Arqueología Cronológica de Venezuela

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Introducción 
Series, Horizontes y Tradiciones.

Al establecer nuestras cartas cronológicas encontramos muy pocos casos en los cuales el mismo estilo o complejo se extendiese a más de un área, esto es, apenas había ejemplos de colecciones de dos áreas tan semejantes que pudiéramos clasificarlas dentro del mismo estilo o complejo. Por otra parte, no encontramos ningún ejemplo en que el mismo estilo o complejo se diera en tres o más áreas.

Pero, al mismo tiempo, nos hemos encontrado ante semejanzas en la alfarería de dos o más áreas, esto es, podemos afirmar que los estilos de dos áreas diferentes son parecidos, aunque no sean idénticos. En realidad este fenómeno está más difundido de lo que al principio creíamos, hasta el punto de que hemos podido distinguir nueve grupos de estilos semejantes y aparentemente relacionados, algunos de los cuales se extienden a considerable distancia y persisten a través de diversos períodos.

Empleamos el término serie para designar este fenómeno que puede ser definido como "grupo de estilos similares y contiguos". Para formar una serie, los estilos semejantes han de compartir muchas de sus características, aunque no necesariamente todas ellas. Deben, asimismo, dar lugar a una serie en el sentido de su continuidad, ya sea en espacio, en tiempo, o en espacio y tiempo, de tal manera que podamos tener razonable confianza en que los caracteres compartidos han podido ser comunicados en cierto momento y no han sido inventados de manera independiente, ya que consideramos que cada serie es resultado de la difusión de caracteres cerámicos de un área a otra y de la persistencia de los caracteres de un período en otro.

En la primera versión de la actual monografía empleamos el término horizonte para designar este fenómeno, pero terminamos por desecharlo ya que implica contemporaneidad y por ello es aplicable sólo en parte a nuestro material. Los caracteres de la serie que llamamos Tocuyanoide, por ejemplo, parecen haberse extendido de manera relativamente rápida durante el Período II, de modo que los estilos primitivos de la serie resultan prácticamente contemporáneos; pero en una de las áreas dichos caracteres han sobrevivido hasta alcanzar el final del Período III, con lo que resulta que el último estilo de esta serie posee una edad completamente diferente de la de los estilos primitivos. Otras series, en cambio, parecen haberse extendido de manera tan lenta que los estilos últimos no aparecieron hasta que los primeros ya habían dejado de existir. Tal es el caso, por ejemplo, acontecido con la serie Saladoide, a la que nos hemos referido anteriormente. Si las fechas de la cronología relativa que proponemos y de la basada en el radiocarbón son correctas, el estilo Saladero, que es el primero de la serie del Orinoco, se había extinguido antes de que hubiera aparecido el de El Mayal, primer estilo de la costa norte.

Antes de decidir finalmente el uso de la palabra serie estuvimos pensando en utilizar el término tradición, pero lo no hicimos porque este se refiere fundamentalmente a la persistencia a través del tiempo y constituye asimismo sólo una parte del concepto que proponemos. La mayoría de nuestras series consisten a la vez de horizontes y de tradiciones si empleamos estos términos de la manera habitual en la arqueología del Perú (ver, por ejemplo, Willey, 1945). Nuestra serie Barrancoide, pongamos por caso, constituye un horizonte, en tanto que parece haberse extendido a partir de Barrancas, en el Bajo Orinoco, hacia varios puntos en la costa, pero es al mismo tiempo una tradición dentro de la propia área de Barrancas en la que persiste en la secuencia de estilos de Barrancas —Los Barrancos— Guarguapo. En esta obra, de consiguiente, utilizamos la frase "horizonte barrancoide" cuando nos referimos especialmente a la extensión de la serie en el espacio y empleamos "tradición barrancoide" cuando tratamos de su persistencia en el tiempo.

Los arqueólogos peruanistas utilizan generalmente el término estilo horizonte, en lugar de horizonte (Willey, op. cit.) pero nosotros nos hemos apartado de tal uso, desde el principio, porque habría supuesto que hablábamos de un solo estilo extendido sobre cierto número de áreas en lugar de tratarse, como en realidad es el caso de Venezuela, de una serie de estilos diferentes pero relacionados. Durante cierto tiempo empleamos complejo horizonte (Rouse, 1953a: 192-4) pero luego decidimos que esto también era inexacto ya que no hemos podido obtener un complejo de caracteres para cada serie, como creíamos poder hacer.

Al pensar inicialmente sobre este tema hicimos la hipótesis de que cada serie debería haberse difundido mediante migraciones relativamente rápidas, de modo que habría escaso cambio en la cerámica del pueblo en movimiento desde el comienzo al fin de su migración. Ello supondría, a su vez, que el estilo inicial y final en los períodos de migración diferirían en escasa medida. Posteriormente nos dimos cuenta de que la hipótesis no era exacta ya que ésta es sólo una de las varias posibilidades que pueden dar existencia a una serie. Es perfectamente posible que muchas migraciones hayan sido lo suficientemente lentas como para permitir marcados cambios en los estilos. Algunas series, además, no han resultado probablemente de migraciones, sino de la transmisión de costumbres cerámicas de un grupo sedentario a un segundo y de éste a otro tercero y así sucesivamente. En tales casos la difusión, posiblemente, ha sido selectiva, esto es, el segundo grupo con toda verosimilitud sólo adoptaba aquellos caracteres que se acomodaban a su estilo previo, y lo mismo sucedía al tomar el tercer grupo rasgos cerámicos del segundo. Esto podría ser causa de que los caracteres cerámicos compartidos por el segundo y tercer grupos fuesen diferentes de los rasgos compartidos por los grupos primero y segundo, lo que encontramos con frecuencia en él realidad arqueológica.

No podemos, por tanto, definir las series relacionando los caracteres de cada una, ya que éstos varían excesivamente de un estilo a otro. Lo que hemos hecho ha sido adoptar la práctica de designar un estilo tipo o cabecero y considerarlo como el patrón de la serie en general. Para ello hemos seleccionado el estilo más perfeccionado de cada serie considerándolo como estilo típico ya que en él se recoge la mayor parte de las variaciones de los estilos relacionados.

Este cambio práctico nos lleva a introducir también una modificación en el método que utilizamos para designar las series. Inicialmente les dábamos el nombre correspondiente a sus caracteres típicos, pero luego hemos seguido el sistema de darles un nombre propio añadiendo el sufijo "-oide-" al nombre del estilo cabecero. De este modo, la serie que llamábamos primeramente "Blanco-sobre-rojo" tomó el nombre de serie Saladoide. Ambos métodos están de acuerdo con las prácticas que se usan comúnmente en la arqueología peruana para establecer nomenclaturas (rf. Willey, 1945 y Anónimo, 1953).

De igual modo que sucede en la arqueología del Perú, no debe considerarse necesariamente al estilo cabecero como correspondiente al lugar de origen de la serie, aunque en general, según hemos podido comprobar, cada estilo típico aparece cerca del centro de distribución de la serie, tendiendo los estilos periféricos a hacerse cada vez más sencillos a medida que se alejan del estilo cabecero. Sospechamos, por otra parte, que algunas de las series pueden haber tenido más de un lugar de origen, esto es, que ciertos de sus caracteres bien pueden haberse originado en un estilo difundiéndose en cierta dirección, en tanto que otros rasgos pueden haberse originado en estilos diferentes extendiéndose a su vez en direcciones diversas.

Las series, en su mayoría, están distribuidas de manera linear, esto es, sus caracteres se han difundido siguiendo líneas únicas que generalmente coinciden con ríos, con la costa o con otros accidentes geográficos, en lugar de irradiar a partir de un centro, como los radios de una rueda. Las lineas de difusión de las series, por otra parte, se muestran cruzadas con cierta frecuencia. La serie Barrancoide, por ejemplo, al ir desde el Orinoco hasta el área de Puerto Cabello durante la segunda mitad del Período II, está cruzada por la distribución de la serie Tocuyanoide que se extendió desde el área de Barquisimeto, en las montañas, hasta la de La Guaira, en la costa, durante el mismo Período.

El hecho de que ciertos estilos posean los caracteres de varias series diferentes, se debe a este cruzamiento, con toda posibilidad. Así, el estilo Guarguapo del Período IV, en el área del Bajo Orinoco, puede ser considerado Barrancoide en que posee las formas características y la ornamentación modelado-incisa de los estilos primitivos del área, pero al presentar desgrasante de esponja y ornamentación aplicado-punteado que lo relacionan con la serie Arauquinoide, la cual debió moverse río Orinoco abajo en el Período IV. En estos casos clasificamos tales estilos híbridos en la serie cuyos caracteres parecen ser dominantes, que en el indicado ejemplo son los Arauquinoides.

El concepto de las series, en lo que a nosotros toca, ha desempeñado dos funciones diversas:

1) Nos ha permitido agrupar estilos similares y contiguos aplicándoles la etiqueta de un nombre común y luego hemos utilizado este mismo nombre como una especie de método taquigráfico con el que hacemos referencia a las semejanzas existentes.

2) También ha sido útil como medio de expresar la difusión y la persistencia de caracteres cerámicos.

Debemos advertir de nuevo, no obstante, que el hecho de agrupar los estilos en series no constituye per se un claro indicativo de la manera en la cual tuvo lugar su difusión. Algunas series parecen haber surgido como resultado de movimientos migratorios en tanto que otras han nacido, al parecer, de la difusión de caracteres cerámicos que han pasado de un grupo o pueblo a otro u otros.

No hemos utilizado las series para sincronizar secuencias locales, aunque tal uso ha sido defendido por (Willey y Phillips, 1958), ya que estimamos que en realidad no pueden servir a tal propósito puesto que las series son tanto tradiciones como horizontes y por ello no siempre resultan contemporáneas. Además, no es posible establecer las series hasta después de haber sincronizado las secuencias locales ya que es preciso conocer qué estilos son contiguos y cuáles son semejantes, antes de establecer las series.

Hasta ahora hemos tratado de las series solamente en función de los estilos cerámicos. Teóricamente sería igualmente posible establecerlas para los complejos sin cerámica, pero en la práctica resulta más difícil, ya que los artefactos típicos son más simples y mucho menos frecuentes en estos complejos no cerámicos y por ende no proporcionan criterios tan evidentes de semejanza. Además, los caracteres de los artefactos reflejan más bien la función que el estilo, y de ello resulta que cualquier semejanza probada puede deberse a la producción de una respuesta paralela ante la misma necesidad, en lugar de a una conexión genética, aunque es claro que esta última posibilidad no puede ser eliminada a priori en ningún caso.

A causa de estos motivos de debilidad debemos proceder con cautela cuando se trata de establecer series no cerámicas que se extienden preferentemente en el espacio, es decir, que constituyen horizontes en lugar de tradiciones. Sin embargo, no dudamos tanto cuando se trata de la formulación de series no cerámicas que persisten a través del tiempo y que, por tanto, comprenden tradiciones más bien que horizontes. El simple hecho de que un complejo suceda a otro en un área determinada constituye una aceptable prueba de que las semejanzas entre ambos se deben a una conexión genética y no a la paralela adaptación ante idénticas necesidades. Con esta base hemos elaborado una serie no cerámica única que se une a las series cerámicas a que anteriormente nos referimos.

Tenemos plena conciencia de que lo que decimos de las series constituyen la parte de carácter más especulativo en las conclusiones que proponemos y, por consiguiente, es aquí donde esperamos haya mayores revisiones a medida que vayan obteniéndose más datos (rf. Rouse, 1955: 721). Uno de los puntos más débiles es la desigualdad de nuestra información actual puesto que conocemos muchos más detalles acerca de una área que sobre otras, lo que fácilmente puede dar lugar a una imagen de la forma en la cual se unen las áreas para formar series, afectada de distorsión. No obstante, como poseemos pruebas de la existencia de las indicadas series, las hemos utilizado de la mejor manera que nos ha sido posible.


En el siguiente apartado podrás conocer las series propuestas por los autores.

Correlaciones geológicas e históricas Series propuestas