Arqueología Cronológica de Venezuela
Introducción
Series, Horizontes y Tradiciones Las Islas La Costa Las Montañas Los Llanos Río Orinoco |
| Introducción |
| Cronología Absoluta: 3. Análisis del radiocarbono. |
| Tabla 1. Conversión de los Períodos Relativos en Cronología Absoluta | ||||
| Período | Fechas según la acumulación residual |
Fechas glotocronológicas |
Fechas basadas en los análisis de radiocarbono |
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| Fechas calendáricas | Fechas a partir del momento actual |
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| V | 1500 d.C. en adelante | 1500 d.C. en adelante | 1500 d.C. en adelante | 0 - 450 |
| IV | 1437 - 1500 d.C. | 1350 - 1500 d.C. | 1150 - 1500 d.C. | 450 - 800 |
| III | 1193 - 1437 d.C. | 750 - 1350 d.C. | 350 - 1150 d.C. | 800 - 1600 |
| II | 929 -1193 d.C. | 150 - 750 d.C. | 1050 a.C. - 350 d.C. | 1600 - 3000 |
| I | 849 -929 d.C. | 50 a.C. - 150 d.C. | 5050 a.C. - 1050 | 3000 - 7000 |
3. Análisis del radiocarbono.
Teniendo en cuenta que las fechas glotocronológicas dejan mucho que desear en cuanto concierne a su exactitud, buscamos un método que pudiera comprobarlas, el cual encontramos en el análisis del radiocarbono. Este método, nacido como subproducto de la investigación atómica, se basa en el descubrimiento de que toda la materia orgánica contiene una forma radioactiva de carbono conocida con el nombre de carbón 14. Mientras los organismos viven, contienen iguales cantidades relativas de carbón 14, en tanto que, una vez mueren, este isótopo se descompone a un ritmo que parece ser constante. El porcentaje de descomposición ha sido calculado midiendo objetos de los que se poseen fechas históricas, como por ejemplo, las cajas de las momias egipcias. Para determinar cuanto tiempo ha transcurrido desde la muerte de un organismo, por consiguiente, sólo se tiene que preparar carbón o anhídrido carbónico del organismo, determinar la cantidad de carbón 14 que posee y comparar esta cantidad con la de la muestra actual que ha sido preparada en la misma manera (Libby, 1955).
Con el propósito de utilizar esta nueva técnica, ambos autores colectamos en 1950 cierto número de muestras de carbón en el curso de nuestras excavaciones en la estación de Saladero, cerca de Barrancas. Posteriormente Cruxent obtuvo nuevas muestras de carbón en las estaciones de Irapa, en la Venezuela oriental y de Tocuyano, en occidente, mientras Rouse, con la asistencia de John M. Goggin, hizo excavaciones en Ortoire, yacimiento de la isla de Trinidad, en las que consiguió otras muestras (Rouse, 1953: 106). Todas ellas, con la excepción de la procedente de Tocuyano, fueron enviadas al Laboratorio Geocronométrico de la Universidad de Yale que las analizó para que nos sirvieran como prueba de las fechas basadas en el método glotocronológico. (La muestra de Tocuyano no fue incluida porque aun no había sido convenientemente fechada en relación con nuestra cronología relativa y por ello no era pertinente al problema indicado Cruxent la envió al laboratorio de radiocarbono de la Universidad de Michigan Memorial Phoenix, que la fechó como proyecto aparte).
| Tabla 2. Primeras fechas de Radiocarbono | |||||
| Muestra | Yacimiento | Complejo o Estilo |
Período | Fecha del C-14 (en años desde el momento presente) |
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| Inicial | Revisado | ||||
| Y-38 | Saladero | Guarguapo | IV | V | 300 ± 50 |
| Y-41 | Saladero | Los Barrancos | III | III | [6250 ± 380] |
| Y-290 | Irapa | Irapa | III | III | 1580 ± 40 |
| Y-40 | Saladero | Barrancas | III | II | 2850 ± 120 |
| Y-42 | Saladero | Saladero | II | II | 2870 ± 130 |
| Y-43 | Saladero | Saladero | II | II | 2700 ± 130 |
| Y-44 | Saladero | Saladero | II | II | 2570 ± 130 |
| Y-260-1 | Ortoide | Ortoide | I | II | 2750 ± 130 |
| Y-260-2 | Ortoide | Ortoide | I | II | 2760 ± 130 |
| Todas estas fechas han sido determinadas por el Laboratorio Geocronométrico de la Universidad de Yale. Para información adicional ver Preston, Person y Deevey (1955: 6-7) |
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El laboratorio de Yale analizó las nueve muestras que figuran en la Tabla 2, en las que figura material de todos nuestros períodos relativos, con excepción del V, histórico, ya que deseábamos obtener la indicada prueba de las fechas absolutas glotocronológicas. Las fechas de radiocarbono, ante nuestra sorpresa y consternación, no se correspondían con las glotocronológicas. Las dos muestras de radiocarbono del Período I eran unos 800 años más antiguas que lo estimado por el método glotocronológico. Ello, sin embargo, no era decisivo ya que las estaciones correspondientes al Período I bien pudieron haber sido habitadas en cualquier tiempo anterior al Período II, cuya época de migración medida por el método glotocronológico no resultaba entonces afectada. En realidad, ha sido tendencia general de la antropología americana que las fechas absolutas hayan resultado anteriores a lo que previamente se había estimado (ver, por ejemplo, las observaciones de Kroeber a este respecto en Tax, Eiseley, Rouse y Voegelin, 1953:39-40).
Las tres fechas del Período II eran las que poseían carácter crítico ya que deberían haber correspondido con la fecha glotocronológica de Taylor, lo que no sucedía. En lugar de indicar unos 1, 800 años antes de la época actual señalaban por término medio 2, 700 años, esto es, 900 años antes de lo que se suponía (Tabla 2), y, lo que es aún peor, no se correspondía con la cronología relativa ya que resultaban tan antiguas como las del Período I debiendo ser mucho más recientes.
Una de las fechas del Período III, la basada en la muestra Y-290 de Irapa estaba en el lugar previsto. La fecha de 1580 años a partir del presente era exactamente la que esperábamos encontrar ya que en la cronología relativa habíamos colocado a esta muestra al comienzo del Periodo III. Sin embargo, las otras dos fechas del Período III se encontraban muy lejos de donde suponíamos. La muestra Y-40, de Saladero, databa de la misma época que las del Período II de este yacimiento, mientras la muestra Y-41, de mismo lugar, daba una fecha mucho más remota 6250 años anteriores al momento actual (Tabla 2). El laboratorio nos había advertido acerca de la incertidumbre de esta última fecha, ya que había razones físicas y químicas para ponerla en duda, pues podía haber perdido gran parte de su actividad al someterla primeramente a preparación para análisis por el método del carbono sólido, volviendo a prepararla luego para análisis por el método del acetileno, antes de haber medido su radioactividad. Era además tan pequeña que había sido medida a la mitad de la presión normal con la consiguiente pérdida de precisión (Preston, Person y Deevey, 1955:6). Pero la muestra Y-40, que era inconsistente tanto con los métodos glotocronológico como de la cronología relativa, no admitía tal tipo de explicación.
La fecha final, correspondiente al Período IV, que también procedía de Saladero era de 300 años antes de ahora y correspondía al Período V en lugar de al IV (Tabla 2). El cambio no era fundamental tampoco en este caso ya que la fecha era demasiado reciente para reflejarse en el método glotocronológico y habíamos llegado previamente a la conclusión de que el estilo Guarguapo con el cual estaba asociada, se había extendido al Período V. Para poner de acuerdo la nueva fecha con la cronología relativa no necesitábamos sino trasladar el período del depósito en el que había sido encontrada la muestra del IV al V, lo que resultaba completamente consistente con la estratigrafía de la estación.
Entre las nueve fechas obtenidas por el laboratorio de Yale, había cuatro, por tanto, que resultaban fundamentalmente inconsistentes con las logradas por los otros métodos: las tres correspondientes al Período II (muestras Y-42 a Y-44) y una de las tres del Período III (muestra Y-40), procedentes todas ellas de las excavaciones de Saladero. Nuestra primera idea fue que debió haber existido contaminación de estas muestras, pero el doctor Deevey, director del laboratorio, señaló que la contaminación habría hecho a las muestras más recientes al ser su radioactividad mayor, mientras que lo que nos preocupaba era que resultaban demasiado antiguas. Además, si estas cuatro muestras se hubieran contaminado de algún modo para indicar una fecha anterior, la otra muestra útil de Saladero, la Y-38, debería mostrar análoga tendencia en tanto que, por lo contrario, resultaba demasiado reciente.
Otra posibilidad era suponer la existencia de algún error estadístico, ya al medir la radioactividad ya al calcular las fechas resultantes. Si únicamente se hubiera tratado de una muestra, ello podía ser plausible pues hay una probabilidad entre tres para que una de las fechas excediera los límites del error standard, según resulta la Tabla 2. Pero la probabilidad resultaba extremadamente pequeña ya que las cuatro muestras indicaban virtualmente la misma fecha y resultaba muy extraño que todas hubieran pasado los límites del error probable y además en igual dirección. El doctor Deevey, no obstante, convino en que había alguna pequeña probabilidad de que ello hubiera sucedido y nos ofreció fechar nuevas muestras para comprobación de los resultados anteriores.
| Tabla 3. Fechas de Radiocarbono obtenidas para Comprobación de las Conseguidas primeramente. |
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| Muestra | Yacimiento | Complejo o Estilo |
Período | Fecha del C-14 (en años desde el momento presente) |
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| Primitivo | Revisado | ||||
| Y-299 | Río Caribe | El Morro | V | V | 290 ± 70 |
| Y-454 | Mirinday | Mirinday | IV | IV | 580 ± 50 |
| Y-298 | El Morro | El Morro | IV | IV | 715 ± 70 |
| Y-300 | El Mayal 1 | Chuare | III | III | 1355 ± 80 |
| Y-499-2 | Los Barrancos | Los Barrancos | III | III | 1370 ± 90 |
| Y-297 | El Mayal 2 | El Mayal | II | II | 1795 ± 80 |
| Y-457 | Cerro Machado | Cerro Machado | II | II | 1930 ± 70 |
| M-257 | Tocuyano | Tocuyano | II | II | 2180 ± 300 |
| Y-456 | Pedro García | Pedro García | IV | II | 2450 ± 90 |
| Y- 294 | Saladero | Barrancas | III | II | 2800 ± 150 |
| Y- 316 | Saladero | Barrancas | III | II | 2820 ± 80 |
| Y-296g | La Aduana 1 | Manicuare | I | I | 3050 ± 80 |
| Y-455 | El Heneal | El Heneal | I | I | 3400 ± 120 |
| Y-295 | La Aduana 1 | Manicuare | I | I | 3570 ± 130 |
| Y-497 | Punta Gorda | Cubagua | I | I | 4150 ± 80 |
| Y-458d | Cerro Mangote | Cerro Mangote | I | I | 6810 ± 100 |
| Puede consultarse el trabajo de Crane (1956:9) si se desea obtener más información acerca de la fecha de la muestra de la Universidad de Michigan (M-257). Sobre todas las fechas de Yalem salvo las últimamente obtenidas ( Y-454 a Y-458d, Y-497 e Y-499-2) puede lograrse documentación en Barendsen, Deevey y Gralenski (1957: 908-19). |
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Esto sucedió durante el invierno de 1954 a 1955, pudiendo entregar sin pérdida de tiempo al doctor Deevey la única nueva muestra útil que teníamos proveniente de nuestras excavaciones del año 1950 en Saladero.(Poseíamos también otras que no podían ser utilizadas por no poseer seguridad en cuanto a su edad relativa). Una de las razones que motivaron el viaje de Rouse a Venezuela en el verano de 1955 fue la de obtener más muestras de carbón para su análisis. Entre los dos autores logramos durante dicho verano otras ocho muestras, aunque una de ellas no fue entregada al laboratorio sino en fecha posterior a las otras, puesto que no teníamos seguridad en cuanto a su fecha relativa. Una nueva investigación en 1956 y 1957 produjo seis muestras nuevas. Asimismo pudimos utilizar otras dos fechas, una dada por una muestra obtenida por C. R. Me Ginisey en Cerro Mangote, en Panamá, que nos analizó el laboratorio de Yale, y que habíamos situado en el Período I, y otra la que analizó el laboratorio de la Universidad de Michigan, a que antes nos referimos, proveniente de Tocuyano, en Venezuela. Esto nos ofrecía un total de 16 fechas con el cual comprobar las 9 primeras analizadas (Tabla 3).
Como indica la Tabla 3, 13 de las 16 fechas nuevas se correspondían perfectamente con la cronología relativa propuesta. No obstante había tres problemáticas. Una de ellas, obtenida en Pedro García (Y-456), nos preocupó desde el principio. La muestra correspondiente fue la que habíamos obtenido en 1955, a que antes hicimos referencia, la que no hicimos analizar durante aquel año a causa de nuestra incertidumbre a cerca de su edad relativa. Al analizarla ahora, junto con las muestras obtenidas en 1956, vimos que habíamos tenido buenas razones para no analizarla anteriormente ya que la fecha relativa que por fin le dimos, situándola en el Período IV, no estaba de acuerdo con la fecha del radiocarbono que era la de 2450 ± 90. Por todo ello, lo primero que hicimos en 1957 fue volver al yacimiento de Pedro García para realizar nuevas excavaciones que ampliamos a dos estaciones vecinas. Los resultados de estos trabajos son tratados con detalle en el texto; no necesitando decir aquí sino que nos habíamos equivocado al correlacionar la alfarería recogida en la superficie de otra zona de la estación con la muestra de radiocarbono procedente de la excavación. La alfarería, data del Período IV, pero la muestra de radiocarbono parece estar asociada con un complejo no cerámico (poseedor de alfarería comercial) del Período II (Tabla 3).
Estos hechos eliminaban una de las discrepancias existentes entre las nuevas fechas de radiocarbono y la cronología relativa, subsistiendo otras dos relacionadas con las muestras de Saladero una de las cuales era la última de las recolectadas en 1950 y la otra, una conseguida en 1954. Estas dos muestras nos ofrecían fechas prácticamente iguales, que correspondían además casi exactamente con las cuatro fechas dudosas que nos habían obligado a realizar la segunda serie de análisis.
Los resultados finales, en consecuencia, eran los siguientes. De las 25 fechas obtenidas por el método del radiocarbono, 19 estaban de acuerdo en líneas generales con la cronología relativa, en tanto que las otras 6 no lo estaban. Las seis fechas discordantes provenían de un sólo lugar, Saladero, aunque poseíamos otra fecha de la estación (basada en la muestra Y-38) y una más procedente de un yacimiento vecino (Y-499-1) que estaban de acuerdo con la cronología relativa.
La posibilidad de error estadístico parece descartada al observar que la fecha de las seis muestras discutidas es prácticamente la misma, debiendo hacer notar, no obstante, que tres de ellas están asociadas con el estilo Saladero y las otras tres con el Barrancas. En vista de lo anteriormente dicho, decidimos que las fechas dadas por el método del radiocarbono eran correctas y comenzamos a analizar los posibles errores cometidos en el establecimiento de la cronología relativa. Había dos posibilidades: a) Puesto que todas las fechas inconsistentes eran de la estación de Saladero, era posible un error al elaborar la secuencia local de este yacimiento y b) era posible también la comisión de un error en la sincronización de la secuencia de Saladero con las de la costa y de las islas, con las cuales estaban asociadas la mayoría de las otras fechas del radiocarbono. Pronto nos dimos cuenta de que el error se daba en ambos aspectos, según detallamos a continuación:
a) El estudio preliminar que realizamos del material procedente de la estación de Saladero nos indujo a situar el estilo Saladero en la primera parte del Período II y el estilo Barrancas en el Período III. El estudio definitivo que llevamos a cabo posteriormente y al que nos referimos más adelante, muestra que en lugar de lo dicho, el estilo Barrancas aparece inmediatamente después de Saladero en la última parte del Período II, según se indica en la penúltima columna de las Tablas 2 y 3. En realidad, ciertas zonas del depósito presentan un período de superposición de ambos estilos, coexistiendo durante el mismo los tiestos de estilo Saladero y Barrancas en las proporciones de 1 a 2 y de 1 a 3. Las tres fechas que obtuvimos correspondientes al estilo Saladero provienen de un lugar relativamente alto en el que el depósito es puramente del estilo mencionado, en tanto que las fechas del Barrancas provienen del período de traslado. De ello podemos deducir que la diferencia en edad existente entre los dos estilos no es mayor que la que puede ser atribuida al error estadístico normal.
b) En cuanto al problema de la sincronización de la secuencia de Saladero con las de otros lugares de Venezuela debemos confesar que, por falta de evidencia mejor nos vimos obligados a basar tal sincronización en una hipótesis que como ya hemos observado estimamos poco justificada, la de que la semejanza en cultura o en estilo es de por sí prueba de contemporaneidad. En este caso habíamos supuesto que las dos muestras de Ortoire eran más antiguas que las de Saladero (situándolas en el Período I y no en el II) simplemente porque carecían de alfarería. Pero, en la misma Venezuela actual, viven unas al lado de otras tribus alfareras y tribus no Cerámicas. ¿Nos habíamos equivocado, entonces? ¿Acaso las gentes que dieron lugar a los estilos cerámicos de Saladero y Barrancas habían estado viviendo en el Orinoco mientras los habitantes de la costa y de Trinidad carecían aun de alfarería?
Nuestros trabajos de campo realizados a partir de 1954 habían descubierto pruebas de que era esto exactamente lo que había sucedido. Sin entrar en detalles que se encuentran en el cuerpo de esta obra, indicaremos solamente que la prueba decisiva, en lo que se refiere a nuestro caso, fue obtenida en las excavaciones que realizó Cruxent durante el invierno de 1956-57 en el yacimiento de Punta Gorda, en la isla de Cubagua, donde descubrió un montículo formado por una espesa capa de material no cerámico, que sólo contenía alfarería en los niveles de la cumbre. Este mismo material cerámico era tan escaso y estaba tan bien confeccionado que suponemos se compone de objetos de comercio procedentes de indios alfareros de algún otro lugar de Venezuela, quizás de indios que provenían del valle del Orinoco y que comenzaban a dirigirse hacia la costa y las islas. La cerámica que fue introducida probablemente del modo indicado no posee relación directa con la de la estación de Saladero del Período II, pareciendo tratarse más bien de una evolución más tarde. Todo ello por consiguiente, confirmaría nuestra conjetura de que las gentes de la costa y de las islas no poseían alfarería durante el período cerámico primitivo de Saladero, consiguiéndola en una época posterior una vez que los estilos del Orinoco habían sufrido ya un proceso de cambio. A base de estas y de otras pruebas que presentamos en otros lugares de esta monografía, hemos situado la fecha relativa de las muestras de Ortoire en el Período II, en lugar de en el I, como mostramos en la Tabla 2, con lo cual se elimina la última de las discrepancias existentes entre las fechas de radiocarbono y los períodos.
Permanece aún, no obstante, la discrepancia entre las fechas de Saladero y la glotocronología, la que también nace de una premisa falsa según las últimas pruebas que hemos logrado reunir. Siguiendo a Osgood (1942: 57), habíamos supuesto que los grupos que hablaron primero el arauaco, probables introductores de la agricultura y de la alfarería en las Antillas, habían emigrado directamente desde el Orinoco a Trinidad y de aquí a las Antillas. Esta hipótesis es contraria a la conclusión de Lovén según la cual los primeros grupos que hablaron el arauaco (a los que llama Taino en lugar de Igneri) se extendieron desde la península de Paria, en la costa del Caribe, hasta Trinidad y las Antillas, pero parecía confirmarse ante las semejanzas existentes entre la alfarería excavada por Osgood y Howard en Los Barrancos, lugar del Bajo Orinoco, y la cerámica de Trinidad y de las Antillas (Osgood, 1942b). Al descubrir en 1950 otras semejanzas aún más antiguas entre el estilo que llamamos Saladero y la alfarería más antigua de las Antillas (la de los estilos Cedros y Cuevas), nos vimos inclinados a aceptar la hipótesis de Osgood más bien que la de Lovén en cuanto a la migración de los primeros arauacos.
Pero incluso antes de abandonar la idea de que podía haber error en las fechas debidas al radiocarbono y dirigirnos a revisar la validez de la cronología relativa, habíamos empezado a encontrar pruebas de que la hipótesis de Osgood era equivocada. En 1955 descubrimos en estilo cerámico, el de El Mayal, en la base de la península de Paria, que se aproximaba mucho más que Saladero a los dos estilos antillanos que habíamos relacionado con la migración de los primeros arauacos. Como se ha indicado anteriormente, la alfarería encontrada por Cruxent en la cumbre del montículo no cerámico de Punta Gorda, en la isla de Cubagua —a la que hemos considerado formada por objetos de comercio— posee el mismo estilo en líneas generales, lo que constituye una prueba de que los primeros arauacos se dirigieron hacia las Antillas desde la costa de Paria más bien que desde el Orinoco.
En consecuencia hemos cambiado nuestra hipótesis inicial. Aceptamos la división de Lovén de los grupos de habla arauaca en: "a) arauacos fluviales, que se extendieron utilizando las grandes corrientes de los ríos de suave curso, y b) arauacos marítimos, que tomaron los caminos del mar" (op. cit.: 27). Consideramos, por tanto, a las gentes creadoras de los estilos Saladero y Barrancas, del Bajo Orinoco, como arauacos fluviales y pensamos en consecuencia que no fueron directamente responsables de la expansión de los grupos de habla arauaca por las Antillas. No obstante, como hacemos notar en otra parte, las creadoras del estilo Saladero pueden haber sido antecesoras de los arauacos marítimos, esto es, sus descendientes muy bien pudieron haberse dirigido hacia la costa de Paria, aprendiendo la navegación marítima de los pueblos no cerámicos que ya estaban establecidos en aquella zona —en Punta Gorda, lugar de la isla de Cubagua, por ejemplo— transformándose así de arauacos fluviales en marítimos.
Siendo esto muy posiblemente así, no consideramos ya que sean comparables las fechas de radiocarbón de Saladero con los datos y fechas glotocronológicas de Taylor. Lo que debe ser comparado, entonces, es la edad de la alfarería primitiva de la costa y de las islas, esto es, la del estilo El Mayal, con la alfarería comercial de la cumbre del montículo no cerámico de Punta Gorda. No hemos tenido la suerte de conseguir carbón asociado al último yacimiento, pero sí hemos logrado obtener alguna muestra del primero (Tabla 3, muestra Y-297). La fecha que da es la de 1795 ± 80, a partir del momento actual, lo que coincide precisamente con la fecha glotocronológica de 1800.
A pesar de tal correspondencia, nuestra hipótesis ha suscitado objeciones por conducir a la conclusión de que los primeros pueblos alfareros permanecieron en el valle del Orinoco durante cerca de mil años antes de dirigirse hacia la costa de Venezuela y hacia las islas. Pero no podemos aceptar esta posición negativa si tenemos en cuenta que la gran mayoría de los indios de California no poseyeron alfarería ni agricultura durante casi dos mil años después de la aparición de tales creaciones culturales en la América suroccidental, pudiéndose también citar ejemplos semejantes en otros lugares del mundo. Debemos advertir, asimismo, que las recientes investigaciones geológicas han mostrado que las bocas del Orinoco cercanas a Trinidad no aparecieron hasta después del indicado período. Esto significa que los arauacos fluviales habrían tenido que cruzar el mar, los pantanos que rodean el Golfo de Paria, o los Llanos para llegar a la costa y luego a las islas. Las tres rutas son lo bastante difíciles como para haber constituido barreras que impidieron una inmediata expansión.
Las fechas de radiocarbono han sido también criticadas porque llevan a la conclusión de que habían comenzado muy temprano la agricultura y la alfarería en la cuenca del Río Orinoco. Pero lo dicho está de acuerdo con la tendencia general de la arqueología del Nuevo Mundo, cuyas fechas, según hemos advertido, van situándose cada vez más hacia atrás en el tiempo. Además, las críticas se basan en la idea de que la agricultura de la selva tropical no es sino una consecuencia de la agricultura sedentaria de los Andes, debiendo considerársela por ello de fecha más reciente. Si en lugar de esto hubiera existido un centro diferenciado de agricultura de selva tropical en la zona oriental de Sudamérica, como hemos sugerido en otro lugar (Rouse, 1958), las fechas concordarían, ya que el referido centro oriental bien podría ser tan antiguo como el centro andino mesoamericano. Las pruebas que poseemos en cuanto a la existencia en Venezuela de dos centros separados de desarrollo cultural, apoyan esta hipótesis.
Afirmamos, en conclusión, que Venezuela entera careció de agricultura y de alfarería durante el período I. Los primeros grupos alfareros y agricultores, al parecer de lengua arauaca, debieron llegar al Orinoco al comienzo del Período II, esto es, unos 3.000 años antes de hoy (Tabla I). Permanecieron en esta zona, probablemente, hasta mediados del indicado período y continuaron su marcha hacia la costa y las islas después del año 1795 a.h. contando desde el momento actual. (No creemos que la única fecha de radiocarbono que poseemos referente a la estancia de estos grupos en la costa se relacione con la primera época de su llegada al lugar). Habiendo cambiado su tipo de vida fluvial, transformándose en marítimo, merced al contacto con los pueblos sin cerámica, anteriormente habitantes de la costa y de las islas, estos arauacos pudieron pasar a las Antillas hacia 1800 antes de ahora, según indican las fechas glotocronológicas. Tales conclusiones reconcilian completamente las fechas de radiocarbono con las glotocronológicas y con las de la cronología relativa propuesta, por lo que nos parecen preferibles a nuestra hipótesis primitiva.
Antes de abandonar el tema del análisis por el método del radiocarbono, deseamos hacer algunas observaciones acerca de la confianza que puede merecer. De igual modo que sucedió con las técnicas glotocronológicas, ha pasado por una fase de aceptación entusiasta y escasamente crítica, seguida por otra de desilusión. Evans (1956:93) ha dicho, por ejemplo, que "los estudios más recientes sugieren que aunque el método tiene cierta validez no podemos aceptar las fechas del carbón 14 como una verdad absoluta". Nuestro acuerdo con tal declaración es completo, como testimoniará la discusión subsiguiente, aunque debemos añadir que ningún otro procedimiento para determinar épocas relativas o absolutas constituye tampoco "una verdad absoluta". Cada método ha de ser evaluado cuidadosamente en función de sus peculiares debilidades y de su propia coherencia. Tenemos la impresión de que muchos de los críticos más tenaces del método del radiocarbón lo son porque los resultados que con él han obtenido no han confirmado sus ideas preconcebidas en cuanto a la edad de ciertos fenómenos. En la presente obra hemos intentado evitar tal tentación.
Debemos advertir asimismo que resulta poco sólida la evaluación de una técnica cronológica sólo en función de sí misma. Lo que da su validez a las fechas del radiocarbón no es solamente su correspondencia con los hechos sobre los que se basa, sino también su coherencia o consistencia con relación a otras fechas de radiocarbón así como con relación a otras técnicas cronológicas. El laboratorio de Yale reconoce, este principio negándose a fechar muestras únicas o series de muestras que no hayan sido fechadas previamente al menos por un método cronológico diferente, sea relativo o absoluto. Una fecha de radiocarbón por sí sola es de poco valor a causa de las muchas posibilidades de error existentes. No obstante, cuando una fecha forma parte de una serie y todas las fechas de la serie son consistentes entre sí y en relación con los resultados de otros métodos cronológicos, podemos tener relativa confianza en ella. Tal es el caso, en nuestra opinión, con respecto de las 25 fechas que presentamos en las Tablas 2 y 3.
Fig. 3. Fechas de radiocarbón y períodos relativos en la |
En vista de la coherencia que muestran, puede no estar fuera de lugar usar estas fechas para estudiar alguno de los puntos débiles que se han achacado de manera general al método del radiocarbono. Se ha dicho, por ejemplo, que muestras contemporáneas obtenidas en lugares húmedos, dan fechas diferentes que las de lugares secos (por ejemplo, Zeuner, 1956:196-7). En nuestro caso podemos decir que poseemos once fechas que provienen de uno de los lugares más húmedos del mundo (Trinidad y el Bajo Orinoco,donde la humedad llega al 95% durante la estación lluviosa y donde varios depósitos arqueológicos penetran además en la zona inundada) y tres de uno de los más secos (la isla de Cubagua, donde prácticamente no llueve), proviniendo el resto de las muestras de zonas con diversos grados de humedad. Puesto que todas estas fechas son perfectamente consistentes —desde luego, a menos de que una o más de nuestras hipótesis no resulte justificada— resultaría que las diferencias en la humedad no han afectado al resultado de los análisis.
También se ha dicho que la naturaleza de la muestra puede producir diferencias en los resultados de los análisis de radiocarbón. Nos hemos preguntado, precisamente, si los resultados que hemos obtenido pudieran variar debido al hecho de que algunas muestras, por ejemplo las del material primeramente recogido en Saladero, que consisten en trozos relativamente puros de carbón procedentes de troncos, fueran diferentes de otras, como las que colectamos posteriormente en el mismo Saladero y las que obtuvimos en la estación próxima de Los Barrancos, compuesta por trozos diminutos y esparcidos de carbón y de polvo que conseguimos en dificultosa búsqueda en el terreno, utilizando un cortaplumas. Los resultados de los análisis parecen indicar que tales diferencias no los afectaron. Las muestras Y-294 y Y-316, por ejemplo, procedentes ambas de Saladero y clasificadas en la misma época relativa, ofrecen fechas casi iguales aunque la primera procede del corazón de un tronco y la segunda de partículas de carbón y de tierra que se colectaron en un área de varios metros de diámetro.
No quiere indicar lo antedicho que consideremos que el método del radiocarbón resulta igualmente adecuado con toda clase de muestras ya que es perfectamente conocido, por ejemplo, que el carbón es mejor muestra que otros productos orgánicos como la concha y el hueso. Por esta razón sólo hemos sometido al análisis muestras de carbón, a pesar de poseer muestras de concha y de hueso que también podrían ser estudiadas.
Tampoco deseamos que se piense que sostenemos que, en circunstancias especiales, las muestras no pueden contaminarse. El laboratorio de Yale ha demostrado ya que bajo ciertas condiciones puede producirse contaminación (Deevey, Gross, Hutchinson y Kraybill, 1954) y otras posibilidades están estudiándose (Johnson, Arnold y Flint, 1957:240). Lo que afirmamos es que no sabemos que ninguna de las clases de contaminación conocidas se da en nuestras muestras.
Se ha propuesto que los arqueólogos publiquen descripciones detalladas de sus muestras para que puedan ser examinadas más fácilmente en el caso de que se descubran nuevas clases de contaminación en las investigaciones que se están desarrollando actualmente. Consideramos que la descripción de nuestras muestras publicada en Science (ver las notas a las Tablas 2 y 3) sirve dicho propósito por lo que nos referimos a la misma para no aumentar indebidamente el tamaño, ya considerable de la presente monografía.
Puede advertirse una discrepancia entre el artículo sobre las fechas de radiocarbón (Rouse, Cruxent y Goggin, 1958) y el libro actual, la que es debida a la corrección que hemos hecho aquí, por la cual las muestras de Ortoire, que primeramente consideramos como del Período I, han resultado ser contemporáneas de las de Saladero, situadas en el Período II. Podíamos haber revisado nuestra cronología relativa de dos maneras, para ponerla de acuerdo con este hecho: pudimos haber movido el estilo Saladero hacia atrás, hasta llevarlo al Período I, o por el contrario, situar al complejo Ortoire en el Período II. En el artículo referido nos decidimos por la primera de estas alternativas porque nos interesaba primordialmente la correlación con la fecha glotocronológica de Taylor, que así quedaba situada al comienzo del Período II. No obstante, al preparar el volumen actual decidimos adoptar la segunda alternativa porque se encuentra más de acuerdo con el principio afirmado al tratar de la cronología relativa: esta decisión hace que el límite arbitrario entre los Períodos I y II coincida de manera más precisa con una "ruptura" natural de las secuencias locales, como indica la Figura 3.
La alternativa elegida posee dos desventajas. No sólo sitúa a la fecha glotocronológica hacia mediados del Período II —en lugar de en su principio— sino que también nos obliga a revisar la cronología relativa de las Antillas, moviendo los primeros estilos cerámicos de la región (Cedros, Cuevas, etc.) desde el comienzo del Período II hacia su centro (Fig. 4), lo cual permite el necesario espacio de tiempo para que se produjese la migración desde el Orinoco hasta la costa de Paria y de aquí hacia las Antillas, cuya duración habíamos estimado previamente de manera errónea. También podíamos haber obtenido el mismo efecto aumentando el número de períodos prehispánicos de cuatro a cinco, pero hemos preferido no llevar a cabo un cambio tan radical como este en las cronologías relativas.
| Fig.4. Cronología relativa de las Antillas | |||||||||||
| Períodos Venez. |
Antillas Mayores | Antillas Menores | Trinidad |
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| Cuba (oeste) |
Cuba (centro) |
Cuba (este) |
Haití | República Dominicana |
Puerto Rico (oeste) |
Puerto Rico (E) Is. Vírgenes |
Islas Saba y San Eustaquio |
Martinica | |||
| V | ? | San José | |||||||||
| Bani | |||||||||||
| ? | Boca Chica |
Capa | Esperanza | ||||||||
| Pueblo Viejo |
Carrier | ||||||||||
| IV | Bontour | ||||||||||
| El Bajo | Paquemar | ||||||||||
| III | Bani | Meillac | Santa Elena |
Erin | |||||||
| Cayo Redondo y Guayabo Blanco |
Macady | Anadel | Ostiones | Roca dorada | La Salle | Palo Seco | |||||
| II | Couri y Cabaret | Railroad Cave | Cuevas | Cedros | |||||||
| Krum Bay | Ortoide | ||||||||||
| Coroso | |||||||||||
| I | |||||||||||
| Marca la primera aparición conocida de cerámica y agricultura en cada región. | |||||||||||
| Serie Saladoide | Serie Barrancoide | Serie Chicoide | |||||||||