Feliciano Purrán
Siglo XIX |
Muy joven se casó con una de las hijas de cacique arribano Quilapán, prestigioso lonco mapuche que había sido lugarteniente de Calfucurá en las pampas argentinas. El matrimonio garantizó la alianza arribano-pehuenche, a la vez que le dio notoriedad a ambos lados de la cordillera.
Reconocido entre los suyos por sus cualidades y destrezas, gran jinete y habilidoso en el manejo de la lanza y el cuchillo. El teniente Guillermo Pechman, que participó de su captura, lo describió: “Altura 1,70 más o menos, muy grueso, casi lampiño, poco bigote sobre el borde del labio, cara redonda, ojos negros y de mirar simpático, tenía el pelo recortado sobre los hombros como cualquier gaucho, vestía camisa blanca, saco y chiripá de paño negro, calzoncillo cribao y botas de caña, no muy largas, sombrero de paja.”
Entre 1822 y 1832, el espacio dominado por Purrán - entre el río Agrio y el Barrancas hasta Añelo - había sido centro de las operaciones de grupos de guerrilla pincheirina. Estas fuerzas habían emigrado de Chile durante las guerras de independencia y se asentaron entre los pehuenches con los que se aliaron a favor de la causa del rey.
Una vez inaugurada la etapa independentista, todos aquellos tratados firmados con las autoridades borbónicas fueron permanentemente invocados por los indígenas para no perder los derechos adquiridos. Los separatistas no reconocieron estos beneficios predisponiendo a los caciques en contra del nuevo orden. Así los pehuenches se incorporaron activamente a la guerrilla alegando el puntual rechazo a la política de los revolucionarios, ya que no estaban dispuestos a resignar los beneficios del status adquirido con anterioridad y tampoco a arriesgar el control de los circuitos comerciales. Ahora los enemigos ya no eran los españoles sino los patriotas "sublevados", por lo tanto realistas y pehuenches hicieron un frente contra el enemigo en común.
La coalición realista-pehuenche se mantuvo hasta que el general Bulnes tomó prisionero al caudillo Pincheira en 1832. La guerrilla fue desbaratada pero la actitud de resistencia de los pehuenches quedó fortalecida, así como los tradicionales vínculos con la población y autoridades chilenas.
En 1833, habría desertado de las tropas del comandante de frontera José Félix Aldao en momentos en que este militar había quedado a cargo de una de las divisiones de la expedición dirigida por Rosas, cuyo objetivo era barrer las tribus del sur de Mendoza y San Luis.
En 1846 Purrán junto a otros caciques amigos aparece a como responsable de la muerte de Guzmané, el cacique Gobernador de los pehuenches mendocinos, quien estaba a cargo de frenar el tránsito ilegal de ganado hacia Chile a través de los pasos cordilleranos. Guzmané, como aliado del gobierno de Cuyo, estaba cumpliendo con las directivas del entonces gobernador José Félix Aldao y hacía tiempo que venía frenando los intentos maloqueros de Purrán, de sus aliados y parientes chilenos.
Después de este acontecimiento, Purrán huyó con un buen número de cautivos y de ganado asentándose definitivamente en el noroeste neuquino donde estaba como cacique principal su amigo Caepe. Desde entonces Purrán, Caepe y Ayllal fueron caciques considerados "alzados" por su permanente resistencia a pactar con el gobierno mendocino. La actitud evasiva y rebelde de los pehuenche frente a las pretensiones del blanco no era nada nueva, sino que era la modalidad tradicionalmente adoptada por sus caciques.
Purrán fue construyendo un sólido poder, sin haberlo heredado. Lo forjó con el control que ejercía sobre determinados circuitos ganaderos y a los regalos, raciones y sueldos que recibía cada vez que pactaba con los gobiernos de Chile, Mendoza y Buenos Aires. Además contaba con el apoyo de varios caciques que respondían a sus demandas y que confiaban en su capacidad de decisión y de negociación. También eran conocidos los estrechos lazos que mantenía con influyentes hacendados del otro lado de la cordillera que eran el estímulo permanente para la circulación de animales por sus tierras. Paulatinamente fue logrando el efectivo control sobre una vasta geografía, una importante capacidad de movilización, excelentes beneficios económicos y una red de contactos que le permitieron consolidar su prestigio. Purrán se convirtió así en un importante centro de poder indígena fuera del control de las autoridades.
En la segunda mitad del siglo XIX, tres cacicatos se consolidaron en la actual provincia de Neuquén: Feliciano Purrán al norte, Reuquecurá al centro y Valentín Sayhueque al sur.
El cacique manzanero Sayhueque adquirió la imagen del cacíque "argentino", mientras que Purrán y Reuquecurá la de "chilenófilos". Los chilenos se nutrían de los circuitos comerciales y de las tierras que los caciques dominaban, los gobiernos argentinos los tuvieron siempre en la mira y se esforzaban por empoderar a Sayhueque.
Purrán hasta último momento en su enfrentamiento con los blancos se encargó de sostener y reivindicar la tradición de resistencia característica de los pehunches. Sus innegables vinculaciones con hacendados y representantes del estado chileno, lo colocaron, a los ojos del gobierno argentino en el bando del "enemigo". Para Purrán la situación era distinta. Chile y Argentina eran realidades distintas ante las cuales debía actuar, fuera enfrentándolas o pactando con ellas según considerara conveniente. Eran las tierras de los pehuenches y la sobrevivencia de su gente lo que estaba en juego.
Purrán controlaba todo el norte neuquino entre el río Barrancas y el Covunco, prolongándose hacia Lonquimay por el oeste. Tenía sus dominios bien administrados y controlados bajo la autoridad de caciques secundarios y capitanejos ubicados en puntos estratégicos y abundantes recursos naturales.
El movimiento continuo de ganados y jinetes fue surcando los caminos que se convirtieron en las grandes arterias de circulación a través del territorio pehuenche. Estos cruces de caminos constituían una compleja red cuyo conocimiento era esencial para moverse en territorio neuquino.
Estas rastrilladas comunicaban a los pehuenches con sus aliados ranqueles. Así, por ejemplo, no era casualidad que Leuvucó, centro político del cacicato ranquel y asiento de la toldería de Panguitruz Guor (Mariano Rosas), estuviera ubicado en una zona de cruce de caminos. Desde allí grandes rastrilladas partían hacia distintos rumbos, como hacia las tolderías de Baigorrita, situadas a la orilla de los montes de Quenque, para las tolderías de Calfucurá en Salinas Grandes, para la cordillera y para las tribus araucanas. Así, el norte neuquino se articulaba con el espacio pampeano y las rastrilladas garantizaban una eficaz comunicación. Señalaban el rumbo de los arreos y fueron en tiempos de la campaña militar la vía de escape y de fácil acceso a los refugios de la zona cordillerana.
En 1872 el cacique Purrán, firmó un tratado de amistad con Don Basilio Urrutia, jefe de operaciones de la Araucanía, comprometiéndose a auxiliar al gobierno de Chile en caso de cualquier ataque de las tribus moluches y a proteger a las personas y haciendas de los chilenos que arrendaban sus tierras a los caciques pehuenches. A cambio, recibiría ciento veinte pesos anuales y la posibilidad del nombramiento de un comisionado, que velaría por sus intereses comerciales en la plaza de Antuco.
Al año siguiente firmó un nuevo tratado, esta vez con las autoridades del fuerte de San Rafael en Mendoza. Por el mismo, el gobierno nacional procuró neutralizar el tratado con Chile para que los caciques del norte neuquino reconocieran la soberanía argentina en esos territorios, comprometiéndose a su vez, respetar el sur de río Neuquén como residencia de las tribus; costear la educación primaria para los hijos de caciques y capitanejos; permitir el libre comercio entre las tribus y las poblaciones argentinas; pagar un sueldo de 200 pesos al cacique Purrán; entregar cada seis meses, azúcar, yerba, tabaco, papel y jabón, a lo que se agregaba para los mocetones aguardiente y vino, más trescientas yeguas anuales. En calidad de regalo, se entregaba a los caciques principales, un vestuario completo y cada dos años una montura de buena calidad.
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La aceptación de los tratados de paz con ambos países, muestra una gran habilidad diplomática del gran jefe pehuenche, logrando con estos acuerdos, un intercambio de bienes y condiciones. Estas relaciones eran muy frágiles en un sentido, pero muy necesarias por otro, implicando un juego ambiguo de las partes.
Estas alianzas fueron concebidas por el gobierno argentino con el objetivo de aplacar la actividad malonera por parte de Purrán, quien según se creía que "en los últimos años no salía a dar malón". Sin embargo, la demanda creciente de ganados ejercida por ricos hacendados y comerciantes chilenos seguía siendo el principal estímulo para los saqueos sobre las haciendas argentinas. Así, algunos caciques integrantes de la liga del gran cacique pehuenche, continuaban dando malón. Por ejemplo, Udalman, cacique pehuenche de Chile, posiblemente traído por estancieros chilenos para cuidar sus veranadas en tierras neuquinas, en 1873 invadió la frontera mendocina, repitiendo su accionar al año siguiente.
Julio A. Roca declaró en una carta al diario "La República", antes de la campaña militar: "... casi todos los caciques de las tribus pehuenches acuden al llamado de las autoridades chilenas, y el principal de ellos, era Feliciano Purrán ...que se titula Gobernador y General, y además es muy rico, recibe sueldo del gobierno chileno para hacer respetar los intereses y la vida de sus ciudadanos."
En abril de 1879 el norte neuquino ya intuye que la expedición militar es inminente, han detectado la presencia de baqueanos y están al tanto de los movimientos del ejército en el sur de Mendoza.
Purrán ante el inevitable avance de las tropas decidió comunicar y alertar de la situación imperante, a los caciques del resto del territorio neuquino, envió mensajeros a Sayhueque, Reuque-Curá, Ñancucheo y demás caciques del sur, como así también a los de Lonquimay, Antuco y demás tribus del otro lado de la cordillera.
De todos modos, Purrán ya había ganado tiempo suficiente como para poner en resguardo a sus familias y ganados rumbo a Chile. Sus caciques y conas así como grupos de población que venían huyendo del avance de las tropas sobre las pampas se agruparon en torno a su figura, acantonándose en los valles cordilleranos desde donde realizaron varios asaltos al fuerte Cuarta División que se había levantado en dominios indígenas. En 1880 los pehuenches emboscaron a los soldados del fuerte quienes mal montados y en pleno desorden no pudieron sobrevivir al ataque.
Purrán ya nada tenía por ganar pero siguió evitando la rendición. Apostando a que las tropas se retirarían, se mantuvo hasta último momento una postura aguerrida, amenazando con atacar en Chos Malal y Varvarco, puntos principales de la ocupación militar.
Acorralado por la situación, se dirigió a Chile para pedir ayuda a sus aliados de la zona del río Lonquimay. Hubo otras propuestas de paz a las que nuevamente dilató hasta que decidió, por primera vez, presentarse personalmente a pactar pero, en engañosas circunstancias, fue tomado prisionero por el ejército argentino que lo alejó de sus dominios para evitar represalias.
Se lo trasladó a Campana Mahuida y terminó en la isla de Martín García como prisionero de guerra, donde permaneció ocho años. Más tarde, alguien gestionó su libertad a cambio de que el cacique le indicara el lugar donde, supuestamente, estaban unas minas de plata. Con esta condición Purrán fue remitido a Neuquén. Nunca definió cuál era el sitio exacto de la ubicación de las minas. Pero Purrán, una vez más, estaba dilatando la apremiante situación, hasta que encontró el momento apropiado y huyó a Chile donde murió a edad avanzada.
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Plano del Territorio de la Pampa y Río Negro y de las once provincias chilenas que lo avecindan por el oeste. Comprende el trazo de la batida y exploración general hecha últimamente en el Desierto hasta la ocupación definitiva y establecimiento de la Línea Militar del Río Negro y Neuquén por el Ejército Nacional a órdenes del Señor GENERAL D. JULIO A. ROCA. Construido en vista de Planos, Croquis parciales, Itinerarios de los Jefes de las Divisiones y Cuerpos expedicionarios y de los Ingenieros Militares que los acompañaron y según estimaciones y estudios propios por el Teniente Coronel MANUEL J. OLASCOAGA, Jefe de la Oficina Topográfica Militar. Manuel José Olascoaga (1835 - 1911)
El presidente Roca lo nombró presidente de la Comisión Científica de Exploración y de la Oficina Topográfica Militar, antecedente del actual Instituto Geográfico Militar. Realizó importantes relevamientos geográficos en el norte de la Patagonia, y a fines de 1880 publicó un Estudio topográfico de La Pampa y Río Negro. En 1885 fue nombrado gobernador del Territorio Nacional de Neuquén que acababa de ser creado, fue el responsable del final de la conquista de esos territorios de manos de los indios. Fundó la ciudad de Chos Malal, que fue la primera capital del Territorio. |
Fuente: La tradición pehuenche de dominar para resistir. Segunda mitad del siglo XIX. Carla G. Manara