Ahuitzotl
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Atraía a sus víctimas simulando el llanto de un niño junto a la orilla de los ríos, luego los atrapaba con su tercera mano.
Los restos aparecían a los tres días, con los ojos, dientes y uñas arrancadas, siendo estos sus manjares favoritos.
Estaba al servicio del dios de la lluvia Tláloc, los cadáveres eran sagrados y sus almas alcanzaban el paraíso.
Los mechones de su pelo mojado se apelmazaban de manera que parecían espinas, de ahí su nombre, en náhuatl a(tl) significa "agua" y huiz(tli) "espina", que fue tomado por el belicoso y feroz octavo emperador azteca.