Kwányip
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En esos tiempos los guanacos eran salvajes y huidizos, vivían en las cimas de las montañas. Kwányip era egoísta. A todas partes llevaba a sus animales; a diferencia de los demás, no tenía que esforzarse para obtener comida, siempre tenía a mano una pieza de su rebaño. Él y su familia eran los únicos en comer carne de guanaco; los demás sentían envidia de la situación.
Una de sus hazañas fue la distribución equitativa del día y la noche, la creación de lo íntimo. En esos tiempos, cuando en el cielo sobresalía el viejo hombre-sol, el día duraba mucho más que la noche, oscurecía por breve tiempo y la gente no tenía intimidad. Kwányip logró que la oscuridad durara cada vez más hasta igualar a la claridad.
No estaba solo. Desde un territorio a otro caminaba Cénuke, compañero y continuador de Kenos. Tenenesk cuenta que la gente relataba con sumo placer sus rencillas: "Cénuke siempre fue adversario de Kwányip. Aquél era envidioso y trataba de causar daño a éste. Cénuke provenía del sur. Kwányip era oriundo del norte ". Fundamento mítico del antagonismo norte-sur en el mundo de los hombres, el abismo en la choza ceremonial del Hain.
Cénuke evocaba ingratos y desagradables recuerdos entre los selknam, pero además de atemorizar y tiranizar a la gente, se dedicaba a lavar a los ancianos para prolongar la existencia, según lo ordenado por Kenos.
Los antepasados se presentaban a Cénuke diciéndole: "¡lávame!". Y el lo hacía con cada uno de ellos. Después de esto, cada uno se sentía nuevamente juvenil y con alegría de vivir.
Un día Aukmenk, hermano mayor de Kwányip no quiso vivir más. Contento esa decisión, el egoísta Kwányip utilizó todo su poder de chamán; trabajó muy duro y logró que nunca más se levantara. Desde aquel momento ya nadie puede despertarse quedando muerto para siempre.
Cuando Cénuke se enteró, furioso, triste y desesparado, reprochó la actitud de Kwányip, y comprendió que ya nadie se levantaría del sueño senil con sus "lavados". ¡Nadie puede ya resucitar!. Abandonó pronto la Tierra y se elevó a la cúpula celestial, transformándose en Proción, en el Can Mayor.
Es el instante en el que se instaura la muerte verdadera, la muerte que nosotros conocemos. Más tarde Kwányip y su familia, pintándose el cuerpo con tintura ocre, se transforma igualmente en estrella y asciende al firmamento. Es Betelgeuse, una estrella roja, que junto a las que originó su parentela forman la constelación de Orión.