Anacaona (Poema épico)
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¡Pobre reina sin ventura
¡Qué amargura!
¡Qué continuo sinsabor!
Ya no ensaya la cantora,
triste ahora,
sino areitos de dolor.
A los ecos del combate
fiero late
de Caonabo el corazón,
y tomando el arco fuerte
guerra a muerte
va jurando a la opresión.
Pero, luego a su bohío
más sombrío
pensativo ha de volver,
pues sus selvas y montañas
las extrañas
gentes pueblan por doquier.
Y a la reina Anacaona
no abandona
presentimiento fatal,
que tiene su pecho amante
en constante
zozobra fiera y mortal.
‘‘Duerme, inocente tórtola
del nido de mi amor,
que con areito lánguido
te arrullo amante yo.
Duerme a los ecos suaves
de fuentes y de aves,
¡oh! de mi selva indígena
la más hermosa flor.
Duerme, que si fatídica
la nube apareció,
y amenazante escúchase
del huracán la voz;
te vela mi ternura,
que de tu frente pura
sabrá apartar la cólera
del rayo abrasador.”
XVI
Mas, Caonabo de improviso
con su tribu de leales,
aparece en los umbrales
de su eracra de yarey.
Preocupado el aire trae,
y a la bella soberana
el cacique de Maguana
así dice ante su grey:
De mis bravos puesto al frente
me presento al enemigo,
y cubiertos al abrigo
de la selva secular,
hablaré con Guamiquina,
le diré que aquí en mi suelo
soy cacique, y sólo anhela
mis vasallos gobernar.
Le diré que si aquí vino
por fatal suerte contraria,
y esta tierra hospitalaria
grato asilo le ofreció;
y si el indio generoso
sus tesoros y sus grutas,
y sus aves y sus frutas
complaciente le brindó;
hace mal cuando permite
que al indígena maltrate
y sus bienes le arrebate
la vil turba en el hogar;
y haré luego que me jure,
bajo el cedro de la sierra,
del indígena la tierra
y la vida respetar.
i Ay de la hija que en mi- seno
de tu amor ufana un día
fiel llevé con alegría
contemplando el porvenir!
quedará huérfana, triste,
sin defensa, sin apoyo,
porque tú, como el arroyo,
corres, corres a morir ...
— ¡Oh! no temas, de mi tribu
los valientes indomables
me acompañan, formidables,
de esos bosques al través.
Y ¡ay del pérfido arijuna
si al cacique de Maguana
blanco acaso de ira insana
pretendiere hacer después!
Guamiquina mi ira teme,
ya conoce a mis guerreros,
y de paz los mensajeros
en mi busca aquí mandó.
¡Oh! no temas que Caonabo
bus derechos sacrifique;
no me humillo, soy cacique:
cual cacique hablaré yo.