Viaje al Río de la Plata. Ulrico Schmidl
| Capítulo 39. Impopularidad de Cabeza de Vaca. Matanza de los Suerucuesis |
Pero ahora se le antojó al dicho nuestro capitán general, por la relación que le habíamos hecho, marchar con toda la gente a la tierra que nosotros habíamos visitado. Mas nosotros los soldados por nada quisimos consentirlo, ni menos en esta estación en que la tierra está anegada; por otro lado la mayor parte de la gente no solo estaba muy enferma y cansada, sino que tampoco tenía ya mayor respecto por el dicho capitán Aluiso Capessa de Bacha; algo más, era cosa bien sabida entre el común de la gente o soldados, que se trataba de un hombre que jamás en la vida había tenido idea propia ni habilidad para mandar.
Así permanecimos nosotros unos 2 meses entre los susodichos syeberis (suruchakuiss?). Por este tiempo una fiebre lo tomó al capitán general Aluiso Capessa de Bacha, así que cayó gravemente enfermo; acaso no se hubiese perdido gran cosa si en esta vez hubiese fallecido; porque lo que era él bien poco valía para con nosotros. En esta tierra de los suerachkuesys no he visto indio alguno que alcanzase a los 40 ó 50 años de edad, porque en mi vida he visto tierra más mal sana, por hallarse en una región en que el sol se eleva más; es casi tan apestada como Santo Tomé (Costa oeste de África). Allá entre los suerukhues vi yo la constelación Ursa Major; porque nosotros habíamos echado menos a las tales estrellas en el cielo desde que pasamos la isla Sant Augo, como se dijo en la foja 4.
Pero en esto, nuestro capitán general, con ser que estaba tan enfermo, mandó a 150 hombres cristianos y a 2.000 indios carios, a quienes envió con 4 navíosbergentín (bergantines), distancia de 4 millas (leguas) a la isla sueruekues y les ordenó que matasen y tomasen prisioneros a esta gente sueruekues, y que cuidasen de acabar con todo el que tuviese 50 ó 40 años de edad. De como los dichos sueruekues nos habían hospedado antes de esto, ya lo he contado, mas como les correspondimos nosotros y las gracias que les dimos es lo que tengo que recordar. Dios sabe que les obramos injusticia.
Y cuando llegamos al pueblo de ellos, que no sospechaban tal cosa, salieron de sus casas a encontrarnos de paz, armados con sus armas, arcos y flechas; mas como en seguida se armase un alboroto entre los carios y los sueruekues, al punto nosotros los cristianos disparamos nuestros arcabuces y volteamos a muchos; también tomamos hasta unos 2.000 prisioneros, hombres y mujeres, chicos y chicas, después quemamos sus pueblos y les quitamos cuanto tenían: en esa vez se llevó a cabo el pillaje como suele ser de práctica en tales malones
En seguida volvimos a bajar adonde estaba nuestro capitán Aluiso Capessa de Bacha, quien quedó muy contento con esto que habíamos hecho. Después de lo cual, en vista de que la más de la gente nuestra se hallaba enferma, y que le tenía poca ley al capitán general, comprendió él con esto que no remediaría nada con ellos; así pues dispuso, e hizo que preparasen los navíos y juntos navegaron de allí aguas abajo del Paraboe y llegaron a la ciudad Nostra Singnora de Sunsión, donde nosotros más antes habíamos dejado a los otros cristianos. Allí se enfermó nuestro capitán general de fiebre y se estuvo 14 días metido en su casa: era más por pretexto, y por darse importancia, y no tanto por enfermedad, que no se comunicaba con la gente, pero se había portado con ella de una manera muy impropia; porque un señor o capitán que pretende gobernar un país ha de dar buena salida a todos, a los más chicos como a los más grandes, y mostrarse bien inclinado a todos los hombres.
Ítem más, a tal persona le ha de convenir que él se porte y obre según y como ha de ser él acatado y respetado, ser más discreto y saber más que los otros que él manda; porque sienta mal y es bochornoso que un hombre acreciente honores y no también saber; tampoco deberá andar pavoneándose por su alto puesto, despreciando a los demás, como el muy fatuo y orgulloso soldadote Traso en Terencio. Porque cada capitán se nombra para bien de sus lansquenetes y no se recluta la tropa para bien de su capitán.
Fuente:
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