Anacaona.
Salomé Ureña de Henríquez (1880)
Significado de las palabras indígenas utilizadas
| Areito |
Canto |
| Arijuna |
Extranjero |
| Batei |
Juego de pelota |
| Bohechio |
Cacique de Jaragua |
| Bohio |
Casa grande |
| Buitío |
Sacerdote |
| Cacicazgo |
Provincia o estado |
| Cacique |
Soberano |
| Caonabo |
Gobernador de Maguana |
| Caney |
Caserío |
| Caribe |
Guerrero de otras antillas |
| Ceiba |
Árbol corpulento |
| Coiba |
Tabaco |
| Diumba |
Danza |
| Eracra |
Habitación |
| Garavuay |
Río Isabela |
| Guacanagaric |
Gobernador de Marién |
| Guamiquina |
Jefe blanco: nombre que los indígenas dieron a Colón |
| Guarionex |
Gobernador de Maguá |
| Guayayuco |
Río Artibonito |
| Higuenamota |
Hija de Anacaona |
| Iguana |
Especie de lagarto en la isla |
| Isabela |
Primera ciudad fundada por los españoles |
| Jaragua |
Estado principal de la isla |
| Maguá |
Nombre de otro estado |
| Maguana |
Otro estado |
| Maguey |
Instrumento musical |
| Mamey |
Árbol |
| Maniocatex |
Cacique subalterno, hermano de Caonabo. |
| Marién |
Nombre de otro estado |
| Navidad |
Primera fortaleza que edificaron los españoles. |
| Nitaino |
Cacique subalterno |
| Niti |
Departamento de la Maguana |
| Quisqueya |
Nombre de la isla |
| Sarovey |
Algodón |
| Santo Tomás |
Fortaleza de los españoles |
| Turey |
Cielo |
| Yaque |
Nombre de un río |
| Yaravi |
Canto fúnebre |
| Yarey |
Especie de palma |
| Zemí |
Dios tutelar de los indígenas |
|
Las provincias todas cruza,
llega a todas las cabañas,
y
nitainos y
caciques
que el común peligro amaga,
a su voz el arco templan
y a la lucha se preparan.
Sólo allá el
cacique débil
que en
Marión su tribu incauta
da en obsequio vergonzoso
al tirano de su raza,
a la liga salvadora
negar osa con audacia
la acogida que merece
y el apoyo que reclama.
Y temiendo el fiero enojo
del
cacique de
Maguana,
que en su cólera tremenda
ya le estrecha y amenaza,
vuela al sitio donde tiene
Guamiquina su morada,
y le expone con lamentos
de Caonabo la acechanza:
— Oye, dice, desde el día
que llegastes a mis playas,
te di asilo generoso
y amistad te brindé franca;
desde entonces me persigue
asolando mis comarcas,
y amagando hasta mi vida,
el
cacique de
Maguana.
Mis campiñas en desorden,
y mis chozas incendiadas,
tus soldados valerosos
que morir vi yo en las llamas,
lo terrible van diciendo
de su cólera inhumana.
Hoy con todos los
caciques
una guerra oculta trama,
para dar muerte a los tuyos
y extinguir toda tu raza.
Yo, mi apoyo negué firme,
y Caonabo me amenaza
con la ruina y exterminio
de mi tribu y mis comarcas.
Mi poder y mis guerreros
a poner vengo a tus plantas;
Guamiquina, mis dominios
y mi vida y mi grey salva.
XIV
Allá en la fortaleza
Santo Tomas que.se levanta altiva
de Maguana en ms plácidas regiones,
y Caonabo asedió con sus legiones
de indómita entereza;
de vigilancia activa
y táctica feroz señales dando,
gobierna inquieto con severo mando,
Ojeda, el español, de alma de acero,
fanático profundo,
audaz y afortunado aventurero,
en ardides diabólicos fecundo.
Allá en su fantasía
revuelve planes el astuto ibero
y con creciente pertinaz porfía
decide un medio original, extraño,
con que el cacique intrépito seduzca,
y muerto o prisionero,
víctima triste de fatal engaño,
a impotencia perpetua lo reduzca:
que nunca frente a frente
en lucha franca y en abierta lidia
vencer lograra al adalid valiente;
y sólo preparando
los lazos que le presta la perfidia,
el triunfo puede acariciar soñando.
Con número escogido
de los guerreros que a su mando tiene,
sin que la voz en su interior resuene
de la conciencia airada,
Ojeda se adelanta decidido
del cacique indomable a la morada;
que siempre imperturbable
llevando el arco en la guerrera diestra,
en medio de su tribu formidable
pronto a la lid intrépido se muestra.
Mensajero de paz, así se nombra
Ojeda del cacique en la presencia,
y Caonabo, si bien con ceño adusto,
le escucha con cortés benevolencia.
El infame español su encono injusto
recata con traidora alevosía,
y le habla de amistad, de mutua alianza,
y ensalza de sus reyes la hidalguía,
y le insta a deponer toda venganza.
Meditabundo y silencioso mira
Caonabo al jefe de la turba extraña,
y lo deja un instante y se retira,
y lento se dirige a su cabaña.
XV
Un areito dulce y blando
modulando
con ternura maternal,
se encuentra la soberana
de Maguana,
la esposa tierna y leal.
Y una hamaca suave, leve,
lenta mueve
con dulcísimo rumor,
donde duerme sosegada
la adorada
hija bella de su amor.
Melancólico es su acento
que del viento
perdido en las alas va,
como una queja del alma
que sin calma
llorando penas está.
Suspende a veces el canto,
entre tanto
que atiende con ansias mil
si algún desacorde ruido
a su oído
la brisa lleva sutil.
De la selva los murmullos,
los arrullos
de las aves del palmar,
el susurro de las hojas,
las congojas
acrecientan del pesar