Ritual de la Cohoba
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Video realizado por David Cavada. |
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Cosmología y Religión
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Pictografías en la Cueva de Borbón, República Dominicana. La escena muestra un grupo de hombres realizando el ritual. |
Consistía en la inhalación, precedida de un vómito purificador, de sustancias alucinógenas, que provocaban un estado de éxtasis que permitía la comunicación con las deidades o cemíes.
La describió Bartolomé de las Casas en Apologética Historia Sumaria (1559):
"El primero que la comenzaba era el señor, y en tanto que el la hacía todos callaban; tomaba su cohoba (que es sorber por las narices aquellos polvos, como está dicho), y tomábase asentados en unos banquetes bajos, pero muy bien labrados, que llamaban duhos..., estaba un rato la cabeza a un lado vuelta y los brazos encima de las rodillas, y después alzaba la cara hacia el cielo hablando sus ciertas palabras, que debían ser su oración a Dios verdadero o al que tenían por Dios; respondían todos entonces cuasi como cuando nosotros respondemos amen, y esto hacían con grande apellido de voces y sonidos, captándole la benevolencia y rogándole que dijese lo que había visto. El les daba cuenta de su visión, diciendo que el Cemí le había hablado y certificado de buenos tiempos o adversos, o que habían de haber hijos, o que se les habían de morir, o que habían de tener alguna contención o guerra con sus vecinos."
La sustancia ceremonial alucinógena se obtenía pulverizando las semillas del cohoba (Anadenanthera peregrinay), junto a conchas de caracoles quemados.
De las Casas cuenta: "... tenían hechos ciertos polvos de ciertas yerbas muy secas y bien molidas, de color de canela o de alheña molida; en fin, eran de color leonada." |
Previo a la ceremonia, que generalmente se realizaba en la casa del cacique, debían purificarse mediante el vómito inducido con una espátula. El instrumento estaba realizado en madera o costillas de manatí, decorados con figuras.
Los participantes adornaban y pintaban su cuerpo. |
Sobre la cabeza del cemí -que servía como bandeja- se colocaba "... un plato redondo, no llano, sino un poco algo combado o hondo, hecho de madera, tan hermoso, liso y lindo que no fuera muy más hermoso de oro o de plata; era casi negro y lucio como de azabache" (Bartolomé de las Casas) con los polvos alucinógenos. |
Al entrar al recinto, eran recibidos por el cacique, quien tocaba el mayohabao -tambor de madera o bambú-. Se sentaban alrededor del cemí en cuclillas, con las manos sobre las rodillas. |
Los polvos eran inhalados con unos canutos en forma de Y, que Bartolomé de las Casas compara con una flauta hueca:
"... de los dos tercios de la cual en adelante se abría por dos cañutos huecos, de la misma manera que abrimos los dos dedos del medio, sacando el pulgar, cuando extendemos la mano. Aquellos dos cañutos, puestos en ambas a dos ventanas de las narices, y el principio de la flauta, digamos, en los polvos que estaban en el plato, sorbían con el huelgo hacia adentro y sorbiendo rescebían por las narices la cantidad de los polvos que tomar determinaban; los cuales rescebidos, salían luego de seso o cuasi como si bebieran vino fuerte, de donde quedaban borrachos o cuasi borrachos ..." |
Después de entrar en éxtasis, el cacique, sentado en su duho, o banco ceremonial, podía entonces realizar sus consultas al cemí.
Los duhos que eran unos banquetes bajos y muy bien labrados, considerados una de las expresiones más bellas del arte taíno, confeccionados en caoba o guayacán y casi siempre labrados con representaciones zoomorfas. |
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Fuentes: