señor Joann Eyollas (Ayolas) y a los compañeros con él, a quienes los pyenbass (payaguá) habían asesinado tan cruelmente. ¡Dios los favorezca a todos!.
Después de esto marchó adelante nuestro capitán con 300 cristianos y 130 caballos y 3.000 carios unos 8 días enteros sin que nosotros hallásemos nación alguna. A los 9 días dimos con una llamada Naperus no tienen más de comer que pescado y carne, es una gente alta y fuerte, sus mujeres andan con las vergüenzas destapadas; no son lindas.
Del dicho cerro S. Ferdinando hasta aquí hay 38 millas (leguas); allí nos quedamos esa noche y de allí proseguimos la marcha, viaje de 7 días, y llegamos a una nación llamada Maieaiess (Mbayá), es una gran muchedumbre de gente; sus súbditos tienen que pescarles y cazarles y hacer lo que se les ofrece, tal y como aquí los paisanos se someten al que es noble.
Esta nación tiene mucha provisión de trigo turco (maíz), mandeochade (mandioca), mandepoere, mandeos propys, padades (batatas), mannduiss (maní),bachakhue, y otras raíces más, que son aparentes para servir de comida. Ítem más tienen venados, ovejas de indias (guanacos), avestruces, ennten(antas), gansos, y muchas otras aves. También los bosques están llenos de miel, de la que se hace vino y lo demás que les hace falta; cuanto más adentro se busca en la tierra, tanto más feraz se la encuentra. Ítem año redondo cosechan en el campo trigo turco (maíz) y las demás plantas ya citadas. Estas ovejas, de las que tienen mansas y ariscas, las usan como nosotros aquí a los rocines para los cargar y montar; yo mismo también una vez en el viaje anduve más de 40 millas (leguas) montado en una oveja de estas, a saber cuando estuve enfermo de un pie; en el Perú las cargan con mercaderías como si fuesen acémilas.
Estos mayeaiess (mbayá) son altos, gallardos y gente guerrera, cuya única ocupación es la guerra. Las mujeres son lindas y no se tapan las vergüenzas; ellas no trabajan en el campo, sino que el hombre tiene que buscarse la mantención; en la casa no hacen ellas más que hilar y tejer cosas de algodón; también preparan la comida y cualquier otra cosa que se le antoja al marido de ellas, y a otros buenos aparceros más, pedirles, cuando se ofrece; y baste con lo dicho del asunto. Quien verlo quiera que allá vaya, y si de otra suerte se niega a creerlo, yendo se convencerá que la cosa es así.
Cuando llegábamos a esta nación, como a una media milla (legua) de distancia nos salieron a encontrar en el camino, donde había una pequeña aldehuela, y dijeron ellos a nuestro capitán que debíamos nosotros reposar esa noche allí en el dicho pueblo, y que ellos nos traerían todo cuanto nos faltaba; pero esto lo hacían ellos con mala intención, y para asegurarse más en seguida mandaron [ellos] a nuestro capitán 4 coronas de plata, que se ponen en la cabeza; también le dieron 6 plennschen (planchas), de plata, de las que cada una medía 1 1/2 jemes de largo y medio jeme de ancho; las tales planchas se las atan a la frente por lujo y como adorno, como también ya se dijo antes. Ítem más mandaron ellos a nuestro capitán 3 lindas doncellas, o mujeres, que no eran viejas.
Durante el tiempo que descansamos en este pueblo, después de la merienda, distribuimos nosotros la guardia, para que así estuviese la gente preparada contra los enemigos, y en seguida nos acostamos a dormir en paz. Más tarde, como a la media noche, sucedió que se le perdieron a nuestro capitán sus 3 doncellas; acaso no pudo satisfacer a todas 3, porque era un hombre de unos 60 años; si nos las hubiese entregado a nosotros los soldados, tal vez no hubiesen disparado; en suma, causa de esto se armó gran alboroto en el real.
Y tan luego como amaneció, nuestro capitán hizo tocar generala y mandó a saber, que cada cual se estuviese en su puesto con sus armas.
Fuente:
http://www.cervantesvirtual.com