Los últimos charrúas

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La exhibición 

El Sr. de Curel ofreció la entrada gratuita a los académicos, todos los días desde el mediodía hasta las 16 hs., con la sola presentación de la medalla de la Academia. Propuso para la primera visita el jueves siguiente, 6 de junio, a las 11 hs. de la mañana. En realidad, la visita no tuvo lugar hasta la mañana del sábado 8. Le Temps del sábado 8 de junio, no. 1329, daba cuenta del hecho en estos términos:

"Estos hombres, de una raza extraña a nuestra región y a nuestras costumbres, tienen la piel de un tono cobre rojizo, la cabeza casi redonda y los cabellos de un negro muy oscuro. El Cacique Perú, de 50 años de edad, tiene en el cuerpo la cicatriz de un golpe de sable, que recibió combatiendo. A pesar de su aire grave y su cara ruda, lo hemos visto sonreír ante el aspecto de alguna de las jóvenes damas que formaban parte de la reunión".

"Tacuabé, el más joven de los tres hombres, tiene un aspecto muy agradable. En su país era conocido por su talento para domar caballos salvajes y toros. Dio, delante de la sociedad parisina, un ejemplo de su fuerza y de su destreza para tirar la boleadora y el lazo, de los que ellos se sirven para agarrar a sus enemigos".

"La joven mujer se llama Guyunusa, y aunque no es bonita, no tiene sin embargo el tinte tan cobrizo que poseen los otros; se hizo compañera de Tacuabé quien, al igual que ella, no tiene más de veinte años, luego de haber pertenecido al Cacique Perú. Eso está permitido por sus costumbres: se toman, y cuando ya no se convienen, se dejan; no hay otra formalidad para el casamiento".

"El cuarto Charrúa se llama Senaqué. Constante y fiel compañero del cacique en la guerra contra el Brasil, se lo mencionaba por su bravura. Fue herido en el pecho por un corte de lanza, del que se ve la marca".

"Los salvajes están casi desnudos. Se encuentran agrupados alrededor de un fogón en el que asan la carne fresca que se les sirve de alimento. Parecían estar algo recelosos por la presencia de quince a veinte extranjeros. Sin embargo, ellos se fueron familiarizando rápidamente, y como hablan bastante bien el español y el portugués, pudieron responder a las preguntas que les hicieron algunos visitantes ".

En la sesión del 10 de junio, la Academia de Ciencias recibió una nueva carta del Sr. de Curel, pidiendo: "que sean nombrados delegados, a quienes la Academia pueda encargar el hacer observaciones sobre los salvajes Charrúas". Al mismo tiempo, se recibió del Sr. Virey, que había ido a visitar a los indígenas el 7 de junio (artículo de Le Temps citado más arriba), una carta donde consignaba sus primeras observaciones y declaraba que el nombramiento de delegados le parecía inútil. Sin tomar en cuenta su deseo, la Academia designó a los Sres. Geoffroy St-Hilaire, Serres, Larrey y Flourens, pidiendo que se agregara el Sr. Edwards, de la Academia de Ciencias Morales y Políticas que nombrara por su parte una comisión para el mismo propósito. Ésta, designó en su sesión del 15 de junio, a los Sres. Mignet, Broussais y Villermé(28), y el mismo día dio aviso a la Academia de Ciencias, que tomó conocimiento de esta elección en su sesión del 17.

Por otra parte, la gran prensa y la prensa científica también se pusieron en movimiento. Ya mencioné el artículo de Le Temps del 8 de junio. La noticia del arribo de los Charrúas, con un resumen de las observaciones de J. J. Virey, aparecieron en la Revue Encyclopédique y en el Memorial encyclopédique et progressif des connaissan-ces humaines. Posteriormente, Virey publicó en L'Euro-pe littéraire un estudio más extendido, reproducido textualmente en Le Temps del viernes 28 de junio, no. 1349. En fin, bajo la firma de L.P., Le National publicó, los días 4 y 12 de julio, dos artículos escritos por un observador que declaraba no sin ironía:

"Esta colonia, formada por tres hombres y una mujer.. ha tenido el honor de recibir la visita, hace algunos días, de una doble delegación de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia de Ciencias, presidida por el Sr. Geoffroy St-Hilaire y que, sin duda, realizará un informe sobre estos salvajes; pero, en virtud de que estos señores han establecido una metodología, el público estará satisfecho de encontrar aquí algunos hechos..."

De hecho, no parece que la doble comisión académica haya realizado una investigación seria. No se puede más que sonreír leyendo en Le National del domingo 14 de julio (4o año, no. 195), el relato de una de esas visitas a los "salvajes":

"Los señores delegados nombrados por la Academia de Ciencias y la de Ciencias Morales, decidieron juzgar el efecto que la música producía sobre los indios Charrúas, en su visita a los salvajes del miércoles pasado. El Sr. Ber-ton llevó con él a varios profesores de las orquestas de la Academia de Música y del Conservatorio, entre los cuales debemos citar a los Sres. Tulou y Meifred".

"Se ejecutaron para ese fin, fuera de la presencia de los salvajes, un quinteto para trompas y trompetas que los sorprendió, ya que no entendían la armonía, pero que parecía causarles una impresión muy viva, al menos al Cacique Perú y al joven Tacuabé; Guyunusa y el viejo guerrero Senaqué mostraron en sus fisonomías algunas marcas de sensibilidad, particularmente este último, por lo general muy impasible".

"Enseguida los ejecutantes se acercaron y tocaron, en presencia de los indígenas, fragmentos de un estilo más alegre y de un movimiento más vivo que el de comienzo; entonces, los auditores parecieron mucho más animados, siendo especialmente sensibles a algunos solos de flauta y de trompeta que les hicieron oír el Sr. Tulou y uno de los profesores que lo acompañaban ".

"La distinguida sociedad, compuesta por los miembros del Instituto, otros sabios y damas, que asistió a esta prueba siguió las diversas circunstancias con vivo interés. Lamentamos fundamentalmente que el Sr. Chérubini y su familia hubieran llegado un poco tarde como para poder disfrutar del espectáculo, por otra parte tan curioso que no era de naturaleza tal como para ser repetido"

Nos sumamos a la pena del redactor de Le Temps. Mientras que los miembros del Instituto estaban interesados de un modo muy particular en las reacciones estéticas de los Charrúas, el Sr. Chérubini podría, quizás, haber pensado en recoger algunos datos etnográficos, antropológicos o lingüísticos.

De todos los miembros de la doble comisión nombrada por el Instituto, sólo Larrey publicó algunas observaciones anatómicas recogidas en el transcurso de su vista.

Es realmente triste y desconcertante que la ciencia oficial no haya aprovechado mejor la oportunidad que se le ofreció de recolectar datos sobre los últimos sobrevivientes de una tribu tan interesante.

Es probable que el suceso provocado por el Sr. de Curel con esta lastimosa exhibición no respondiera a sus expectativas.


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Fuente:

Los últimos Charrúas. Prólogo y traducción: Mónica Sanz. Edciones de la Plaza. 2.002