Anacaona (Poema épico)

Textos y Documentos
Portada Pueblos Originarios Secciones Pueblos Originarios Facebook Pueblos Originarios Twitter Pueblos Originarios

plusSignificado de las palabras indígenas utilizadas

Areito Canto
Arijuna Extranjero
Batei Juego de pelota
Bohechio Cacique de Jaragua
Bohio Casa grande
Buitío Sacerdote
Cacicazgo Provincia o estado
Cacique Soberano
Caonabo Gobernador de Maguana
Caney Caserío
Caribe Guerrero de otras antillas
Ceiba Árbol corpulento
Coiba Tabaco
Diumba Danza
Eracra Habitación
Garavuay Río Isabela
Guacanagaric Gobernador de Marién
Guamiquina Jefe blanco: nombre que los indígenas dieron a Colón
Guarionex Gobernador de Maguá
Guayayuco Río Artibonito
Higuenamota Hija de Anacaona
Iguana Especie de lagarto en la isla
Isabela Primera ciudad fundada por los españoles
Jaragua Estado principal de la isla
Maguá Nombre de otro estado
Maguana Otro estado
Maguey Instrumento musical
Mamey Árbol
Maniocatex Cacique subalterno, hermano de Caonabo.
Marién Nombre de otro estado
Navidad Primera fortaleza que edificaron los españoles.
Nitaino Cacique subalterno
Niti Departamento de la Maguana
Quisqueya Nombre de la isla
Sarovey Algodón
Santo Tomás Fortaleza de los españoles
Turey Cielo
Yaque Nombre de un río
Yaravi Canto fúnebre
Yarey Especie de palma
Zemí Dios tutelar de los indígenas
VIII

Ya por las selvas y las montañas
retumba el eco del caracol
que a los combates y a la victoria
llama a los indios con ronca voz.
De guerra el himno cruza en el viento,
enciende el pecho bélico ardor,
agudas flechas llenan la aljaba,
templado el arco relumbra al sol.

Y de la cumbre bajan al valle,
como pujante recio huracán,
falanges indias que a la contienda
Caonabo el fiero conduce audaz.
Ya descendiendo la noche viene,
y entre sus sombras envueltos van
a las regiones que fertilizan
las ricas ondas del Garavuay.

Que allí dormita soñando aleve
traiciones viles, crímenes mil,
el arijuna que al indio altivo
con yugo artero quiere oprimir.
Reina el silencio cabe las chozas
del nuirienense pueblo infeliz,
cuando en la calma clamor siniestro
súbito llena todo el confín.
Como en la selva sembrando estrago
ruge del trópico el vendaval,
así Caonabo, pujante y fiero,
sobre el contrario se arroja ya.
Gritos de muerte cruzan los aires,
cercan los indios la Navidad,
ardientes llamas al cielo suben,
todo es horrores, ruina mortal.

Entre el incendio desatentado
corre el intruso dominador,
pero le cercan flechas agudas
que van certeras al corazón.
Yace expirando la extraña turba,
reina el espanto desolador
donde contento soñaba iluso
triunfos y amores el español.

La tribu incauta y alucinada
que en sus confines guarda Marién,
con su cacique vuela al socorro
del torpe aliado de alma sin fe.
Pero sus huestes Caonabo cierra,
fiero arremete contra la grey,
que en pronta fuga, de espanto llena,
despavorida corre en tropel.

Solo el cacique frente a Caonabo
viene arrostrando su ira fatal,
y el de Maguana jefe valiente
por tierra herido le hace rodar.
Mientras ardiendo crujen las chozas
de las orillas del Garavuay,
y entre siniestro fulgor de llamas
envuelta queda la Navidad.

IX

Ufano de su victoria
de Maguana el héroe va,
y el indio cruza las selvas
cantando su libertad.
Del undoso Guayayuco
traspasa el límite ya,
y sus dominios saluda
en donde todo al pasar,
los valles y las montañas,
el bosque, el ave, el raudal,
parece que enajenados
mil parabienes le dan.
Cruzando montes y montes
llega por fin al hogar
donde el amor y la gloria
le esperan con ansiedad.
Los ancianos de la tribu
del héroe al encuentro van,
y le tributan honores,
y al suelo inclinan la faz,
y le conducen en coro
con regia pompa triunfal.
Luego radiante de gozo,
de belleza y majestad,
Anacaona la reina,
la digna esposa leal,
viene entre vírgenes bellas
que en ágil diumba fugaz,
del maguey sonoro al eco
y a los sones del timbal,
a recibir al cacique
salen con plácido afán,
moviendo palmas y plumas,
perfumándole al pasar,

y cantando con voz dulce,
en armonioso compás,
el areito en que su reina,
noble cantora sin par,
de Caonabo el alto triunfo
de la fama al viento da.
Todo es júbilo y contento,
todo regocijo y paz:
el indio a sus danzas vuelve
libre de angustia y pesar,
y eterna su dicha juzga,
y eterna su libertad;
y Anacaona en los brazos
de Caonabo en tierno afán,
soñando amores suspira,
soñando felicidad.

X

Cual ráfaga ligera se deshace
presto del triunfo la ilusión querida,
y azares rudos y peligros nuevos
la libertad amagan del indígena.
Que si en las llamas que a Marién cubrieron
el invasor audaz quedó sin vida,
allá en los campos de Maguá feraces
que innúmeras corrientes fertilizan,
el Guabamino en los azules mares
el caudal de sus aguas deposita,
y entrelazan sus ramos vigorosos
árboles mil de producciones ricas,
nuevas hordas famélicas levantan,
armadas de ambición y de codicia,
sólidos muros que la indiana raza
en vano derribar intentaría.

Anterior Siguiente