La creación de Awonawilona
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En el comienzo de la creación absoluta, Awonawilona suscitó un engendramiento en sí mismo y proyectó sus pensamientos en el espacio de tal modo que nubes y vapores de crecimiento experimentaron el desarrollo y la expansión.
Así, por medio de su saber innato El-que-contiene-todo se creó a sí mismo en la persona y la forma del Sol que tenemos por nuestro padre y que de ese modo llegó a existir y a aparecer. Con su aparición, vino la luz que iluminó los espacios y con la iluminación de los espacios las grandes brumas se unieron, se espesaron y cayeron, de tal modo que el agua se formó por el agua; sí, el mar que sostiene el mundo.
Habiendo sacado de la superficie de su persona su parte de sustancia carnal, el Sol padre formó la materia seminal de dos mundos; con ella fecundó las aguas inmensas, y he aquí que del calor de su luz esas aguas marinas se volvieron verdes y aparecieron espumas sobre ellas, creciendo y ganando peso hasta que se convirtieron en Awitelin-Tsita, "'la Madre-tierra-cuatro-veces-recipiendaria" y Apoyan-Tä’chu, "el Padre-cielo-que-cubre-todo".
De la copulación fecundadora de Awitelin-Tsita y de Apoyan-Tä’chu, extendidos sobre las aguas inmensas, fue concebida la vida terrestre; así nacieron todos los seres de la tierra, los hombres y las criaturas, en la cuádruple matriz del mundo.