Anacaona (Poema épico)
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Como flor que sobre el tallo
se doblega tristemente,
así pálida la frente
la princesa reclinó
en el seno del cacique
palpitante y conmovida,
y —“ el Zemí guarde tu vida!...
ve, Caonabo", — suspiró.
El la estrecha cariñoso
sus temores acallando,
y la aljaba sujetando
al vistoso cinto real;
de su hija en la alba frente
con un beso deposita
la efusión más infinita
del afecto paternal.
—Ya que pides la paz, y a mis bosques
Guamiquina te envió, mensajero,
que hoy a verlo me lleves espero—
dice altivo con noble ademán.
Numeroso el ejército indiano
desplegarse en contorno ve Ojeda,
y suspenso y atónito queda
porque mira deshecho su plan.
— Si un tratado de paz y de alianza
Guamiquina a sellar os convida,
¿por qué os sigue la hueste reunida
cual si fuérais al campo a reñir?—
Así dice el ibero encubriendo
de su pérfido espíritu el dolo,
—al hogar devolvedlos, y solo
bien podéis cual amigo venir.—
Imponente el cacique se yergue
respondiendo en orgullo encendido:
—Nunca así, como esclavo rendido
Guamiquina a Caonabo verá.
De Maguana el cacique potente,
el señor opulento del oro, (significado del nombre de Caonabo)
de su nombre guardando el decoro
con sus fieles guerreros irá.—
—¿Pero dónde — el cacique pregunta— ,
Guamiquina se ciñe esté adorno?
— De las manos y pies en contorno
para dar más grandeza al poder.
Y pues vais a sellar decidido
un tratado solemne de alianza,
al usarla, más alta confianza
os pudiera esta insignia valer.
Cede al fin el cacique inexperto
y al perjuro tendiendo las manos,
prisionero en los hierros tiranos
sin que advierta el engaño quedó.
Y la oferta aceptando que astuto
le propone alevoso y artero,
en el brioso alazán del ibero
colocarse un instante dejó.
Asombrada la grey de Maguana
que el misterio fatídico ignora,
mira absorta la insignia traidora
y en el bruto a Caonabo el audaz.
En el bruto de Ojeda que airoso
doble carga consigo llevando,
va con giros inciertos dejando
la corriente del Yaque fugaz.
XVIII
Gritos de rabia y espanto