Arqueología Cronológica de Venezuela
Introducción
Series, Horizontes y Tradiciones Las Islas La Costa Las Montañas Los Llanos Río Orinoco |
| Introducción |
| Cronología Relativa |
Hemos establecido una secuencia arbitraria de cinco períodos para lo cual seguimos el procedimiento descrito a continuación:
1. Hemos determinado la secuencia de estilos y de complejos en cada área por medio de estratigrafía, seriación o combinación de ambos procedimientos. Siempre que ha sido posible hemos utilizado un método histórico directo, tomando como punto de partida los estilos históricos que aparecen en asociación con objetos de comercio europeos o en estaciones acerca de la cuales se posee documentación histórica. En algunas de las áreas propuestas pudimos hacer uso de secuencias geológicas relacionando, por ejemplo, los yacimientos con cambios en el nivel del mar a lo largo de la costa y con el sistema de terrazas que rodea al lago de Valencia en esta región de montañas. No creemos necesario dar mayores detalles acerca de arqueológicos comunes (ver, p. ej., Rouse, 1955:716-18).
2. Para lograr la sincronización de estilos y complejos entre las diferentes áreas, los hemos comparado en términos de todas las posibilidades de prueba cronológica. Para hacer esto, diseñamos una carta cronológica para cada uno de los sectores previamente indicados: las Islas, la Costa, las Montañas, los Llanos y el río Orinoco (Figs. 7, 26, 100, 149, 170). La carta de cada sector está formada por una serie de columnas verticales, una para cada una de las áreas en las que se divide el sector. En cada columna situamos los nombres de los estilos y complejos encontrados en el área, de acuerdo con la secuencia establecida de conformidad con los métodos indicados en el número 1. Luego movimos los nombres hacia arriba y abajo en cada columna, hasta que tuvimos cada uno de ellos en su posición cronológica adecuada con relación a todos los demás. Para hacer esto utilizamos los siguientes procedimientos:
a) Correlación histórica. Cuando se sabía que un complejo o estilo dado era histórico (ver el número 1) lo situábamos en la parte alta de la columna local o de área. Algunas áreas incluyen más de un estilo histórico, pero en tal cosa las pruebas documentales suelen indicar su orden o su contemporaneidad. En este respecto tuvimos la fortuna de poder utilizar los resultados obtenidos en las amplias excavaciones realizadas por Cruxent en Nueva Cádiz, el primer establecimiento español en América del Sur, así como sus colecciones provenientes de varias estaciones de misiones indias de la Venezuela occidental. Todo este material ha proporcionado estilos correspondientes a varias áreas vecinas.
b) Orden de aparición de las secuencias locales. Los complejos o estilos aparecidos en el mismo orden relativo a partir de las unidades históricas, se han estimado como aproximadamente contemporáneos. Desde luego sólo podemos obtener tal consecuencia en las columnas locales en las que estamos razonablemente seguros de poseer la secuencia completa, y, de todos modos, estos resultados son únicamente aproximados ya que no podemos afirmar que dos estilos comparables se extiendan durante un tiempo igual.
c) Profundidad relativa del depósito. Para hacer más precisos los resultados obtenidos de acuerdo con el procedimiento b), hemos comparado la profundidad media de los depósitos de cada complejo o estilo en cada yacimiento. Si esta profundidad resultaba consistentemente mayor en el caso de un estilo que en el de otro, dábamos al primero un espacio mayor en su columna que al segundo en la suya. Tenemos conciencia, desde luego, del riesgo que supone este método, no sólo por las variaciones posibles en el ritmo del proceso de depositar las basuras en unas y otras áreas, sino también porque los moradores pueden haber cambiado los lugares de su basurero dentro del mismo yacimiento, lo cual invalida las comparaciones efectuadas con el criterio único de la profundidad del depósito. No obstante, hemos utilizado este procedimiento, con las debidas precauciones, en los casos en que existe un número relativamente grande de estaciones de cada estilo o complejo, con lo cual hemos podido calcular profundidades medias de depósito.
d) Correlaciones geológicas. En los casos en que un complejo o un estilo en un área se encuentra asociado con el mismo fenómeno geológico que muestran los yacimientos de otra área, por ejemplo, con igual nivel del mar, suponemos que existió contemporaneidad. AI hacer esto hemos tenido cuidado de evitar un razonamiento circular, esto es, hemos huido de basar nuestras conclusiones en una sincronía geológica basada a su vez en datos arqueológicos o en pruebas dignas de poca fe por cualquier otro motivo.
e) Objetos de comercio. Cuando hemos encontrado objetos de un complejo o estilo en áreas diferentes, hemos supuesto la existencia de procesos de intercambio comercial y, por ende, contemporaneidad. Hemos tenido en cuenta que existen dos dificultades para la aplicación de este método: 1) en el caso de algunos artefactos no podemos estar seguros de si se trata en realidad de objetos de comercio o de ejemplares locales aberrantes, y 2) ha existido cierta posibilidad de reunión accidental de materiales en el laboratorio, ya que bastantes de las colecciones estudiadas no tienen los números de catalogación marcados en todos los ejemplares. Por fortuna, esto no sucede en la colección de El Palito, que es la que contiene el mayor número de los posibles objetos de comercio.
f) Comparaciones estilísticas. Al aparecer el mismo estilo en dos zonas adyacentes hemos supuesto que pertenecía al mismo tiempo y lo hemos situado en la misma posición relativa en ambas columnas. Desde luego es perfectamente posible que el estilo haya aparecido algo después en un área que en la otra, pero, si el estilo es idéntico, la diferencia debe ser muy pequeña ya que la estrecha semejanza indica que la difusión se produjo en un tiempo demasiado corto como para dar lugar a cambios. Si los estilos de áreas adyacentes son similares, pero no idénticos, también inferimos que existió contemporaneidad, pero consideramos menos digno de confianza este juicio que en los casos de identidad. En dichos casos de similaridad estimamos que los dos estilos son contemporáneos sólo cuando no existen pruebas contradictorias de cualquier otra clase.
Al comparar los estilos de áreas lejanas desde un punto de vista geográfico, aceptamos con mayores reservas aún el principio de que la semejanza de estilos es indicativa de contemporaneidad, aplicándolo solamente en caso de que la similaridad sea relativamente estrecha y existan otras pruebas cronológicas dignas de mayor confianza.
Hemos tratado este método con cierta extensión porque tenemos la idea de que algunos arqueólogos afirman de manera terminante que la semejanza de estilos supone necesariamente contemporaneidad y deseamos dejar sentado claramente que no aceptamos tal proposición. Cruxent se mostró opuesto a ella desde el comienzo de nuestro estudio y Rouse fue abandonándola a medida que se desarrollaban los trabajos. Vimos, por ejemplo, que el estilo Betijoque se extendía hasta tiempos históricos, ya que se le encontraba en asociación con objetos europeos de comercio y en yacimientos de los que se poseía documentación histórica, en tanto que el estilo Tocuyano, que posee cierto número de caracteres semejantes, debía ser situado hacia el comienzo de la era cristiana de acuerdo con pruebas diversas que detallamos más adelante.
Otros lugares del mundo nos ofrecen asimismo ejemplos análogos entre los que podemos citar el de la alfarería negro-sobre-blanco de Jemez, en Nuevo México, que persistió en el lugar hasta mediados del siglo XIII, unos 1.200 años después de su aparición originaria y cuando ya hacía 500 años que había desaparecido de otros lugares suroccidentales (Reiter, 1938: 178).
Hemos estimado también preciso rechazar la proposición inversa a la que acabamos de discutir, esto es, que las diferencias en estilo, ya sea en áreas adyacentes o aun dentro de la misma área, es siempre indicativa de diferencias en tiempo. Observamos, por ejemplo, que las tribus Yaruro, Guajibo y Piapoco que viven actualmente unas al lado de las otras en la orilla occidental del Alto Orinoco, poseen estilos diferentes de alfarería pintada y simultáneamente, que las tribus Piaroa y Panare, que habitan la orilla oriental del río precisamente en frente de los antes nombrados, sólo tienen tosca alfarería sin pintura ni adornos. No vemos razón por la cual no puedan haber existido, de manera análoga, estilos muy diferentes y al mismo tiempo muy cerca en el espacio en épocas pasadas. La coexistencia de los estilos Ocumare y El Palito en el área de Puerto Cabello durante el Período III sería, entre otras, muestra de lo indicado.
Los arqueólogos se han dado cuenta desde hace tiempo del peligro de utilizar un procedimiento puramente estilístico o tipológico al establecer secuencias locales (ver número 1), debiendo combinarse el análisis estilístico con pruebas de otra clase tales como las que ofrece la seriación (p. ej., DeLaet, 1957:59-60). Estimamos que tal actitud cautelosa debe aplicarse también al estudiar el proceso de sincronización de las secuencias locales (ver número 2), ya que aquí existe una nueva posibilidad de error debida a las variaciones entre las áreas. Creemos que, especialmente los arqueólogos norteamericanos, han tendido a un uso excesivo del principio según el cual la similaridad de estilo o de tipo indica contemporaneidad, confiando demasiado en él, aunque los ingleses han hecho algunas críticas a tal procedimiento (ver Childe, 1956:69-87).
g) Comparaciones culturales. Llamamos comparaciones culturales a las efectuadas entre yacimientos y entre tipos de artefactos no cerámicos. Consideramos que esta clase de comparación es menos digna de confianza como base para establecer sincronía entre estilos y complejos, que la estilística, ya que los artefactos referidos son de estructura más simple y por ello existe mayor posibilidad de invención independiente o de desarrollo de tipos semejantes de artefactos y de yacimientos en función de análogas necesidades. No obstante, nos vemos obligados a hacer uso de comparaciones culturales, sobre todo para establecer la sincronía de los complejos no cerámicos. Como ejemplo de las posibilidades de error inherentes a este procedimiento podemos citar nuestra propia experiencia. Inicialmente situamos todos nuestros complejos no cerámicos en la parte inferior de sus respectivas columnas suponiendo que todos ellos eran precerámicos, anteriores a los estilos de alfarería. Pero al ir desarrollándose nuestra investigación obtuvimos otras pruebas que nos indujeron a mover algunos de los complejos hacia arriba,haciéndolos contemporáneos con los estilos primitivos. Aunque esto nos sorprendió al principio, pronto comprendimos que era de esperar que sucediese así y lo que nos sorprende ahora es no haber podido encontrar complejos no cerámicos coetáneos con los estilos posteriores que suponemos deben estar en alguna parte ya que incluso hoy en día hay en Venezuela tribus que carecen de alfarería.
Aún después de usar toda esta serie de métodos, nos hallamos ante varios estilos o complejos que no sabemos donde situar y un número mucho mayor cuya situación es dudosa. Al principio omitimos los primeros en nuestras tablas e indicamos nuestra duda acerca de los segundos colocándolos entre líneas de puntos, pero luego vimos que esto no resultaba práctico. En la versión final de nuestras tablas, que es la presentada aquí, indicamos la incertidumbre cronológica acerca de complejos y estilos por medio de puntos de interrogación y no hacemos distinciones en cuanto al grado de confianza que nos merece el resto. El lector podría juzgar por sí mismo en cuanto a este extremo, como consecuencia del análisis que hacemos de la cronología al terminar la descripción de cada estilo y complejo.
3. El último paso de nuestro procedimiento consistió en establecer una escala de tiempo relativa. Para hacer esto, dividimos arbitrariamente nuestras cinco tablas cronológicas en un número constante de columnas horizontales, a las que llamamos períodos. Estos períodos nos proporcionan una escala por medio de la cual podemos medir la distribución temporal de los complejos y estilos, de manera análoga a la escala espacial que forman las áreas, por medio de la cual medimos la distribución geográfica de los complejos y estilos (Rouse, 1955:716-18). Los períodos son necesarios también para hacer comparaciones entre las diferentes tablas, permitiéndonos, por ejemplo, decir que el estilo A de una tabla se da en el mismo período que el estilo B de otra.
Puesto que los períodos son enteramente arbitrarios, podíamos haberlos establecido en un número cualquiera con tal de designarlos de manera clara. Hemos optado por la práctica común en la zona de las Grandes Antillas de numerar los períodos del I al IV, con la adición de un Período V que da cuenta del período histórico relativamente largo de Venezuela, que no se halla en la mayor parte de las Antillas (rf. Rouse, 1951a, Fif. 2).
Una de las razones que nos ha movido a adoptar la secuencia antillana para definir los períodos, es la de nuestro interés en efectuar comparaciones con las Antillas, lo que se facilita si poseemos el mismo grupo de períodos en todos los casos. También presuponemos que, puesto que la mayor parte de la cultura antillana, si no toda, se deriva de Venezuela, las dos zonas deberán poseer las mismas "lagunas" en su distribución cronológica. Hemos intentado, en consecuencia, hacer los límites arbitrarios de los períodos estrechamente correspondientes con tales lagunas, de igual modo que hemos intentado escribir las áreas en correspondencia con el agrupamiento geográfico de las estaciones, y, mediante ellas, de los correspondientes complejos y estilos.
La historia del desarrollo de las ideas acerca de la cronología relativa, aunque brevemente expuesta, puede ayudar a la comprensión del sistema. Kidder (1948:432-3) ha sido el primer arqueólogo que ha establecido una cronología relativa para Venezuela en su artículo del Handbook of South American lndians, aunque sólo desarrolló dos de los tres procedimientos generales que hemos descrito anteriormente, no definiendo los períodos (lo que constituye nuestro procedimiento número 3).
Ulteriormente (aunque fue publicado en fecha anterior), Howard (1947: 35-41) aplicó a Venezuela una secuencia de tres períodos que había empleado para las tierras bajas de Suramérica. Les dio los nombres de Cerámico Primitivo, Medio y Posterior, y corresponden a nuestros períodos II, III y IV. Howard usó esta secuencia solamente para fechar seis de los estilos cerámicos conocidos en aquel entonces en Venezuela, no intentando una descripción completa del país como hizo Kidder.
La historia de nuestro propio esfuerzo se remonta a junio de 1946, cuando Rouse, en su primera visita a Venezuela, fue invitado por Requena, Dupouy y Cruxent a dar una conferencia ante el grupo local de la Sociedad Interamericana de Antropología y Geografía en el Museo de Ciencias Naturales de Caracas, versando aquella sobre la cronología relativa de las Antillas Mayores (Rouse, 1947a).
En octubre de 1949, durante un viaje a Estados Unidos, Cruxent indicó a Rouse su interés en intentar el establecimiento de una cronología análoga para Venezuela y, de conformidad con tales deseos, redactamos entre ambos una tabla única —que era todo lo que se necesitaba en aquel momento— e hicimos definiciones de cada complejo y de cada estilo de los que se situaron en la tabla. No teníamos en aquella época intención de publicar tal material que fue elaborado simplemente como punto de referencia y como base para ulteriores investigaciones.
Cuando volvió Cruxent a los Estados Unidos, en mayo de 1955, sometimos a revisión tanto la tabla como las definiciones y fue entonces cuando comenzó a tomar forma la publicación de la monografía actual. A medida que fuimos trabajando en ella, la fuimos revisando entre 1955 y 1957. Parte de las versiones primitivas de las tablas ha sido ya publicada tanto por Cruxent (1957:16) como por Rouse (1951c, Fig. 2; 1953a, Fig. 2; 1956:6), pero deseamos hacer notar que la presente versión sustituye a todas las publicadas previamente. Las tablas han sido sometidas a un proceso de revisión tan completo durante el curso de esta obra que solamente la versión presente puede considerarse adecuada al propósito del trabajo.