Anacaona (Poema épico)

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plusSignificado de las palabras indígenas utilizadas

Areito Canto
Arijuna Extranjero
Batei Juego de pelota
Bohechio Cacique de Jaragua
Bohio Casa grande
Buitío Sacerdote
Cacicazgo Provincia o estado
Cacique Soberano
Caonabo Gobernador de Maguana
Caney Caserío
Caribe Guerrero de otras antillas
Ceiba Árbol corpulento
Coiba Tabaco
Diumba Danza
Eracra Habitación
Garavuay Río Isabela
Guacanagaric Gobernador de Marién
Guamiquina Jefe blanco: nombre que los indígenas dieron a Colón
Guarionex Gobernador de Maguá
Guayayuco Río Artibonito
Higuenamota Hija de Anacaona
Iguana Especie de lagarto en la isla
Isabela Primera ciudad fundada por los españoles
Jaragua Estado principal de la isla
Maguá Nombre de otro estado
Maguana Otro estado
Maguey Instrumento musical
Mamey Árbol
Maniocatex Cacique subalterno, hermano de Caonabo.
Marién Nombre de otro estado
Navidad Primera fortaleza que edificaron los españoles.
Nitaino Cacique subalterno
Niti Departamento de la Maguana
Quisqueya Nombre de la isla
Sarovey Algodón
Santo Tomás Fortaleza de los españoles
Turey Cielo
Yaque Nombre de un río
Yaravi Canto fúnebre
Yarey Especie de palma
Zemí Dios tutelar de los indígenas
Volveré pronto a mis bosques,
volveré salvo a tus brazos,
rotos ya los torpes lazos
de dominio tan audaz.
Nuevo areito ya prepara
cariñosa, y cuando vuelva
que a los ecos de la selva
des el himno de la paz.

Como flor que sobre el tallo
se doblega tristemente,
así pálida la frente
la princesa reclinó
en el seno del cacique
palpitante y conmovida,
y —“ el Zemí guarde tu vida!...
ve, Caonabo", — suspiró.

El la estrecha cariñoso
sus temores acallando,
y la aljaba sujetando
al vistoso cinto real;
de su hija en la alba frente
con un beso deposita
la efusión más infinita
del afecto paternal.

Denodado al campo luego
se dirige con premura,
y dei bosque en la espesura
con sus bravos se perdió;
y resuelto y firme el paso
con serena faz gallarda,
ante Ojeda que le aguarda
majestuoso apareció.
XVII

—Ya que pides la paz, y a mis bosques
Guamiquina te envió, mensajero,
que hoy a verlo me lleves espero—
dice altivo con noble ademán.
Numeroso el ejército indiano
desplegarse en contorno ve Ojeda,
y suspenso y atónito queda
porque mira deshecho su plan.

— Si un tratado de paz y de alianza
Guamiquina a sellar os convida,
¿por qué os sigue la hueste reunida
cual si fuérais al campo a reñir?—
Así dice el ibero encubriendo
de su pérfido espíritu el dolo,
—al hogar devolvedlos, y solo
bien podéis cual amigo venir.—

Imponente el cacique se yergue
respondiendo en orgullo encendido:
—Nunca así, como esclavo rendido
Guamiquina a Caonabo verá.
De Maguana el cacique potente,
el señor opulento del oro, (significado del nombre de Caonabo)
de su nombre guardando el decoro
con sus fieles guerreros irá.—

Inclinándose emprende la ruta
lento Ojeda que lívido calla,
y en afán intranquilo batalla
meditando la grey alejar.
Presto un rayo de gozo en su frente
con satánico brillo fulgura,
y del Yaque que blando murmura
en la orilla fingió descansar.
Allí entonces sagaz, lisonjero,
toma un juego de férreos anillos,
que del indio a los ojos sencillos
resplandecen con luces del sol.
Y a Caonabo cual rico presente
que Colón generoso le envía,
como prenda de paz e hidalguía
los ofrece el aleve español.

—¿Pero dónde — el cacique pregunta— ,
Guamiquina se ciñe esté adorno?
— De las manos y pies en contorno
para dar más grandeza al poder.
Y pues vais a sellar decidido
un tratado solemne de alianza,
al usarla, más alta confianza
os pudiera esta insignia valer.

Cede al fin el cacique inexperto
y al perjuro tendiendo las manos,
prisionero en los hierros tiranos
sin que advierta el engaño quedó.
Y la oferta aceptando que astuto
le propone alevoso y artero,
en el brioso alazán del ibero
colocarse un instante dejó.

Asombrada la grey de Maguana
que el misterio fatídico ignora,
mira absorta la insignia traidora
y en el bruto a Caonabo el audaz.
En el bruto de Ojeda que airoso
doble carga consigo llevando,
va con giros inciertos dejando
la corriente del Yaque fugaz.

Luego, dando las crines al viento
el soberbio alazán impelido
se abalanza a galope tendido
conduciendo en su fuga a los dos.
Y obediente la turba villana
ya cumplido su sueño mirando,
los corceles también aguijando
de su jefe corriendo va en pos.

XVIII

Gritos de rabia y espanto
que repercuten los ecos,
voces de angustia profunda,
rudos clamores siniestros,
lanza el indígena airado
que al cacique prisionero
entre la turba traidora
mira perderse a lo lejos.
De pronto una voz altiva
dominando el clamoreo,
se eleva el grito arrojando
de guerra y venganza al viento,
y, ¡guerra! ¡guerra y venganza!
van las selvas repitiendo ...
Es el invicto caudillo
Maniocatex el soberbio,
que ya la tribu conduce
por montes, valles y cerros
a libertar al cacique,
o perecer defendiéndolo.
Mas ¡ay! que es vano su arrojo,
que es inútil su denuedo,
qué en derredor del baluarte
Santo Tomás combatiendo,
la tribu pierde por grados
vigor y vida y esfuerzo;
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