Los últimos charrúas
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| El segundo contingente |
Más trágica aún es la historia de una segunda tentativa para conducir a Francia algunos sobrevivientes de los Charrúas.
El bárnum que intentó la aventura, esta vez sólo por espíritu de lucro, se llamaba Señor de Curel. Antiguo Capitán del Estado Mayor, destacado en el Ministerio de Guerra, y director del Colegio Oriental en Montevideo, de Curel, después de haber estado seis años en América, "en las en otro tiempo provincias del Paraguay y del Plata", obtuvo del gobierno uruguayo la autorización para conducir a Francia cuatro Charrúas prisioneros en Montevideo. Se embarcó con ellos en el bergantín "Phaetón", de 185 toneladas, matriculado en el distrito de St. Malo, fo. 44, no. 132, el 25 de febrero de 1833. El barco, perteneciente a los señores Gau-tier e hijos, armadores, estaba dirigido por el Comandante Jacques Peyraud. Llevaba un cargamento de cueros y astas, y contaba con una tripulación de 14 hombres y trece pasajeros, entre los que se incluían el Señor de Curel, su hijo y los cuatro indígenas. Estos últimos estaban inscritos en el mismo y único ítem del rol de la tripulación, bajo los nombres de Perú, Senaqué, Laureano y Micaela Jougousa (sic); en vista de sus nombres, el rol señalaba: "con un pasaporte de la policía para los cuatro ", y abajo: "los cuatro pasajeros incluidos bajo este punto han sido enviados con el consentimiento de la autoridad civil, para su destino último". Firmado: Bar adere, Cónsul de Francia.
Se puede suponer fácilmente lo que pudo ser para los cuatro desterrados la travesía en un barco de esta índole y en mal estado, y cuya salida de Montevideo fue demorada por el Cónsul para realizar una inspección de seguridad material. El viaje duró dos meses y medio, y el 7 de mayo de 1833 el "Phaeton" llegó a St. Malo.
Los nombres anotados en el rol son, en parte, inexactos. Los verdaderos nombres de los tres indios eran: Vaimaca-Perú, Tacuabé y Senaqué; la mujer se llamaba Guyunusa. El Sr. de Curel los condujo directamente a París, y editó enseguida un folleto para anunciar su llegada y presentarlos al público. Este folleto estaba adornado con un grabado en color representando a los cuatro cautivos. Al mismo tiempo, invitó a los miembros de la Academia de Ciencias a visitar a los indígenas, en una carta que fue leída en la sesión del 3 de junio de 1833. Los indígenas eran presentados en los siguientes términos:
"Estos indígenas formaban parte de una quincena de prisioneros conducidos a Montevideo en junio de 1832. El Presidente de la República Oriental del Uruguay me permitió traer cuatro de ellos a Europa, elegidos por ser los que presentaban mayor interés según los informes fisiológicos".
"El primero es un cacique temible; el segundo, uno de los por ellos denominado médico, que tiene la pretendida ciencia de la magia médica, añadiendo realmente el conocimiento de 'simples' adecuados para curar las heridas. El tercero es un joven y bravio guerrero, reconocido por su destreza para domar caballos salvajes; el cuarto, una mujer, es la compañera del joven guerrero".
"Estos cuatro individuos ofrecen modelos vivientes de la constitución física y características morales tan bien descritas por el estudioso autor de U histoire naturelle du genere humain. Estos son los verdaderos tipos de la Troi-siéme race d' hommes, llamada race cuivreuse. Su frente corta y baja, sus ojos vivos y hundidos, sus narinas abiertas, sus cabellos negros, toscos y rectos, su piel de tinte cobre rojizo con escaso vello que arrancan, su estatura baja, sus músculos fuertemente pronunciados, todo en ellos reproduce el marco de las variedades de la especie humana trazado en las obras de viajeros y naturalistas".
"Los cuatro Charrúas de los que se trata tienen sus vestimentas habituales, sus armas y los pocos utensilios que utilizan en sus habitaciones nómadas. Un toldo (choza de juncos) fabricado por ellos será erigido dentro del predio en el que residen para servirles de alojamiento".
"Los Charrúas comprenden bastante bien el español. Un joven que estuvo viviendo entre los indios servirá de intérprete para las personas que, no sabiendo ese idioma, quieran igualmente interrogar por sí mismos a los cuatro individuos ofrecidos a su curiosidad".
Fuente:
Los últimos Charrúas. Prólogo y traducción: Mónica Sanz. Edciones de la Plaza. 2.002